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Blood on the Tracks: gran clásico acústico de Bob Dylan

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Blood on the Tracks

En plena madurez creativa, el prolífico y distintivo cantautor emblema de Nueva York, publicó en enero de 1975 un trabajo acústico, uno de sus grandes.

Bob Dylan
Blood on the Tracks
Columbia. 1975. EE UU

Decir que escuchar a Robert Allan Zimmerman, a.k.a. Bob Dylan, es tan necesario como rezar el “Padre Nuestro”, no es exagerado. Me refiero a su música y su poesía, cuyo estilo puede ir de los versos más sublimes a los más mordaces.

Dylan puede “Tocar a las puertas del cielo” con igual o mayor densidad con la que fielmente describe a “Una dama de ojos tristes de las llanuras”.

Su sarcasmo e ironía son manejados tan meticulosamente que no sabemos decir con certeza quién es “El hombre de la pandereta”, al menos que nos hayamos empapado de sus extensas composiciones y hurgado bien cada palabra y cada verso con el cual Dylan, con sobrada frecuencia, nos ajusta en modo reflexivo.

Sangre en las vías es el décimo quinto álbum de Bob Dylan, una colección de diez temas con claros rasgos autobiográficos –aunque él mismo lo haya negado– y con un gran atractivo en su planteamiento instrumental con el cual lo acústico abraza a plenitud el álbum que llega a sus 45 años.




Este LP nos muestra la imagen del perfil de Dylan llevando gafas oscuras, viendo hacia el lado izquierdo y con un tono vino tinto predominante entorno a dicha imagen.

Tomada por Paul Till, la foto portada nos abre el excitante camino a estas diez canciones que Bob Dylan, apresuradamente, regrabó entre Nueva York y Minneapolis poco antes de su lanzamiento y que inicialmente generara sentimientos ambivalentes entre críticos y fans, pero al cual el implacable tiempo le haría justicia al considerarlo una de las obras más importantes de su dilatada discografía.

El álbum, antecedido por tres buenas obras como son Pat Garrett & Billy The Kid de 1973, Before The Blood y Planet Waves, ambas de 1974, encuentra a Zimmerman sumido en un gran conflicto marital con su esposa Sara. Demos un oído a los temas de esta obra y dejémonos llevar por nuestros instintos.

El disco abre con los guitarristas Chris Weber y Kevin Odegard, y la base rítmica de Bill Berg y Billy Peterson en “Tangled Up In Blue”, donde Bob nos canta:

“Una mañana temprano brillaba el sol / Yo estaba tumbado en la cama, preguntándome si ella habría cambiado…”

La pieza aunque bastante lineal, atrapa para empezar el disco, y no encontramos en ella solo alguno más que el de la armónica al final. En Dylan, todo está en la letra.

Le siguen los temas “Simple Twist of Fate”, “You Are a Big Girl Now” e “Idiot Wind”. En la primera Dylan, en un tono más triste y acompañado inicialmente de la guitarra, nos dice: “Se sentaron en el parque / Mientras el cielo se oscurecía / Ella lo miró y él sintió un cosquilleo en los huesos / Entonces se sintió solo, lamentó sus faltas”

Tony Brown se hace del bajo para acompañar a Dylan. Bob repite con un solo de armónica mientras dibuja este “simple vuelco del destino”. La voz de Dylan es triste pero agradable, menos nasal tal vez.




En la segunda le escuchamos de nuevo con Odegard y Weber pero esta vez con Gregg Inhofer al piano. Es tal vez el tema más hermoso del disco. Bob Dylan nos canta: “Nos hablamos sin rodeos, y me quedé embelesado /ahora vuelvo a la intemperie / Y tú estás a cubierto…”

Dylan, recurrente en la armónica tras la última estrofa, nos atrapa con este tema pero nos distancia un poco con “Viento Idiota”:“Alguien me la tiene jurada, me calumnian en la prensa / Quien sea que lo deje ya, pero sabe Dios cuando lo hará / Dicen que disparé a un tal Gary y me lleve a su esposa a Italia…”

Con la presencia del Hammond bajo las manos de Inhofer y nuevamente la base rítmica de Berg y Peterson, Dylan nos llega con más fuerza que los temas que anteceden.

Sin embargo, encontramos además a un Dylan con varios matices vocales. Un Dylan que sin duda se siente más confiado y distanciado de los temas breves. Como era de esperarse, despide a este tema con un solo de armónica.

You’re Gonna Make Me Lonsome When You Go” cierra la primera mitad del disco con Dylan abriendo en la armónica y contándonos: “El amor vi pasar ante mi puerta / Nunca lo tuve tan cerca / Nunca fue tan plácido o sencillo / Di palos de ciego mucho tiempo / Lo que no está bien está mal / Me quedaré muy solo cuando partas…”

La idea inicial de este celebrado álbum era con una banda eléctrica que incluiría al gran guitarrista Mike Bloomfield. Dylan, sin embargo, decidiría por algo con mayor acento en lo acústico.

El nativo de Duluth, Minnesota, también habría presentado estos temas a algunos de sus amigos músicos, entre ellos Graham Nash y Stephen Stills. Este último diría a Graham Nash, “Dylan es un gran escritor pero no músico”.




Durante esta época de esplendor, Dylan habría tenido la gran influencia del pintor Norman Raeben, quien produjo en él un gran efecto transformador que sería una piedra angular como elemento inspirador para este álbum. “Me enseñó como ver de un modo que me permitiera hacer conscientemente lo que inconscientemente sentía”, declaró el cantautor estadounidense.

Meet Me In The Morning” continua el repertorio: “Nos vemos en la mañana, en la 56 con Wabasha / Nos vemos en la mañana, en la 56 con Wabasha / Cariño podríamos estar en Kansas / Cuando empiece a fundirse la nieve…”

La guitarra en esta ocasión es la de Charles Brown III y los teclados son de Thomas Faul. Dylan es más franco y no usa recursos literarios como sí lo hace en “Lily, Rosemary and the Jack of Hearts” (Lily, Rosemary y la Sota de corazones), el siguiente tema donde Bob, a lo largo de 24 estrofas de cinco versos cada una, nos detalla una historia que en parte dice: “Tras el escenario, las chicas jugaban al descubierto en la escalera / Lily tenía dos reinas y esperaba una tercera para el trío / Las calles se iban llenando, la ventana estaba abierta / Soplaba una fresca brisa, la sentías también dentro / Lily subió la apuesta y le salió la sota de corazones…”

Dylan narra la aventura con pleno acento country.

Le siguen las composiciones “If You See Her, Say Hello”, “Shelter From The Storm” y “Buckets of Rain”. En la primera, destaca el mandolinista Peter Ostroushko.

Es un hermoso tema acústico que en parte dice: “Si la encuentras, bésala por mí / Siempre respeté sus estallidos de libertad / Y nunca voy a interferir en aquello que la haga feliz…”

En la segunda nos encontramos con el Dylan de las crónicas sociales en “Cobijo en la tormenta”: “Fue en otra existencia, una de sudor y sangre / Cuando la negrura era virtud y el camino cenagoso / Venía del desierto como una rara creatura / Ella dijo, Pasa, te doy cobijo en la tormenta…”. Acá es solo Dylan y su guitarra… y como suele ocurrir, la armónica al final.




Culmina el álbum con la nostálgica “Cubos de lluvia”: “Cubos de lluvia / Cubos de lágrimas / Tantos cubos me salen ya por las orejas / Rayos de luna a cubos en mi mano / Hay tanto amor en mí, niña mía / Como puedes soportar….”

Como en el anterior, Tony Brown retorna al bajo en este tema donde Dylan nos dice un poco cuan triste es la vida pero que igualmente debe uno esforzarse por hacer las cosas bien. En 1975 el tema fue parte del álbum Songs For The New Depression of Bette Midler.

Blood on the Saddle, frase que forma parte de uno de los versos del tema “Idiot Wind”, pudo haber sido la inspiración para titular Blood on the Tracks, un disco donde además participaron el guitarrista Eric Weissbereg, el baterista Richard Crooks y Buddy Cage en el pedal steel guitar, todos bajo la ingeniería de audio de Phil Ramone y Paul Martinson, y con la amplia recomendación que desde Ladosis te hacemos para que escuches la poesía necesaria de Robert Zimmerman y alimentes el alma como nunca.

Leonardo Bigott


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