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40 años de “Mirage”, uno de los más grandes viajes cósmicos de Klaus Schulze

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Klaus Schulze
Klaus Schulze
Mirage
Brain/Island. 1977. Alemania

 

El octavo disco del maestro de la música electrónica cósmica, representante máximo de la Escuela de Berlín en los años 70 junto a Tangerine Dream, representa uno de los puntos álgidos de su discografía. Este pasado 30 de abril se cumplieron 40 años de la publicación de este álbum.

Mirage posee todos los ingredientes que caracterizan la obra de Schulze durante los años 70, en especial en la etapa cumbre de la era analógica cuando toda la parafernalia instrumental había alcanzado su pico. De usar solo órgano eléctrico para su debut Irrlicht en 1972, pasó en apenas cinco años a manejar una paleta sonora de amplias posibilidades, que en este álbum estuvo compuesta por un A.R.P Odissey, un A.R.P 2600 con secuenciador, dos Mini Moogs, un Micro Moog, un Poly Moog, un Moog CIIA con cuatro unidades y dos secuenciadores, un E.M.S. Synthi “A”, un Farfisa String Orchestra, un Farfisa Syntoschestra, un Farfisa Professional Duo Organ, tres teclados Crumar, dos P.P.C Synthi con secuenciador computarizado, doce filtros de octavas marca Moog, dos grabadores/reproductores de cinta marca Revox A77 Dolby con control de velocidad para eco, una unidad de Reverb A.K.G BX20 y otra BX15, un Phaser Compact “A” construido especialmente para él y un computador de voz con 100 diferentes sonidos de voces. En otras palabras, el sueño de cualquier músico electrónico de la época y probablemente del siglo 21 también. Probablemente, un joven productor actual, que ha hecho carrera solo en la era digital, se le dificultaría manejar correctamente todo ese arsenal, para lo cual se debía poseer, además de las habilidades de músico, conocimientos técnicos.

Schulze fue en aquellos años el más osado de los músicos de cualquier rama de la música al retar de manera decidida las recomendaciones que indicaban que cada lado de un disco de vinilo no debería exceder de los 20 minutos. La razón era y sigue siendo meramente técnica ya que un LP está compuesto por un surco en forma de espiral que la aguja debe leer y si el espacio se acorta se corre el riesgo que una aguja mal calibrada o de baja calidad brinque. Desafiando dichas recomendaciones, llevó al extremo la duración de los lados de sus discos, componiendo temas que en varios casos se acercaban o llegaban a la media hora de duración. El sonido siempre fue de altísima calidad.

Es imposible disfrutar y comprender la música de Klaus Schulze sin dedicarle el tiempo que merece en condiciones adecuadas. Mirage consta de dos largas e hipnóticas composiciones, obras maestras de la música planeadora, cósmica y psicotrónica, y ambas se encuentran entre lo más delicado que ha compuesto.

Los 28 minutos, 18 segundos de “Velvet Voyage” se toman toda la cara A (divididas en 6 partes no tan fácil de distinguir), y a través de ese tiempo el autor nos hace viajar por parajes maravillosos que comienzan con un simple sintetizador y terminan con una muy bien urdida telaraña sonora que nos envuelve y trasporta en un viaje aterciopelado. Es una de las obras más delicadamente desarrollada de su vasta obra y representa uno de los puntos álgidos de la electrónica de los 70.

Al darle vuelta al LP (ritual único), nos encontramos con los casi 30 minutos de “Crystal Lake” (subdividida también en seis partes), prístina composición que comienza con un sonido limpio, casi celestial, que poco a poco va siendo envuelto por capas de sintetizadores hasta convertirse en una sinfonía electrónica de alto contenido emocional. Casi a los 18 minutos surge sutilmente el distintivo sonido del secuenciador para irse y regresar en el tramo final, recurso que comenzó a utilizar de manera notable en la obra maestra Timewind (1975).

Sin dudarlo, Mirage (cuyo título completo incluye el subtítulo Un paisaje electrónico invernal) podría ser considerado una de las obras cumbres de la electrónica, uno de los viajes cósmicos más placenteros que se hayan compuesto. Klaus lo dedicó a su hermano Hans Dieter Schulze, quien murió durante la grabación. La reedición en CD de 2005, que fue la primera de la serie a cargo de Revisited Records, contiene el tema extra “In cosa crede chi non crede?”, otros 20 maravillosos minutos en alfombra mágica grabados seis meses antes y que fueron la base para para “Destination Void”, parte final de “Velvet Voyage”.

Klaus Schulze, el Wagner de la Electrónica, estaba en un momento particularmente creativo, con todavía varios discos únicos por llegar. Este en particular es un excelente punto de inicio para quienes aún no hayan descubierto el espléndido universo musical de este berlinés que cumple 70 años en este 2017.

Solo han pasado 40 años.

Juan Carlos Ballesta