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Switched-On Bach: el revolucionario y paradigmático debut de Wendy Carlos

Walter Carlos Switched On Back 2nd cover
Portada de la segunda y definitiva edición

En octubre de 1968 vio la luz uno de los discos más osados y renovadores de nuestro tiempo, uniendo lo académico con lo electrónico de manera sorprendente

Walter (Wendy) Carlos
Switched-On Bach

Columbia. 1968. EE.UU.

Pocos discos en la historia de la música han sido tan osados, relevantes, revolucionarios y controversiales como el debut del músico estadounidense entonces llamado Walter Carlos (En 1979 hizo público que desde 1968 había estado viviendo como una mujer y en 1972 se sometió a cirugías para cambio de sexo).

Carlos estudió y se graduó en Física y Música en Brown University, en su nativa Rhode Island, antes de mudarse a Nueva York en 1962 para estudiar Composición en Columbia University, donde estudió y trabajó con varios técnicos y músicos electrónicos en el Electronic Music Center de Princeton.

Luego de obtener un Master Degree en Columbia, asistió a Leonard Bernstein en la presentación de una velada de música electrónica en el Lincoln Center, tras lo cual -por sugerencia de uno de sus profesores, Vladimir Ussachevski, comenzó a trabajar como ingeniero de grabación y mastering en Gotham Recording Studios en Nueva York, hasta la publicación de Switched-On Bach.

El camino hasta Switched-On Bach

La importancia de Switched-On Bach va más allá del mero componente musical -que por supuesto envolvió una involuntaria afrenta a los puristas de la música académica- y se extiende al ámbito tecnológico al popularizar el sintetizador Moog, una de las más novedosas herramientas musicales del momento y una de las que mejor definió el devenir de la música de los años 70 y en específico de la naciente música electrónica moderna.

Carlos había conocido al ingeniero Robert Moog en un evento de la Sociedad de Ingenieros de Audio en 1964, iniciándose una interesantísima asociación en la que Carlos contribuyó con consejos, peticiones y asistencia técnica en el desarrollo del famoso Sintetizador Moog.

Carlos convenció a Moog de agregar un teclado sensitivo al toque para mejorar la dinámica de la interpretación, entre otras cosas que se fueron sumando a los sucesivos modelos. Moog reconoció siempre los aportes de Carlos y le dio su respectivo crédito.

En 1966, Carlos ya era propietario de un pequeño Moog, el cual utilizó para grabar efectos de sonido y jingles para comerciales de televisión, que le proporcionaron algún dinero.

Un momento clave en la historia ocurrió cuando Carlos conoció a Rachel Elkind, una ex cantante que trabajaba en los estudios Gotham también, y tenia un pasado en el jazz y los musicales de teatro. Se hicieron amigos. Elkind había trabajado como secretaria de Goddard Lieberson, el para entonces presidente de Columbia Records.

Ambos comenzaron a compartir hogar, estudio e ideas de negocios.

El estudio casero incluía un grabador de ocho canales que el propio Carlos había construido usando partes de grabadores Ampex y EMI, el cual incluía un sistema llamado Sel-Sync patentado por Ampex que permitía que señales ya grabadas fueran monitoreadas por el cabezal de grabación en lugar de el de reproducción, con lo cual era posible mantener múltiples pistas en perfecta sincronía.

Según las palabras de Carlos, tardó cinco meses y mil horas en producir Switched-On Bach, principalmente por lo poco confiable de los sintetizadores, que frecuentemente se desafinaban, lo que obligaba a tener que revisar cada grabación. Además, el hecho de ser monofónicos significaba que solo una nota a la vez podía sonar.

Por ello, el trabajo de Carlos fue realmente encomiable. Parte del material escogido para el álbum había sido ya arreglado y tocado en años previos por Carlos, y en varios casos contó con la colaboración de su amigo Benjamin Folkman, quien junto a Elkind, fue pieza fundamental.

Two-Part Invention un F major” fue una de esas primeras piezas, así como “Brandenburg Concerto No. 3 in G major”, para cuyo segundo movimiento Johann Sebastian Bach habia provisto solo dos acordes con la idea que el ejecutante pudiera improvisar sobre ellos. Carlos y Folkman trabajaron con mucho cuidado esta pieza para mostrar las capacidades del Moog.

Los tres movimientos ocupan el tramo final del disco, algo más de catorce minutos, y funcionan como triunfal colofón de un disco histórico.

El lado A lo componen “Sinfonia to Cantanta No. 29”, una cantata sagrada compuesta por Bach en 1731 como parte de un servicio festivo en la iglesia St. Nicholas en Leipzig.

Sigue “Air on a G String”, también conocida como “Celebrated Air”, un arreglo del segundo movimiento de “Orchestal Suite No. 3 in D major, BMW 1068”, compuesta para tres trompetas, timpani, dos oboes, cuerdas y bajo continuo.

Luego Carlos interpreta tres invenciones cortas, “Two Part Invention in F Major”, “Two Part Invention in B-Flat Major” y “Two Part Invention in D Minor”, que forman parte de una colección de 30 cortas piezas para teclado

Enseguida surge “Jesu, Joy of Man’s Desiring”, titulo en inglés de la coral de la cantata Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147, que deriva de las trascripciones de piano que hizo la pianista inglesa Myra Hess en 1926 y 1934

El lado A es cerrado por los siete minutos de “Prelude and Fugue No. 7 in E-Flat Major” (del primer libro de “The Well-Tempered Clavier”), la bien conocida obra de Bach conformada por dos sets de preludios y fugas en las 24 tonalidades mayores y menores

Para establecer un hilo conductor entre ambas caras del disco, el lado B comienza con “Prelude and Fugue No. 2 in C Minor”, también del primer libro de “The Well-Tempered Clavier”.

Antes de abordar los tres primeros movimientos del “Brandenburg Concerto”, suena “Chorale Prelude ‘Wachet Auf’”, la primera de seis corales

Aunque el disco fue publicado en octubre de 1968, en 1969 entró sorpresivamente en la lista Billboard 200 y alcanzó el puesto 10, permaneciendo 59 semanas en la cartelera.

Pero lo más inaudito fue que entre enero de 1969 y enero de 1972 permaneció como #1 de la lista de Billboard Classical Albums. En 1970 obtuvo tres Grammy: Mejor Álbum Clásico, Mejor Performance Clásico para Solista Instrumental y Mejor Ingeniería de Grabación para Clásico.

Para 1974, según Columbia Records, el disco había vendido 960.000 ejemplares solo en Estados Unidos, pero Billboard aseguró unos meses después que ya había superado el millón, con lo cual fue certificado como Gold (Dorado) por la Recording Industry Association of America.

En 1986 alcanzó el certificado Platinum.

Uno de los aspectos más distintivos del disco es, por supuesto, la portada. Switched-On Bach se lanzó con dos versiones diferentes, siendo la más común la portada que presenta a un hombre vestido como Bach de pie frente a un sintetizador Modular Moog (puesto de moda poco después por Keith Emerson).

La primera edición presentó al mismo hombre sentado. Ambas fotos y diseño fueron responsabilidad de Steve Horn y Norm Griner. Carlos y Elkind se opusieron a la portada original y la reemplazaron, descubriendo que era una imagen trivial de un Bach en plan payaso, supuestamente escuchando algún sonido extraño en sus auriculares.

También objetaron el hecho de que el sintetizador estaba configurado incorrectamente: ya que los auriculares estaban conectados a la entrada, no a la salida, de un módulo de filtro, que a su vez no estaba conectado a nada.

Walter Carlos Switched On Back original cover
Portada original

A lo largo de las décadas la influencia de Switched-On Bach ha sido inconmensurable, no solo por la cantidad de álbumes que recrean su sonido e incluso su nombre, sino por los muchísimos músicos que se inspiraron en esta revolución para incorporar los sintetizadores a su música y para abordar propuestas netamente electrónicas.

Y ni hablar del mundo del cine, que no solo abrió las puertas a Carlos, sino que comenzó a tomar en serio a la música electrónica para la elaboración de bandas sonoras completas, tanto para música incidental como para la partitura principal.

Gracias a Wendy -para entonces Walter– Carlos por su arrojo y meticulosidad, Benjamin Folkman y sus teclados suplementarios, Racher Elkind por la producción y entusiasmo, Robert Moog por la tecnología, a Ettore Stratta quien sirvió de puente en Columbia Records, y al ejecutivo Paul Myers por dar la libertad creativa total para que el disco se realizara y publicara y podamos estar escribiendo y disfrutando de este hito discográfico mas de medio siglo después.

Cabe preguntarse ¿Porqué es actualmente imposible conseguir el disco en plataformas digitales y porqué no ha sido reeditado en formatos físicos desde hace más de 20 años? En 2001 el disco fue reeditado por ESD Records (que ya no existe) tras un meticuloso proceso, luego de que Carlos recuperase los masters en poder de Columbia.

Desde entonces, muy poco se ha sabido, y solo se cuenta con la evidencia: no es posible incluir audios en esta reseña porque no existen en ninguna plataforma. La página web de Carlos luce bastante desactualizada.

Switched-On Bach sigue y seguirá siendo un paradigma. Lo necesitamos disponible otra vez para que varias generaciones tengan acceso a su contenido.

Juan Carlos Ballesta