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Lodger: el gran episodio final de la trilogía berlinesa de David Bowie

David Bowie Lodger

El 25 de mayo de 1979, llegaba a las discotiendas el álbum que completaba la Trilogía de Berlín, provocadora tríada musical del inmortal inglés

David Bowie
Lodger

RCA Records. 1979. Inglaterra

 
En algún momento de un pasado no tan remoto, David Bowie, ícono de la colorida movida “glam” que diera vida al recordado personaje Ziggy Stardust, estrecharía una especial relación artística con dos figuras esenciales del rock, el indispensable e influyente creador de ambientes inglés Brian Eno y el laureado productor estadounidense y destacado socio de David, Tony Visconti.

La tríada musical que culminaba con la década se originó con el viaje de David Bowie e Iggy Pop a tierras teutonas desde Los Angeles, California, con el propósito de poner fin a la drogadicción de ambos.

No obstante, la experiencia para Bowie se tradujo en tres esplendidos discos: Low y Heroes en 1977 y Lodger, publicado en 1979.




En conjunto, la trifecta es hoy conocida como The Berlin Trilogy y nos ocupa la tercera y última placa de ese período para David Bowie, con un marcado acento que resultó de las influencias del krautrock (rock experimental de la entonces Alemania Occidental) y las recientes creaciones ambientales de Eno para la época, entre ellas las que realizó con el dúo Cluster.

Producido por Visconti, esta obra fue grabada en Mountain Studios de Montreux, Suiza, y Record Plant Studios de Nueva York -paradójicamente no en los Hansa Studio de Berlín como los dos anteriores- con la participación de David Richards tras la consola y una tropa de reconocidos músicos entre los cuales figuran Eno en varios instrumentos y su método con las barajas de las “estrategias oblicuas” que llevan a los músicos a intercambiar instrumentos y a reproducir viejos temas en reversa; Carlos Alomar en guitarra, batería y voz; Dannis Davis en batería, bajo y voz; Stan Harrison en el saxofón; y Adrian Belew en guitarra y mandolina, por citar algunos.

El repertorio de 10 temas versan sobre los viajes por el mundo (lado A) y las crítica a la civilización occidental (lado B), musicalmente moviéndose entre el art rock, el new wave, y la experimentación en varias direcciones, con elementos del reggae, la música del medio oriente, krautrock y lo que comenzaba a llamarse world music.

Es probable que este haya sido el génesis para My Life in the Bush of Ghosts, el disco de Brian Eno con David Byrne.

Si bien fue el menos apreciado por la crítica de la trilogía, el tiempo lo ha reivindicado, y aunque sigue siendo uno de los más subestimados discos de Bowie, su valor es incuestionable.




Lodger abre con el slow-mid tempo “Fantastic Voyage”, sencillo tema escrito por David y Eno quienes expresan en algún momento que “no desean vivir con la depresión de otros”

El breve tema, acompañado por el piano, es seguido de “African Night Flight” una pieza que evidencia el deseo de experimentar desde el mismo inicio, con una vocalización muy teatral

Se abre espacio enseguida, “Move On”, que nos hace reflexionar sobre la continuidad de la vida pese a los sinsabores de ésta.

“Yassassin” es una composición con cierto aire turco cuyo significado traduce ¡Viva! y donde Bowie nos dice, “¡Viva! No soy un chico temperamental ¡viva! Camino sin molestar ¡viva! Soy sólo un trabajador, no un juez del hombre ¡viva! Pero no he vivido dicha vida…




Cierra la primera parte con “Red Sails”, en la que David concluye: “Me siento un poco maltratado, un poco asustado / Casi lo concreto en algún momento / La acción de la vela roja despierta en la ciudad equivocada / Chico, realmente me muevo…

Es importante mencionar que los temas “Fantastic Voyage”, “D.J.”, “Yassassin” y “Look Back In Anger” fueron los cuatro sencillos del disco, tres de los cuales contaron con fantásticos videos de David Mallet.

“D.J.” abre el segundo set cantando: “Estoy en casa, perdí mi trabajo e incurablemente / Crees que esto es fácil, realismo / Supongo que tengo una chica ahí fuera / creo que ella está bailando / Siente como Dan Dare se acuesta / Creo que está bailando, ¿qué sé yo?…

Adrian Belew se luce en la guitarra, intervenciones que como casi todo lo aportado por él, fueron improvisaciones ya que se incorporó al proceso cuando todo estaba grabado y le pidieron que hiciera lo primero que se le ocurriera.

Belew ha contado sobre aquel proceso en Lodger: “Cuando llegué, ya tenían una veintena de temas hechos: bajo, batería, guitarra rítmica, pero ninguna voz. Dijeron: ‘No te dejaremos escuchar estas canciones’. Queremos que entres al estudio y toques accidentalmente, lo que sea que se te ocurra«.

Belew describió el solo de guitarra final de «D.J.» como si «estuvieras cambiando de canal en la radio y cada canal tuviera un solo de guitarra diferente«.

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La agitada “Look Back In Anger”, otro de los sencillos, es la siguiente pieza del repertorio y en ella Alomar nos deja escuchar sus talentos como guitarrista con un buen solo.

Bowie nos cuenta sobre un raído Ángel de la Muerte que llega para reclamar su alma, para después interpretar la irónica “Boys Keep Swinging”, una clara influencia de Eno con quien David Bowie comparte autoría en varios temas de este disco.

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Cierran el repertorio los temas “Repetition” y “Red Money”. La primera pieza nos dice sobre la rutina de un hombre doméstico. La segunda, un infeccioso funky mutante en la órbita de Talking Heads, pareciera la imagen de una explosión nuclear.

Hay varias reediciones de esta obra, pero ahora pongamos la aguja gentilmente sobre el primer surco y dejémonos llevar.

Leonardo Bigott


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