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Low: 40 años del primer disco de la trilogía berlinesa de David Bowie

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David Bowie

El 14 de enero de 1977 el camaleónico músico inglés publicó su undécimo disco, primero de la trilogía berlinesa y otra vuelta de tuerca

David Bowie
Low

RCA. 1977. Inglaterra

 

En los dos años que siguieron a la extinción del famoso héroe glam Ziggy Stardust, alter ego con el que David Bowie fue el centro del rock más transgresor entre 1971 y 1974, sobrevino una etapa cercana al soul y el funk que arrojó los discos Young Americans (1975) y Station to Station (1976).

Luego de su última gira con The Spiders From Mars en 1974 que lo llevó a California, Bowie decidió mudarse a Los Angeles, ciudad en la que se transformó en The Thin White Duke, con una nueva estética musical y personal, que arrojó esos dos discos transicionales. Durante esa estadía en L.A., también se convirtió en un adicto consumidor de cocaína.

En 1976 también compuso parte de la música de la película “The Men Who Fell to Earth”, pero su director Nicolas Roeg decidió no utilizarla. Esas composiciones descartadas fueron el punto de partida para su undécimo álbum, titulado durante su concepción New Music Night and Day, finalmente bautizado como Low con una foto de carátula perteneciente a la filmación de la película (“low profile”, podría ser la interpretación del título combinado con la foto de perfil).

Bowie se mudó a Suiza a mediados de aquel año 1976, huyendo de la que se consideraba la capital de la cocaína. Junto a Iggy Pop se fue unos meses a Berlín, ciudad que para entonces era el epicentro de la música electrónica alemana y del krautrock.

Los ecos de la música de Neu!, Kraftwerk, Cluster y Harmonia, pasarían a formar parte de las influencias más notables de la nueva etapa con la que cerraba la influyente década de los 70. Los siguientes tres discos, fueron bautizados como la trilogía berlinesa, que comienza con Low y Heroes, ambos de 1977, y termina con Lodger en 1979.

El año 1977 fue particularmente relevante para la música popular ya que explotó el movimiento punk, la música disco acaparó atención y la electrónica alcanzaba un importante cenit con Trans Europe Express de Kraftwerk y Oxygene de Jean Michel Jarre.

Bowie no era ajeno a ninguno de esos acontecimientos, por ello se juntó con Brian Eno (teclista, productor y conceptualista), quien acababa de iniciar su tránsito por la música ambiental y su relación con el dúo alemán Cluster, a la par que sus discos reflejaban un aire vanguardista que cautivó a Bowie.

Con la producción de Tony Visconti y la decisiva participación de Eno en sintetizadores (mini Moog, EMS Synthi, ARP Odissey), piano y voz, el disco Low representó una inesperada ruptura con todo su pasado.

Bowie se desdobla tocando guitarra, sintetizadores, saxos, armónica, xilófono y percusión. Sobrevive Carlos Alomar de la formación anterior, quien se encarga de la guitarra rítmica, junto a Ricky Gardiner, mientras que la base rítmica, que participa principalmente en el lado A, fue conformada por George Murray (bajo) y Dennis Davis (batería).

El lado A lo componían siete temas de corta duración, incluyendo los atractivos instrumentales que abren y cierran esa cara, “Speed of Life” y “A New Career in a New Town”.

Se extrajeron dos singles, “Sound and Vision” (el más exitoso) y “Be My Wife”, grupo al que pudo haber pertenecido también la pegadiza “What in the World”.

 

Breaking Glass” recuerda a los discos solistas de Eno, mientras que “Always Crashing wih the Same Car” (el tema más largo de ese lado, con 3:30 de duración), es el que más lleva a las etapas previas. El puñado de canciones recibió un tratamiento especial que las alejaba en sonido a todas las de discos anteriores.

La gran revolución ocurrió con el lado B, que comienza con “Warzsawa”, maravillosa e hipnótica composición de Eno, ampliamente influenciada por Cluster y en la que los juegos vocales de Bowie en plan tribal son un aporte fantástico a las atmósferas electrónicas.

Art Decade” suma una fantasmal caja rítmica, similar a la que Eno ya había usado en temas cortos de sus discos, envuelta en varias capas de envolventes sintetizadores.  Bowie se encarga solo de “Weeping Wall” tocando vibráfono y xilófono, además de los sintetizadores, creando una delicada ambientación.

El disco lo cierra la delicada “Subterranean”, verdadero viaje hacia los confines de nuestro espacio interior. En ella Eno y Bowie (cuyo saxo es vital) despliegan su más exquisito buen gusto, ayudados por el bajo de Murray y una voz procesada que aparece a partir de la mitad.

Perfecto cierre para el sorprendente y ahora legendario disco que en su momento fue incomprendido por muchos críticos que desdeñaron especialmente de la cara B.

Han pasado 40 años del lanzamiento de este disco y su vigencia es incuestionable. Entre la vasta obra discográfica de Bowie, este es uno de los que forma la lista de los 10 mejores trabajos. Cada escucha es un descubrimiento.

Juan Carlos Ballesta