Dos de los músicos de la encarnación ochentera de KC, Adrian Belew y Tony Levin, junto a Steve Vai y Danny Carey, han revitalizado un repertorio único de manera brillante
BEAT
Concierto en Orpheum Theatre, Vancouver, Canadá
(Noviembre 25, 2024)
Una de las reinvenciones musicales más imprevistas de cualquier banda en la historia del rock fue la imaginada por King Crimson a comienzos de los 80 y plasmada en esos tres discos fundamentales que fueron Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (TOAPP, 1984).
Quien por aquellos años estuviese anclado todavía en el sonido KC de los años 70 (para no hablar de su histórico álbum debut de finales de los años 60, In The Court of the Crimson King) nunca hubiera podido adivinar la sorprendente música (extrovertida, explosiva, humorística, funky, rítmicamente obsesiva), que venía contenida en aquel álbum de austera portada vinotinto (Discipline), lanzado siete años después de RED, que fue el álbum que selló la disolución del grupo en 1974.
Era King Crimson pero era otra banda, esto sonaba diferente, desde el entramado rítmico hasta las voces, pasando por las letras y la increíble variedad de timbres y texturas novedosas que producían las guitarras, cortesía de Fripp pero sobre todo de Don Adrian Belew, un inesperado “segundo” guitarrista (es un decir, porque Belew no tenía nada de segundo) salido de las filas de Talking Heads, que Fripp había conocido unos años antes en un concierto de Steve Reich.
Mención (la de Reich) que no hago en balde, para recordar lo que la música de King Crimson de los años 80, con esos patrones elegantes pero encarnizadamente repetitivos, podría deberle a Reich y quizás también a Philip Glass.
Tuvieron que pasar unos 40 años, desde aquella primera mitad de los años 80 en que los escuchamos por primera vez, para vivir la experiencia de absorber en directo la música de aquellos tres discos esenciales de la discografía de esta banda legendaria. Para este servidor, eso ocurrió el 25 de noviembre de 2024, en la hermosa sala Orpheum, sede de la Orquesta Sinfónica de Vancouver.
¿La banda? Por supuesto, la publicitada BEAT, el supergrupo reunido este año para mantener viva la llama de KC, ante la posible realidad de que la agrupación creada por Fripp le haya dicho adiós para siempre a los escenarios.
¿Sus integrantes? Dos de la banda de los 80, Adrian Belew, el motor principal de la idea de reunir este grupo, en la guitarra y voz, y Tony Levin en el bajo, más el conocido virtuoso Steve Vai en el papel de Robert Fripp (pero tomándose sus respetuosas licencias cada vez que podía), y Danny Carey (integrante de la estupenda banda TOOL; un baterista descomunal, por cierto) calzando los zapatos de Bill Bruford.

Un concierto en verdad alucinante, una experiencia única, que por lo menos una vez había que vivir. En el ámbito del rock, creo que he asistido a muy pocos conciertos que puedan equipararse a éste en cuanto a esa sensación de estar siendo testigo de una apuesta musical nueva, experimental, impredecible, claramente avant-garde.
¡Esto suena innovador en 2024, pero resulta que esta música es de hace 40 años!
Si tengo que mencionar una parte del concierto donde esto se hizo patente, se me viene a la mente una secuencia de la Parte I del concierto, cuando tocaron “Dig Me” y luego “Industry”, originalmente aparecidas en Three of a Perfect Pair.
La inventiva de Steve Vai y Adrian Belew se puso de manifiesto allí en todo su esplendor, parecían músicos venidos de otro planeta, tales eran las increíbles e imposibles sonoridades que salían de sus instrumentos.
Tocaron un total de 17 canciones distribuidas en dos partes, más dos encores.
En la primera parte se concentraron en los discos 2 y 3, es decir, Beat (4 canciones) y TOAPP (6 canciones). En la segunda tocaron dos canciones del tercer disco más todo el primer álbum, Discipline, excepto, curiosamente, la canción que da título al álbum, es decir, el track # 7. Ignoro las razones.

Dieron dos encores: “Red”, para recordar el Crimson de los 70 y para recordar a Fripp y a Bruford (así lo dijo Belew), y “Thela Hun Ginjeet”, que cerró el concierto con una participación bastante activa del público, especialmente del público joven (que lo había, aunque usted no lo crea), al que Belew pidió que se acercara al escenario.
Aprovecharon Belew y Vai para tener un momento de comunión cercana con la muchedumbre, con Belew incluso terminando de rodillas tocando su solo, parodiando un estilo que ya hemos visto en otras partes. Un momento simpático que puso fin a un concierto que, contando con un repertorio como el de esos tres discos, tuvo muchos momentos divertidos.
El repertorio:
PARTE I
Neurotica (BEAT)
Neal and Jack and Me (BEAT)
Heartbeat (BEAT)
Sartori in Tangier (BEAT)
Model Man (TOAPP)
Dig Me (TOAPP)
Man With an Open Heart (TOAPP)
Industry (TOAPP)
Larks’ Tongues in Aspic (Part III) (TOAPP)
PARTE II
Waiting Man (BEAT)
Matte Kudasai (DISCIPLINE)
The Sheltering Sky (DISCIPLINE)
Sleepless (TOAPP)
Frame by Frame (DISCIPLINE)
Elephant Talk (DISCIPLINE)
Three of a Perfect Pair (TOAPP)
Indiscipline (DISCIPLINE)
Encore:
Red (RED)
Thela Hun Ginjeet (DISCIPLINE)
Rescato varios highlights. Ya la parte uno del concierto había dejado claro que estábamos ante una banda muy especial y una música única, una rara avis en el espectro del rock, incluso del rock progresivo, pero la parte dos hizo dos cosas: uno, terminó de confirmar que no hay banda que se le parezca a ésta; y dos, terminó por conquistar al público, quizás porque tocaron casi todo el primer disco, el preferido de muchos y también el más familiar, me parece.
Hay que decir que a este gusto inmediato por la parte dos contribuyó no poco el hecho de que abrió con el solo de “Waiting Man” creado por Bill Bruford para esta canción, con Danny Carey al frente del escenario, de pie, golpeando los tambores, a quien pocos minutos después vino a acompañar Adrian Belew, no en la guitarra sino también en los tambores, justo al frente de Carey (no hay que olvidar que Belew se inició en la música como baterista en una banda tributo de The Beatles).
Pasaron otros pocos minutos y se les unió Levin, este sí en lo suyo, en el stick, para que luego, con la entrada de Vai, cada uno de los cuatro volviera a sus puestos de combate en sus respectivos instrumentos y completaran la pieza a todo volumen y con todo en su lugar.

La apertura del concierto con “Neurotica” fue para mí un punto alto, quizás por la expectativa que tenía de escuchar esta música por primera vez en vivo después de tantos años de conocerla, y porque uno no puede dejar de asociar esa canción, que alude a la ciudad trasnochada, a la jungla de concreto con su fauna nocturna de caminantes revolviendo los cubos de basura, con las sensaciones que te producen las calles y callejones por los que acabas de pasar camino al concierto, una imagen que ya era común en muchas ciudades de Occidente a comienzos y mediados de los 80 y que sigue siendo parte del paisaje urbano cuarenta años más tarde.
“The Sheltering Sky” fue para mí otro punto culminante de este concierto, en este caso por el trabajo de Steve Vai en la guitarra, recreando el endiablado solo que se inventó Fripp para esta pieza en su propio e idiosincrático estilo.

En fin, es imposible poner en palabras la peculiaridad de esta música, la deslumbrante originalidad, que aparecía en cada nueva canción que tocaban.
Fíjense que no digo nada de “Frame by Frame”, “Elephant Talk” o “Thela Hun Ginjeet”, “Sleepless”, “Neil and Jack and Me”, ya verdaderos clásicos de King Crimson. Sólo digo que fue muy afortunado tener la oportunidad de escucharlas en vivo por lo menos por una vez.
Lo dicho: una bendición para los fans que Belew, quien a su pesar no había sido parte de la encarnación de King Crimson que estuvo girando entre 2014 y 2021, haya podido armar esta superbanda en 2024 para dar vida otra vez a una música insoslayable en la biografía del grupo y en la historia del rock en general: la que hizo King Crimson en la primera mitad de la década de 1980.
Daniel Méndez / Vancouver
CONCIERTO COMPLETO

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