En enero de 1975, el maestro de la música electrónica alemana nos sorprendía con dos estupendas creaciones de larga escala, dando forma a su cuarto disco
Klaus Schulze
Picture Music
Brain Records. 1975. Alemania
Una de las más interesantes expresiones artísticas de nuestro tiempo es la música electrónica. Dicha expresión trasciende límites, dada la riqueza de sonidos que brotan de los diversos instrumentos electrónicos frecuentemente manipulados para generar frases, ritmos, melodías y otros ingredientes como si se tratara de una obra pictórica más que de una musical.
En la década de los 60 esta música experimentaba una expansión como resultado del desarrollo existente entre 1940 y 1950. Términos como ambient, techno, house, synth-pop, música concreta, industrial, kosmische musik y muchos otros, están en relación directa con este fascinante género y atadas a nombres tan disímiles como Kraftwerk, Daft Punk, Tangerine Dream, Tarwater, Chemical Brothers o Skrillex.
Tras grabar Blackdance, el músico teutón nos cautivaba con Picture Music, conformado por dos piezas que superan los 23 minutos cada una, “Totem” y “Mental Door”.
Klaus Schulze músico pionero y puntal de la Escuela de Berlín, empleó instrumentos como el clásico EMS VCS3 synthi, los para entonces modernos ARP Odyssey y ARP 2600, órgano Farfisa, batería (por primera y única vez tocada por él), percusión, efecto phaser, utilizando un Echo-Dolby-Revox, un grabador Quadro Teak, y un mezclador 16 canales.
Esta cuarta placa discográfica -que por cierto tiempo se pensó era la tercera por un error escribiendo la fecha de grabación. nos invita a un mundo con amplios espacios y dimensiones desconocidas.
Schulze, baterista en la primera etapa de Ash Ra Tempel, retornó a los tambores en lo que tal vez haya sido un arrebato de nostalgia. No obstante, Harald GroBkopf (de Wallenstein) sería un frecuente contribuyente a la obra de este genial músico alemán.
A lo largo de este disco, su creador da vida con frases slow-mid tempo, logrando así sumergirnos en un espacio infinito por el que viajan entes imaginarios. “Totem” -el lado A- se desarrolla sobre ululantes y repetidos sonidos de sintetizadores, creando una de las clásicas piezas cósmicas que caracterizarían a Schulze

En la segunda parte, titulada “Mental Door”, el autor procura una fórmula similar, con igual éxito, pero acentuando con mayor dramatismo y misterio, optando por largos acordes durante los primeros nueve minutos.
Es entonces cuando Schulze introduce la batería mientras solea frenéticamente en el ARP Odissey, un pasaje que se extiende por 10 minutos hasta que el sintetizador protagonista desaparece y la pieza queda envuelta en una atmósfera mas gaseosa.
Sin duda, esta pieza sirvió de “ensayo” para otras que vendrían en discos subsiguientes como Timewind y sobre todo Moondawn.

Klaus Schulze crea un efecto vibratorio y oscilante que aumenta nuestro interés en la obra que, pese a su duración, logra capturar y mantener nuestro interés de un modo particular impidiendo llevarnos al tedio, gracias a las infinitas posibilidades de los diferentes teclados y la dinámica con la que logra llevarnos en un viaje onírico, en una experiencia que ha de ser similar al levitar.
Existen cuatro variantes de portada. La original publicada por el sello Brain en Alemania fue concebida por Jacques Wyrs, una pintura colorida y abstracta de un hombre. La segunda es de Urs Armann, en la línea de Blackdance y también de Timewind, a quien Schulze había comisionado para rediseñar también las portadas de Irrlicht (1972) y Cyborg (1973), pero a Brain le pareció oneroso gastar otra vez en el diseño.
El sello Clementine si utilizó en Francia la portada de Armann.
Existe una edición de lujo con un tema llamado “C’est pas la même chose” que supera los 30 minutos.
Vayamos a enero de 1975 y flotemos
Leonardo Bigott
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