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The Great Annihilator: la potencia aniquiladora de Swans

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Swans

A comienzos dde 1995 fue publicado el noveno álbum de estudio del proyecto liderado por Michael Gira, un inquietante y brutal manifiesto industrial

Swans
The Great Annhilator

Young God Records. 1995.  EE UU

Para el momento en que la banda comandada por el cantante, guitarrista y compositor Michael Gira editaba su noveno álbum de estudio, habían pasado 13 años desde el primer asalto a los sentidos y varias etapas dentro de la constante evolución de Swans.

Luego de Love of Life (1992), sobrevino una pausa que desembocó en una trilogía de trabajos en 1995, dos solistas (Sacrificial Cake de Jarboe; Drainland de Gira) y The Great Annihilator, los cuales a la postre conformarían junto a Soundtracks for the Blind (1996), le etapa final de Swans en en el siglo 20 y con la teclista, cantante y compositora Jarboe.

Luego de esta etapa se abriría un largo silencio de 14 años en la vida del proyecto.

La constante presencia del gran aniquilador

The Great Annihilator está compuesto por 16 temas, con un intro y un outro cuasi instrumentales. La portada de Phil Pulleo muestra el símbolo de infinito, y ya esa puerta de entrada es elocuente.

Las guitarras de Gira, Clinton Steele y el fiel Norman Westberg toman un rol protagónico a lo largo del disco, con una base rítmica envidiable conformada por Algis Kizys y el versátil Bill Rieflin (†), un baterista ligado al rock industrial con Ministry, Revolting Cocks, Lard y Pigface y miembro de King Crimson hasta su reciente fallecimiento.

Por su parte, Jarboe, como había sido desde su llegada al grupo, se encargó de teclados, voz, sonidos diversos y sobre todo de introducir el sensual misterio.

Tras el intro “In”, irrumpe “I Am the Sun”, intenso tema de corte industrial, que da paso a “She Lives”, el tema más largo del disco con siete minutos de inquietante ambientación y ululantes guitarras acústicas envueltas en extrañas sonoridades.

Sin duda, uno de los momentos más memorables del disco.

Celebrity Lifestyle”, fue publicado como single, un denso tema de avasallante ritmo y guitarras abrasivas, en línea con los discos anteriores.

Gira canta: “El signo secreto de una existencia con encanto / Es el líquido brillante en sus labios / Y el éxtasis que viene con su imagen / Crece del poder que le da el dinero / Y ella tiene un estilo de vida de celebridad / Y ella solo está flotando en el espacio / Sí, ella tiene un estilo de vida de celebridad”

Las siguientes tres piezas son de naturaleza contrastante, comenzando con “Mother/Father” con la voz angustiosa de Jarboe, siguiendo con la sombría “Blood Promise” y terminando con la más accesible “Mind/Body/Light/Sound”.

Otro de los temas que se escabulle por nuestra sangre y nos contamina es “My Buried Child”, con el enigmático erotismo de la sacerdotisa Jarboe como protagonista. Es sucedido por la fabulosa “Warm”, la pieza más envolvente y sosegada, perfecto puente hacia la segunda mitad del disco.

La descarnada “Alcohol the Seed” tiene la estructura mántrica del Swans más abrasivo y luego de ella la introspectiva balada “Killing the Company” nos remueve.

Mother’s Milk” posee esa inquietante belleza aportada por Jarboe cuando deja quietos sus demonios. Luego, “Where Does a Body End”, a pesar de la rítmica, nos arrulla gracias a las voces

El tramo final lo domina “Telepathy”, pieza de seis minutos, de repetitivo ritmo sobre el que navegan las guitarras mientras Gira desgrana su críptica letra: “Te vi por la ventana masturbándote con la violencia / Y la sangre y los cuerpos flotaban a través del sol azul / Y la tierra verde se convierte en carne en tu mano / Y el éter nació en los pulmones de un hombre antiguo /Alucinamos por la noche / Nuestra mente está en la luz”

El tema que da nombre al disco, “The Great Anhilator” (El gran aniquilador), es una especie de reencarnación industrial de “Tomorrow Never Knows”, el tema final de Revolver (1966), inició de la psicodelia beatle.

La conclusión del álbum –el outro o salida- es “Out”, delicada pieza con los susurros de Jarboe. Después de los vaivenes, la calma final.

La música de Swans es rica en matices y un inagotable manantial de sonoridaes que a lo largo de cinco décadas se ha reinventado una y otra vez. Lo más interesante es que han pasado 25 años de este trabajo y bien podría ser lo nuevo de Swans.

Juan Carlos Ballesta