El 23 de enero de 1976 el transgresor músico inglés publicó una de sus más significativas obras, dando vida a un nuevo personaje llamado Thin White Duke
David Bowie
Station to Station
RCA. 1976. Inglaterra
Una de las más fatídicas fechas en la historia del rock fue el 10 de enero de 2016, día en el que las redes sociales y medios tradicionales anunciaban la muerte de uno de sus más esmerados hijos, David Bowie (†), el prolijo músico que dio vida a aquel galáctico personaje llamado Ziggy Stardust.
Su fantástica música que siempre nos deleitó y sorprendió hasta el día de su muerte, está cargada de una inusual energía e imaginación con la que supo siempre dibujar obras de sobrada elegancia y osadía, incluyendo siempre elementos vanguardistas que en ocasiones lo encontraban con los hoy legendarios Robert Fripp (King Crimson) y Brian Eno.
Actor y uno de los más influyentes músicos del siglo 20, Bowie comenzó a impresionarnos con temas como “Space Oddity”, una bizarra aventura espacial que ya signaba el estilo sin paralelo de este inglés nacido en Brixton el 8 de enero de 1947.
Durante cinco décadas, David nos cautivó con sus mágicas puestas escénicas que en ocasiones daban soporte a una música que se movía entre lo experimental y lo electrónico con un fresco tinte pop-rock que ha dejado indelebles recuerdos en temas como “Fame”, “Young Americans”, “Let’s Dance”, “Ziggy Stardust”, “Ashes to Ashes”, “Starman”, “Fashion” y “Modern Love”, por citar sólo algunos de una extensa lista, lo cual se tradujo en estar siempre en la cresta de la ola hasta el día final, en cuyo año fue editada su conmovedora y significativa placa discográfica llamada Blackstar y comentada acá en Ladosis.
Luego de iniciar un distanciamiento del glam rock con el álbum Young Americans un año antes, David Bowie entraba a los Cherokee Studios de Los Ángeles para grabar este estupendo álbum entre los meses de septiembre y noviembre de 1975 para producir, junto a Harry Maslin, seis piezas en las cuales el artista ya mostraba su influencia de la movida alemana en bandas como la superlativa Kraftwerk y Neu!
El superdotado instrumentista y cantante llamó a un puñado de buenos amigos encabezado por el guitarrista Carlos Alomar, las teclas de Roy “The Professor” Bittan, la batería de Dennis Davis, el bajo de George Murray, la voz de Warren Peace, el guitarrista Earl Slick (Robert Smith, Lennon-Ono, David Coverdale) y Maslin.
Inicia el set el tema título con una música provocadora y una lírica exuberante en cuya primera estrofa nos dice: “El retorno del delgado duque blanco lanzando dardos a los ojos de su amante, aquí estamos, en un mágico momento, tal así es, desde donde se tejen los sueños, doblando sonidos, perdido en mi círculo, drenando el océano, aquí estoy, sin exhibir color, alto en mi habitación con vista al océano”
A lo largo de estos primeros diez minutos, Bowie y sus muchachos exhiben un sonido con elementos funk y soul, que le abre espacio al piano y al cual gradualmente se le suman los otros instrumentos.
El extenso intro, poco más de tres minutos, cede espacio a la voz. La estable rítmica y la dinámica voz de David Bowie se van transformando. La letra, por demás extensa, la conforman varias estrofas de cuatro versos con un piano y guitarra que van tomando cuerpo durante el desarrollo de la canción.

Una cuasi oscura “Golden Years” se abre espacio para proseguir el repertorio con su pegajoso coro: “Golden years, gold, wah-wah-wah”
La “funkeada” guitarra va acompañando los versos que en parte dicen: “No dejes que te escuche decir que la vida te esta llevando a la nada, Ángel, anímate cariño, mira al cielo, la vida ha comenzado, las noches son tibias y los días apenas comienzan, ven anímate cariño”

El primero y segundo tema, son dos de los cuatro sencillos de esta inusual obra que nos lleva a culminar el lado A con “Word On A Wing”, una melodiosa pieza que inicia con las teclas y una nota sostenida al fondo a todo lo largo del tema.
Bowie nos canta en este accesible tema: “En esta era de gran ilusión, llegaste a mi vida, fuera de mis sueños, no necesito otro cambio, aún así forzaste tu camino a mis esquemas…”

El segundo lado del disco lo abre TVC 15, canción que según algunos cuentos de camino nace de una historia que Iggy Pop contara a David y en la cual la novia del rockero, ambos sumergidos en droga, era tragada por el televisor.
“Me levanto todas las noches sobre las ocho y media o las nueve / Le presto toda mi atención / A un muy buen amigo mío / Es cuadrafónico / Tiene más canales / Tan holográfico, oh mi TVC 15 / Traje a mi nena a casa, ella, ella se sentó desamparada /
Vio mi TVC 15, mi nena se fue / Se metió dentro, oh Dios, se metió dentro / Tan holográfico, oh mi TVC 15 / Oh, tan demoníaco, oh mi TVC 15”, nos dice parte de la alucinante experiencia.
El piano toma un rol protagónico al inicio y posteriormente va dando pinceladas para adornar a la pieza.

Luego, otro poco de funk en “Stay”, en la cual el genio inglés nos narra: “Esta semana arrastró mi pasado lentamente, los días caían en sus rodillas, tal vez tomaré algo para que me ayude, espero que alguien vele por mí, pienso que siempre algo cambie en el clima, esta vez creo que podemos entendernos, si mencioné casualmente esta noche, será una locura esta noche”
Acá David nos habla de su lucha contra las drogas y encontrar el coraje para vencer. Esta pieza y la anterior completan los cuatro sencillos de este magnifico álbum.

El disco culmina con un tema de Ned Washington y Dimitri Tiomkin llamado “Wild Is The Wind”, un romántico instante donde Bowie nos canta con especial sentimiento: “Ámame, ámame, ámame, déjame volar contigo, porque mi amor es como el viento, salvaje es el viento… Dame más que una caricia, satisfaz esta ansia, deja el viento soplar a través de tu corazón porque salvaje es el viento, salvaje es el viento”.
El acompañamiento musical es sencillo y emotivo de principio a fin.

Esta décima obra en estudio, puede decirse, estimuló a Bowie para crear lo que hoy es conocido como The Berlin Trilogy en la que el artista grabara los discos Low y Heroes de 1977 y Lodger de 1979, tres excelentes placas que resultaron de su asociación con Eno y que son imprescindibles en la discoteca de cualquier cultor del rock.
Mucho hay que decir de Station to Station, un álbum atemporal, paradójicamente tan accesible como impenetrable.
Leonardo Bigott
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