Inicio Ahi estuvimos Zapato3 en Madrid: la nostalgia no es un mal sino el antídoto

Zapato3 en Madrid: la nostalgia no es un mal sino el antídoto

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Zapato3

Zapato 3
Asfalto Tour
Concierto en Sala Copérnico, Madrid

(Noviembre 30, 2019)

Desde hace días atravieso una introspección sobre todo lo que ha significado para mí tener que irme de mi país. Siento que es, al mismo tiempo, un trauma colectivo y uno bastante individual, pues lo atravesamos como masa, como grupo identificado con ciertas características, y también lo sentimos en nuestras pieles cuando debemos conseguir algo dentro de nosotros para seguir y sobrevivir, plantándole cara a la máxima darwiniana de la supervivencia del más apto.

Dentro de esas fuerzas que nos damos a nosotros mismos, claro que nos permitimos extrañar y recordar, pero, a veces, tenemos que hacernos los fuertecitos porque, según el consenso mundial en distintas áreas del conocimiento, y, especialmente, la psicología, la inteligencia ya no es saber mucho de muchas cosas, ni saber mucho de una cosa (aunque esto último sí entra dentro del modelo modular que las academias han establecido para taxonomizar los tipos de inteligencia), sino que, ahora, ser inteligente es saber adaptarse a los cambios.

Si me permiten la metáfora, ser inteligente se ha convertido en saber cortar nosotros el cordón umbilical que nos conecta a algo que parece habernos alimentado en lo que a cultura, valores y hasta forma de expresarnos refiere, como si nacer en algún lado fuera sinónimo de ser ese algo.

Volvernos uno con nuestra nacionalidad. Y ya por ahí ven lo difícil que resulta el dilema, pues es impensable para cualquiera tener que despegarse de lo que, al parecer, lo hace ser uno, pero a veces es necesario para poder convertirse no en una mejor o peor versión de nosotros, sino en una diferente y más acorde a la nueva pecera en la que estamos.

Para algunos, esta adaptación es más fácil que para otros, de la misma forma que a unos se le dan bien los números y a otros se le dan bien las letras, pero en el proceso me he topado que muchas veces nos aferramos a cosas que de alguna forma sensorial nos trasladen de vuelta a casa, porque se siente como un espacio donde nos sentimos seguros, cómodos, y, sobre todo, nos sentimos nosotros, y esto es un oxigenamiento necesario para esta nueva configuración de átomos a la que nos estamos sometiendo.

Muchos consiguen sentirse cerca del constructo que llamamos casa con cosas como la comida, o revivir alguna que otra tradición, y, para algunos, la música es capaz de trasladarles de nuevo a esas coordenadas donde se formaron y, casos como esos, los vemos desde las ferias del barrio donde vivimos, cuando captamos a una señora a la que le da igual Martha Sánchez, llorando a moco tendido porque cantó la canción que dice “cuando estuvimos por Venezuela”, y lo vemos hasta en las películas de Disney, cuando una anciana recupera la fuerza vital cuando vuelve a escuchar una de las canciones que alguna vez amó. Es una conexión directa entre oídos y recuerdos, y de ahí se unen todos los demás sentidos y nervios.

Pues, para ser honesto, yo nunca he sido el mayor fan de Zapato 3, y pensé en decirlo tan al principio porque pienso que tiene peso dentro de todo lo que quiero decir con estas líneas, pues pese a que no tengo nada en contra de la banda y más bien les reconozco su aporte y el amor que su gente siente por ellos, es cierto que dentro de la lista de grupos egregios del rock venezolano, encuentro a otros que me llenan más musicalmente y eso es algo que todos podemos entender y comprender que es un tema que va más allá de generaciones o edades.

En Venezuela nunca pude ver a Zapato 3. Ni siquiera en alguna de las fechas de su gira de regreso, a la que confieso que hubiese estado cool ir porque no es normal ver una gira de venues grandes en Venezuela para una banda de rock.

Para nada me imaginaba que en Madrid los vería en directo por primera vez ni, mucho menos, que me harían sentir esa saudade de la que hablé en líneas anteriores.

La oportunidad de Toflang

La Sala Copérnico cobijó esta parada de la Gira Asfalto, que apenas el día antes les había llevado a Barcelona, de donde trajeron a Toflang, el grupo abridor de la noche y sobre el cual tenía depositadas mis expectativas por lo que había podido escuchar en internet y lamento decir que no fueron satisfechas.

La razón es que lo que había escuchado era una versión de la banda con todos sus integrantes, incluyendo a gente como Ezequiel Serrano (Tribop, Cabezón Key), Bernardo Rísquez (Tulio Chuecos, Different Fountains), Tomás Mena (Chucknorris, Joystick), entre otros, además de Rafael Giner (Tulio Chuecos), quien lidera el proyecto, hoy convertido a dúo, junto a Luis Fernando Guinardos.

Su performance adoleció la falta de batería y del peso sonoro que esta tiene, pero aún así dejó las buenas ideas que plasmaron entre sintes y guitarras, pintando un paisaje de música experimental que recuerdan a los temas menos revolucionados del Radiohead entre The Bends y Ok Computer. Desconozco por qué habrán llevado el proyecto a este nuevo formato, pero a sabiendas del poder que tenían aquellas canciones que les escuché, como “Pictures”, “Under a Velvet Sun” o “We Are Who We Are”.

El desborde de emociones en Madrid

Llegaba la hora y Zapato 3 finalmente tomaba el escenario ante un público que copó enteramente la sala, al punto que había pocos sitios donde podías caminar sin tropezar a alguien.

Separación”, del disco homónimo de 1993, sería la primera canción que Carlos Segura (voz y pandereta), Álvaro Segura (guitarra), Fernando Batoni (bajo), Jaime Verdaguer (teclado, secuencias) y Diego Márquez (batería) ofrendarían en el show.

La razón de estar aquí”, del disco Cápsula para volar (1995), seguía en el set y daba paso a “Mi Chica”, y luego a “Te prendo como mirra”, una de las nuevas canciones de Zapato donde se deja escuchar una faceta más agresiva y pesada de la banda, manteniendo su vibra dark que los ha acompañado desde sus inicios.

Carlos Segura decía desde tarima que, al ser el último concierto del año, sería el más largo, y, por esto, el set estuvo constituido por temas hartamente conocidos por los seguidores del grupo, como la seguidilla que vendría a continuación, integrada por “Tan cerca de ti”, “Azul Azul” y “Amo las estrellas”, pero también darían paso a canciones que no fueron cortes promocionales pero guardan un espacio en el corazón de los aficionados, como “Maya”, también del Cápsula para volar.

La cosa seguiría sonando a 1995, ya que la banda presentaría “Muriendo por ti”, para dar paso a “Elefantes Marinos”, sencillo de 2018, que fue cálidamente recibido por el público pese a no saberse la letra, pues recuerda a algunas de las baladas más intensas del grupo caraqueño.

Entre órdenes al ingeniero de monitores para arreglar la mezcla que le mandaba, algo que realmente fue uno de los lunares más grandes y molestos de todo el show, Carlos Segura procedía a entonar otra seguidilla de temas emblemáticos de la banda: “Amor de hierro” y la oscura “Como Un Fantasma”, de los álbumes Separación (1993) y Bésame y Suicídate (1991).

Amaranto”, otro track nuevo, daría paso a “Hermana”, “¿Dónde estás?” y a “Ahora estoy sin ti”, tema con el que se despedirían por primera vez de tarima, no sin antes dar un sentido agradecimiento a España, no solo por acoger a tantos venezolanos en medio de la crisis humanitaria que atraviesa, sino por propiciar un reencuentro necesario entre banda y fanáticos.

Zapato, entre vítores y hasta gritos de “Orquídea, Orquídea” y de “Pantaletas”, volvería a tarima nuevamente tras varios minutos para complacer con “Vampiro”, una versión que sabe mejor que la original de Seguridad Nacional, ese grupo emblemático del punk de los 80 que lamentablemente reapareció hace unos años convertido en una caricatura, cómplice y oportunista.

A continuación, vendría “Qué mente”, de los pocos de su disco debut Amor, Furia y Languidez (1989) que terminarían en el setlist del concierto.

Mientras hablaba de la crisis de inmigrantes de Venezuela, y sobre la gente que está en este momento caminando desde Venezuela a otros países, Carlos Segura aprovechó de presentar la canción que escribió inspirado en este fenómeno, titulada “Asfalto” (que da nombre al tour), y que forma parte del más reciente EP del grupo donde compendian todos sus recientes lanzamientos, para finalmente despedir con “Entrada de Bala” y la ansiada “Pantaletas Negras”, que selló una noche donde más de uno volvió a sentir la emoción en su vida gracias a las canciones que amó en su juventud.

Decir cualquier cosa en contra luego de ver a una masa de gente contenta por volver a sentir cosas que habían olvidado que se podían sentir o que tenían tiempo sin captar, sería un despropósito, y tampoco nada malo qué decir.

Zapato 3 suena mejor que en sus discos y, según los entendidos de la época, mejor que en su apogeo. Diego Márquez tiene un peso enorme en la batería, los teclados de Verdaguer se hacen más profundos y amplios, mientras que Álvaro Segura llena espacios con los tremendos riffs y punteos de su guitarra.

Por su parte, Carlos Segura logra transmitir lo mismo y hasta mucho más con su voz y la figura de Fernando Batoni sigue siendo una presencia aún más imponente que el sonido de su bajo, que sigue siendo fundamental en el sonido de Zapato 3.

La dicotomía emocional de un concierto de Z3

Al ver esto, entendí que el tema de sentir tristeza o felicidad recordando algo que ya fue, más que un mal, es un antídoto. Es la medicina que tomamos para quitarnos las ganas de dejarlo todo y probarnos que todo puede volver a ser bueno o estar mejor.

Es un medicamento sin prescripción facultativa pero que todos deberíamos tomar de vez en cuando, entendiéndola como un mecanismo que también necesita un cambio de percepción en nosotros para funcionar, pues es esta nostalgia encapsulada la que nos oxigena y saca todo el aire de nuestros pulmones solo para llenarlos de nuevo hasta la próxima vez, cuando nos volvamos a reencontrar con quienes fuimos a través de la música y seamos capaces de presentarle una nueva versión de nosotros mismos de la que, esperamos, sienta algo de orgullo.

Y si no, al menos seguiremos estando a tiempo de encontrarla en algún tramo del camino.

Alejandro Fernandes Riera (texto)

Joe Codallo (fotos)

Juan Carlos Ballesta (fotos y videos)