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The Boy with the Arab Strap: el exquisito pop de Belle and Sebastian

Belle and Sebastian

El 7 de septiembre de 1998 fue publicado el exquisito tercer disco de la agrupación escocesa, piedra angular de su sonido

Belle and Sebastian
The Boy with the Arab Strap

Jeepster/Matador. Escocia. 1998

 
Sería interesante indagar cuáles son los factores que han influido de tal modo en Escocia desde los años 50 para que su confección pop sea tan perfecta. Proyectos tan variopintos como Orange Juice, Strawberry Switchblade, Jesus And Mary Chain, Teenage Fanclub, Cocteau Twins, Bis, Garbage y hasta los momentos más accesibles de Mogwai siempre tienen esa misma sensación que identifica de manera tan especial a la música hecha en esa tierra privilegiada del Reino Unido.

Belle And Sebastian se forma en 1994 en la ciudad musical de Glasgow y luego de dos álbumes lanzados en 1996, Tigermilk y If You’re Feeling Sinister, además de una seguidilla de EPs, el ensamble había probado que tenía una narrativa bastante distintiva perfectamente acompañada del más dulce indie pop, aderezado de chamber pop por su instrumentación de música académica.

Su arte gráfico también tenía una particularidad por ser fotografías bajo un filtro monocromo, por lo que se puede recordar los discos por color. La casa disquera londinense Jeepster Records los apadrinó desde un inicio, teniendo exposición del otro lado del Atlántico con Matador.

Los primeros trabajos de la banda habían sido grabados en pocos días debido a que Stuart Murdoch, el cantautor principal, había lidiado el padecimiento de Síndrome de Fatiga Crónica desde finales de los años 80 escribiendo canciones y desarrollando el imaginario musical de la banda.

Es por ello que, luego de diversas giras a lo largo de 1997, se abordó la producción de un modo diferente, tomándose varios meses para trabajar en lo que sería su tercer larga duración. El proceso se volvería más democrático, permitiéndole a Isobel Campbell (violoncello, guitarra y flauta dulce), Stevie Jackson (guitarra) y Stuart David (bajo), poner su propia voz a sus composiciones.

El ingeniero Tony Doogan ya había contribuido desde If You’re Feeling Sinister y comenzarían las grabaciones en el mítico estudio CaVa en Glasgow, dándole forma al refinado y más complejo The Boy With The Arab Strap, editado el 7 de septiembre de 1998.

El título le rendía cierto homenaje al vocalista de la agrupación Arab Strap, Aidan Moffat, quien resultó disgustado con dicho nombre porque se prestaba a confusiones como un disco colaborativo. Lo que Murdoch desconocía era que un “arab strap” es un dispositivo que se usa para producir una mayor erección al disminuir el flujo sanguíneo en el pene.

La apertura en este tercer trabajo es fatalista pero endulzada con una guitarra acústica, diferentes percusiones que aparecen y desaparecen, una tímida pero juguetona guitarra eléctrica que se va deslizando entre notas mientras el bajo y el piano acentúan las diferentes partes en “It Could Have been A Brilliant Career”.

Tal vez el fatalismo resulta irónico cuando se habla de dos personas que engañan a sus clientes ya sea con obras de arte o tocadiscos antiguos, pero sufrieron infartos, acabando con sus vidas. El relato agridulce puede ser la mejor manera de expresar la doble moral de la gente que enaltecen a aquellos que han fallecido sin examinar sus actos en vida.

Murdoch y Campbell cantan al unísono la oda a la madurez post-adolescente “Sleep The Clock Around”. La progresión armónica/rítmica repetitiva es un krautrock bajo la óptica de pop orquestado, que va añadiendo elementos diferentes y va creciendo, hasta que el piano eléctrico se funde con un sintetizador, órgano, trompeta y gaita escocesa, teniendo como conclusión el fin de la angustia de la adolescencia y plenitud de la adultez.

Luego es el turno de Isobel de asumir el rol de voz principal en “Is It Wicked Not To Care?”, un tema acerca de la impresión de no pertenecer, de siempre tener una incomodidad a pesar de que todo está aparentemente bien.

Destaca el emotivo trabajo de Chris Geddes en el órgano, que comienza siendo apoyo armónico a la guitarra acústica y luego comienza a brillar por sí solo luego de que Sarah Martin dibuje una triste melodía en violín. También aparecen un tenue autoharp y un delicado glockenspiel que adornan la tierna canción.

El suicidio es el eje de la acústica “Ease Your Feet In The Sea”, donde un errático piano casi nos distrae del modo en que el cantante trata de animar a su amigo en cada estrofa, hasta que al final se da cuenta que muchos (incluyendo al intérprete) ignoraron los últimos momentos donde el suicida necesitaba más apoyo, con la idea de cierta culpabilidad por no haber hecho más por él.

En un ejercicio de reflexión sobre ese período de sobrellevar el síndrome que afectó a Stuart Murdoch está presente en “A Summer Wasting”. El planteamiento parte de una crítica que recibió Stuart por no haber hecho gran cosa durante ese tiempo de inactividad, donde tal vez florecieron las bases de lo que sería su proyecto musical, haciendo cosas tan simples como leer, caminar en la naturaleza y permanecer despierto toda la noche.

Durante la canción se habla de siete semanas aunque en una línea se cuelan las palabras siete años, el tiempo que le tomó a la mente maestra de recuperarse del mal que lo tuvo inactivo en su temprana juventud.

Tendiendo un puente con los momentos más sensibles de Velvet Underground, Belle And Sebastian le da la oportunidad a Stevie para cantar “Seymour Stein”, el visionario empresario detrás del sello Sire, que le dio exposición a Ramones, Talking Heads y Madonna, además de artistas británicos de la talla de The Smiths, The Cure y Depeche Mode.

La idea de este homenaje viene de una reunión que tuvieron con Stein posterior al lanzamiento de su debut que abría la posibilidad de pertenecer a la casa discográfica. Luego de una cena opulenta con el empresario quedó claro que esa era la vida que él les ofrecía si aceptaban cerrar el trato, cosa que abrumó a una joven banda que venía de la clase trabajadora de Glasgow, así que declinaron la oferta, dejando esta memoria en cuatro minutos, cuarenta y tres segundos de música.

En el estilo de Stereolab, la hipnótica “A Space Boy Dream” es un pequeño paréntesis donde el bajista Stuart David narra en primera persona la historia sobre un joven astronauta que se dirigirá a Marte junto a su padre y hermana, con el temor de encontrar civilización en el planeta.

La primera sección se tensa mientras cada instrumento hace lo suyo: violines, golpes en una guitarra eléctrica, bajo, batería y melódica, hasta que pasa a la siguiente forma instrumental, con un ligeramente frenético seudo jazz/lounge.

Dirty Dream Number Two” tiene cierto encanto a lo Phil Spector en su instrumentación cuando inicia tan épica con el precioso trabajo de Isobel y Sarah en las cuerdas, pero luego se descubre como un soul norteño muy británico y elegante.

Se abre un debate entre el mundo onírico y el real donde el protagonista se encuentra a sí mismo prefiriendo quedarse en los sueños que tener que lidiar con las personas de su pueblo pequeño.

Existen metáforas gráficas sobre masturbación y emisiones nocturnas muy comunes durante la pubertad, que se disimulan con la exquisitez de la orquestación en la pieza.

Con aparente inocencia y sin saber el significado de lo que es un arab strap, la pieza que titula el disco posee varios niveles de lectura. Por un lado, es literalmente otra ventana a actividades cotidianas de un Stuart en recuperación como tomar el autobús que pasaba por una zona con una prisión donde el tráfico era pésimo y hablando directamente del miembro central del grupo Arab Strap de estar acostado con una chica.

También se describen algunas cosas que llamaban la atención del compositor acerca de la capital inglesa y el trabajo de los inmigrantes. Pero por otro lado se pueden a entrever algunas de las dificultades en la relación entre él y Campbell, quienes eran novios en el momento.

Musicalmente encontramos un patrón que se repite una y otra vez a lo largo de que parece ser un ejercicio confesional bastante críptico.

Jackson asume de nuevo el rol vocal en la hermosa “Chickfactor”. Es posible que sea sobre establecer un romance con una persona de Nueva York, que tiene una diferencia de cinco horas con Londres.

El cantante se encuentra pensativo acerca de si es la mejor decisión establecer una relación con esta persona con quien se siente a gusto. El nombre proviene de un fanzine neoyorquino que se jactaba de que la banda le había dedicado un tributo.

Simple Things” comienza seria, sobria, como un b-side de Radiohead, aunque la letra resulta personal: es un reclamo ante el egoísmo en las relaciones. En ocasiones, una de las partes quiere ayuda pero al recibirla no la aprecia, generando frustraciones. En menos de dos minutos logra esa desazón que el narrador ha dejado claro para cuando el otro lo quiera comprender.

Judy y su experticia en el arco y flecha es uno de esos personajes recurrentes en el universo poético de Murdoch que sirve como ejemplo en este cierre, la calmada “The Roller Coaster Ride, una alegoría a un trastorno bipolar.

Se infiere que esta persona está recluida en un centro psiquiátrico y en sus momentos de mayor lucidez busca compañía para sobrellevar su situación, resultando embarazada. Se siente de nuevo la influencia de Velvet Underground luego de que las voces de Isobel y Stuart cesan, dejando espacio para que el piano y el bajo nos recuerden a “I’m Waiting For The Man”, dejando que la trompeta revolotee de vez en cuando.

En Reino Unido lograron llegar al décimo segundo puesto en las listas, para que un año más tarde obtuvieran un galardón en los premios Brit como mejor banda nueva, venciendo a boy bands como Steps y 5ive.

El nuevo milenio los ha posicionado como una referencia inmediata en el mundo del pop independiente y con cada álbum siguen dejando claro su legado musical. El trío discográfico editado durante la década de los 90 representa las bases de lo que estaba por venir, y sin duda The Boy With The Arab Strap significó nuevos aires en la expansión de las composiciones del para entonces octeto.

Il Gimón