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Never Say Die!: el fin de la primera gran etapa de Black Sabbath

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Black Sabbath Never Say Die

El 28 de septiembre de 1978 se publicó el octavo disco de la influyente banda inglesa, cierre de una primera etapa con Ozzy Osbourne

Black Sabbath
Never Say Die!

Vertigo. 1978. Inglaterra

Cuando reviso la lista de canciones interpretadas por Black Sabbath tanto en su gira reunión de la formación original de 1998-1999, tanto en sus subsiguientes presentaciones desde el 2012 al 2014 y en su gira final 2016-2017; se nota la ausencia total de los temas contenidos en Never Say Die!, por lo que podemos deducir que ninguno de los integrantes de la banda sienten aprecio por este disco, sentimiento compartido por muchos de sus fans.

Para el año 1978, Black Sabbath ya era una banda de renombre, pero la relación entre sus miembros se había deteriorado hasta el punto que a finales de 1977 su cantante Ozzy Osbourne había renunciado al finalizar la gira en promoción del álbum Technical Ecstasy (1976), siendo sustituido por Dave Walker (quien había grabado junto a Savoy Brown y Fleetwood Mac) hasta enero de 1978 cuando Ozzy decidió volver a la banda.

Fue entonces que acordaron dirigirse a Canadá para grabar su nuevo disco, contando con la colaboración del futuro tecladista de Rainbow y años después de Deep Purple, Don Airey.

El álbum se inicia con el tema “Never Say Die”, el cual es todo un clásico del heavy metal, enérgico y dinámico, que fue incorporado en la gira de promoción del disco. Dicha canción la escuché por primera vez en agosto de 1983 en una excelente versión en vivo interpretada por Ozzy Osbourne en su álbum Speak Of The Devil de 1982, y hasta el día de hoy sigue siendo uno de mis temas favoritos del grupo.

El problema es que para mí no hay algún otro tema del disco que lo supere.

Sin embargo, no puedo decir que el disco no contenga temas de calidad, porque si los tiene, pero pienso que en temas como “Air Dance”, después de un buen comienzo, los músicos se muestran un poco desorientados cuando llevan la canción a terrenos propios del jazz.

La misma falta de orientación se encuentra en “Shock Wave”, pieza que comienza con un excelente riff por parte del guitarrista Tony Iommi pero con tantos cambios a lo largo de sus cinco minutos, cuesta definir hacia dónde va el tema. Aún así, formó parte del repertorio de la gira junto con “Never Say Die”.

Debo señalar que Tony Iommi es un experto al efectuar cambios de riff en una sola canción, ejemplo de ello lo escuchamos en clásicos como “War Pigs” y “Electric Funeral” de Paranoid (1970), “Into The Void” de Master of Reality (1971), “Under The Sun” de Vol 4 (1972), “Megalomania” y “The Writ” de Sabotage (1975), por nombrar algunos; pero por algún motivo no termina de convencer con “Shock Wave”.

Por otro lado, considero que “Johnny Blade” es un gran tema pero algo atípico de Black Sabbath, tal vez debido a que se apoya mucho en los teclados, por lo que extraña que Don Airey no haya recibido crédito en la composición de éste, ya que la introducción de la canción se asemeja de algún modo a lo que el teclista realizaría junto a Rainbow con el comienzo de “Eyes Of The World” en 1979 y, sobre todo, con “Mr. Crowley” de Ozzy Osbourne en 1980.

Al finalizar “Johnny Blade” y casi sin solución de continuidad comienza otra gran pieza de nombre “Junior’s Eyes”, compuesta durante el breve tiempo que estuvo Dave Walker en la banda y a la que el bajista Geezer Butler junto con Ozzy le cambiaron las letras debido a que éste último se negó a interpretar las escritas por Walker.

El cantante siempre sintió cierta afinidad con este tema, ya que al igual que el personaje descrito en la canción, Ozzy había perdido a su padre recientemente, de allí la frase “Junior lloró, el día en que su mejor amigo murió”.

Otro tema que se destaca del disco es “A Hard Road”, el cual contiene un pegadizo riff y que fue junto a “Never Say Die” emitido constantemente en las emisoras de la época y de hecho, se filmó un vídeo del mismo, pero nunca fue interpretado en vivo por la banda.

El álbum concluye con los temas “Over To You”, en donde de nuevo el principal protagonista son los teclados de Don Airey, aunque en realidad no es un mal tema; lo sigue el instrumental “Breakout”, un tema algo flojo con la aportación de Wil Malone en los metales (futuro productor del primer disco de Iron Maiden).

Unido a ella sin solución de continuidad está “Swinging The Chain”, con Jon Elstar en la armónica y con el baterista Bill Ward en la voz principal, ya que se ha dicho que Ozzy Osbourne se negó rotundamente a interpretarla.

Si bien dicho tema nunca ha sido de mis favoritos, tomando en cuenta los acontecimientos que tenía reservado el futuro para Black Sabbath, las letras de esta canción resultan ser un poco proféticas cuando dice: “Estamos tristes y lamentamos que las cosas hayan resultado de esa manera”.

Al considerar que Ozzy fue despedido cuando intentaban grabar su siguiente disco, estas letras no estaban muy alejadas de la realidad.

La producción del disco corrió a cargo de Black Sabbath, es decir, de Tony Iommi, de allí su similitud con el sonido de su anterior álbum Technical Ecstasy, y al igual que éste, la portada fue diseñada por la firma Hipgnosis, famosa por su trabajo con las portadas de Pink Floyd y Genesis, entre otros.

Este fue el último disco de la formación original de Black Sabbath. Se dice que el consumo de alcohol y las drogas deterioraron de manera considerable la relación entre los músicos.

No puede decirse que se trata de un mal disco, sino que está por detrás de otros grandes creados por la banda. Para mérito del mismo puedo decir que no se parece a ninguno de los anteriores y para todo fan de Black Sabbath es indispensable.

Por último, resulta muy difícil señalar a quien puede atribuirse la responsabilidad que el disco no haya funcionado como los anteriores. ¿Se trataba de Ozzy Osbourne?

La respuesta sería ¡no!, por cuanto su siguiente trabajo como solista, es decir, Blizzard Of Ozz es hoy en día uno de los grandes clásicos del rock.

¿Que si el problema eran los otros tres? Tampoco, ya que su siguiente trabajo fue Heaven And Hell, otro clásico. Sencillamente, pienso que la química entre estos cuatro músicos se había esfumado y era el momento para hacer un cambio.

Rafael Coutinho



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