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Vargas y Jessica Quijada en Teatrex

Vargas

Vargas y Jéssica Quijada (Ciclo y Aparte #5)

Teatrex, Caracas

(Julio 14, 2016)

La quinta fecha de Ciclo y Aparte, la iniciativa auspiciada por Arepa Music que tiene como objetivo mostrar la escena alternativa de Caracas y el resto del país, continuó con representantes del oriente y occidente, de ambos sexos.

La jornada la comenzó Jéssica Quijada, cantautora de El Tigre que reside en Puerto La Cruz quien desde el año pasado ha estado intentando abandonar el underground con su EP debut Ocultándome del día, del que se han extraído dos singles que han rotado en algunas radios, así como videos que circulan por Internet.

Quijada logró la colaboración en su EP de varios de los músicos más renombrados de Puerto La Cruz, entre ellos el bajista y cantante Reynaldo Goitía (Tomates Fritos), el guitarrista José Ángel Regnault (Unos Infames), el cantante y pianista Alfred Gómez Jr. y el productor y baterista Max Martínez. Una carta de presentación llamativa.

Para este show ninguno de ellos estuvo presente, pero sí el baterista de Tomates, Tony “Cash” Maestracci y el guitarrista Kike Franco, que participó con guitarra acústica en el estreno de una canción. Ella repitió varias veces que es la consentida de los Tomates.

Qué duda cabe, Quijada fue entusiasta sobre la tarima, aunque con cierto nerviosismo que no pudo ocultar, y no logró conectar como ella esperaba con la exigua asistencia. Quizá se deba a que su sonido (y también su estética) está en una especie de tierra de nadie. Quiere y busca ser descarnadamente rockero pero resulta muy aséptico y seguro, es decir, le falta ponzoña y diferenciación.

La canción compuesta junto a Boston Rex, “Eso que haces”, es la más atractiva. “Amar dos veces”, “Canción de los dos” y “Niña vieja”, si bien tienen algunos riffs bien ejecutados, no alcanzaron a enganchar. Quizá le falte sincerarse.

Por el contrario, el pianista y cantante falconiano Vargas, ahora radicado en Caracas, ofreció un soberbio concierto acompañado por los Disaster Boys, Isai Ablan (guitarra), Eduardo Pérez (bajo) y Juan Méndez (batería), con quienes ha logrado alcanzar un adecuado equilibrio en su propuesta.

Con estos tres excelentes músicos sus composiciones suenan sólidas y él no tiene necesidad de cargar con todo el peso instrumental, así como tampoco gritar, dos extremos a los que se había enfrentado en tiempos pasados con bandas distintas. Vargas, además, luce ahora más aplomado, seguro de sus canciones y de su capacidad vocal, instrumental e histriónica.

El paseo por sus dos discos, con peso principalmente en Ciudad mareada (2015), fue brillante. Blues, funk, jazz, pop, rock, ecos de Fito Páez (ya no tan marcados como en sus comienzos), Charly García, Ben Folds, Joe Jackson …Comenzó con “Ciclo” y “Aterrizaje”, que sentaron la tónica del show con Vargas al frente, con su teclado y un taburete con el setlist escrito a mano y dos vasos con cuba libre, flanqueado por guitarrista y bajista.

“Los excesos no van mal”, “Pasa sobre mi” y “Hoy”, sonaron enérgicas y emotivas. Vargas ha ganado mucha confianza, su sólida y potente voz se lo permite, pero también contar con músicos que lo entienden. Sorprendió invitando a la joven guitarrista Andrea Ferrero de la agrupación adolescente Luar, quien mostró grandes habilidades para su edad en “Notas en mi habitación”.

Luego apareció Raúl Díaz, el joven cantante de Luar (su nombre al revés) para con su aguda y afinada voz interpretar “La respuesta” junto a Vargas.

Luego de la tremenda pieza “Mala señal” vino uno de los momentos álgidos de la noche con la interpretación de “Honesto”, que contó con la estupenda participación de Luis Irán. “Ciudad mareada” prosiguió, con el público en total sintonía, para que enseguida apareciera Psycho (Cuarto Poder), el siguiente y último invitado, para incluir su rappeo en “La Estación”.

El final a todo vapor fue con “El ruido que camina”, una de las piezas más poderosas de su repertorio, ideal para cerrar.

Sabíamos desde que lo vimos por primera vez solo con su teclado al hombro de un lado a otro, que Vargas tenía un potencial inmenso. Su primer disco lo grabó en su cuarto en Coro, por eso el nombre. Unos años después ya no es una promesa sino un presente cargado de futuro.

Juan Carlos Ballesta

 

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