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Bob Dylan: de vocero de la contracultura al Nobel de Literatura

2029
Bob Dylan
Dylan por William Claxton, 2009

La polémica quedó servida apenas se anunció que el cantautor estadounidense recibía el Premio Nobel de Literatura 2016, para nosotros, muy merecido


Para sorpresa de muchos puristas de la literatura y de personas que piensan que un cantautor no puede estar a la altura de un “verdadero escritor”, el estadounidense Robert Allen Zimmerman, ha sido reconocido con el más alto de los reconocimientos que se le otorga a un escritor: el Nobel de Literatura.

Por primera vez el premio es otorgado a un personaje ligado intrínsecamente con la música y sobre eso la Academia sueca dijo que el premio es “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. No es la primera vez que se afirma algo como eso.

Quizá Dylan no necesite el premio, como tampoco necesitaba otros anteriores. Los premios y las academias lo necesitan más a él que él a ellos. Lo cierto es que, tal como escribió y cantó en 1964, en 2016 también “los tiempos están cambiando”.

Juan Carlos Ballesta

 

Desde que irrumpiera en la comunidad folk de Manhattan en Nueva York (adonde había llegado para visitar a su héroe enfermo, Woody Guthrie) con una guitarra, una armónica y un buen puñado de textos cargados de denuncia social, amor y desamor en tono confesional, Dylan se convirtió en el paradigma de los cantautores, demostrando que para cantar no hacía falta una gran voz sino cosas que decir, y decirlas de manera diferente.

No hay un cantautor que haya sido más versionado que él. A los 75 años, sigue editando discos de altísimo nivel.

No es común que un artista de música pop pueda mantenerse vigente durante seis décadas. Menos usual resulta que siga escribiendo grandes canciones después de cumplir 50 y 60 años, algo que pudiera ser más propio de un escritor de ficción o un poeta en la forma tradicional.

Bob Dylan y su eterna vigencia

Bob Dylan es un cronista de su tiempo y lo ha demostrado con cada canción que escribe. Muchas de ellas retratan momentos históricos de gran importancia, pero también las miserias humanas y los sentimientos más puros.

Dylan no hace canciones siguiendo la estructura tradicional con coro y estribillo, son historias, crónicas, reflexiones en prosa llenas de florituras poéticas.

Hay algunos personajes que desafían al tiempo, las modas, los cambios en la industria musical, la tecnología e incluso sus propias contradicciones. Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, cumplió tres cuartos de siglo en mayo pasado con su inspiración a tope, sin atisbos de agotamiento, con una seguidilla de varios discos de estudio fantásticos.

Time Out of Mind (1997), Love and Theft (2001), Modern Times (2006), Together Through Life (2009) y Tempest (2012), ontienen un buen racimo de dardos envenenados y unas cuántas de sus mejores historias, como por ejemplo su particular narración de la tragedia del Titanic en el tema “Tempest”.

A estos discos se unen otros tres en los que revisa la tradición musical norteamericana que tanto lo inspiró en sus comienzos.

Bob Dylan
Dylan por William Claxton, 2009

Dylan: de las confesiones íntimas a la crítica política

El aporte e influencia de Dylan en la música popular resulta difícil de cuantificar. Como compositor ha incursionado en la canción folk confesional y la denuncia política, y desplegado una narrativa que se ha movido de los relatos de conciencia a los más alucinados pasajes.

Desde su irrupción con su homónimo debut de 1962 rompió con el mito y la noción que para cantar había que tener una gran voz. Con su voz nasal y su peculiar estilo redefinió el rol de los vocalistas dentro de la música popular.

Ayudado por su guitarra acústica y armónica, en apenas dos años lanzó los primeros discos que lo convertirían, muy a su pesar, en la voz de aquella generación: The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), The Times They Are A-Changin’ (1964), Another Side of Bob Dylan (1964) y Bringing It All Back Home (1965).

En ellos aparecen clásicos como “Blowin’ In the Wind”, las críticas “Masters of War”, “A Hard Rain’s a-Gonna Fall” y “The Times They Are A-Changin’”, “All I Really Want to Do”, “My Back Pages”, “Subterranean Homesick Blues”, “The Lonesome Death of Hattie Carroll” y “Mr. Tambourine Man”, entre muchos otros.

Bob Dylan
Dylan en 1965

Aunque su primera etapa es la que lo posicionó, Bob ha trascendido más allá de la generación que lo transformó en un icono contracultural de cuya voz salían cuestionamientos con los que casi todos se identificaban o descarnadas canciones de amor, desamor, soledad y desarraigo.

Así, sucesivas generaciones han bebido de sus formas y mantenido su nombre como uno de los pilares en la evolución no sólo del country folk rock, sino de la canción de autor en términos generales, aún durante su período de menor impacto durante los años 80 y principios de los 90.

Son pocos los interpretes y cantautores dentro del folk-country-rock que no han versionado a Dylan alguna vez, desde Nick Cave a Cat Power, desde Neil Young a PJ Harvey…la lista es inmensa.

En los últimos años ha recibido diversos premios por sus discos y canciones, ha sido la inspiración del soberbio film de Martin Scorcese “No Direction Home”, motivo de varios libros biográficos, e incluso galardonado con el Premio Príncipe de Asturias y el Pullitzer.

A poco más de medio siglo de lanzar sus primeros acordes ante la comunidad folk del Greenwich Village de Manhattan, el gran Bob sigue su curso.

Cuándo Bob Dylan se volvió eléctrico

El paso en 1965 de cantante folk acústico a furioso cantautor eléctrico fue la primera señal de su determinación. Así se expuso al mundo pop y desafió a los puristas del folk con obras de gran envergadura como Highway 61 Revisited (1965) -al cual pertenece “Like a Rolling Stone”, la canción que instauró en grande su etapa eléctrica- y el “tour de force” Blonde on Blonde (1966). Su carisma lo ayudó a pasar la prueba.

Un pequeño retiro reflexivo lo impulsó a regresar con dos discos que definirían el sonido del country rock: John Wesley Harding (1968) y Nashville Skyline (1969), quizá como fruto de la unión a la agrupación canadiense The Band, con la que editó algunos discos memorables como el doble en vivo Before The Flood (1974) o The Basement Tapes (1975).

Su aversión a la fama se hizo evidente en los años 70, aunque más tarde aprendió a convivir con ella sin atormentarse. Las sucesivas exploraciones religiosas lo llevaron del judaísmo al budismo y luego al cristianismo -etapa que arrojó varios discos entre 1979 y 1982 -, hasta desembocar en una forma menos activa de catolicismo.

Los años 80, los de menor influencia, arrojaron a pesar de ello algunos trabajos rescatables como Infidels (1983), Empire Burlesque (1985) y en especial Oh Mercy (1989), con el que iniciaría una fructífera relación de trabajo con el productor y músico canadiense Daniel Lanois.

La década de los 90 comenzaría con Under The Red Sky (1990) –producido por Don Was-, y los acústicos Good as I Been To You (1992), World Gone Wrong (1993), dos magníficos discos con versiones de viejos y oscuros temas folk, y Unplugged (1995), grabado en vivo en el programa de MTV.

Ya en el siglo 21, Dylan se convirtió en el artista de más edad en llegar al primer lugar de ventas con Modern Times (2006), un fabuloso compendio de todas sus influencias, del boggie blues al folk rock añejado.

Los más recientes Together Through Life y Tempest son extraordinarios testimonios de su vitalidad como autor, en sintonía con los preceptos que durante los últimos años ha repetido en relación al poco interés que le despiertan las nuevas tecnologías de grabación y los formatos digitales.

Canciones teñidas de blues, folk añejado, country fronterizo, retorcido swing sureño y melodías surgidas de bares crepusculares de cualquier carretera polvorienta.

Dylan: el escritor que canta lo que escribe

Bob Dylan es una necesidad emocional y ahora más que nunca su discurso literario transmutado en canciones, tan válido como quien escribe cuentos, novelas de ficción o crónicas, se hace necesario para entender a la sociedad contemporánea.

La música es en realidad el vehículo ideal para darle rienda suelta a su vena de escritor. Los paradigmas cambian. ¿Qué tiene de particular que la obra y trascendencia de Dylan pueda equipararse a la de Vargas Llosa, Octavio Paz, Albert Camus o William Faulkner?

Son 37 álbumes en estudio, 58 singles, 11 discos en vivo y 31 compilados hasta 2016. Dylan ha publicado 522 canciones/textos de su autoría hasta ahora, un cuerpo de trabajo inmenso y de gran impacto.

“That he not busy being born is busy dying” (“Aquel que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”). Parte de la letra de “It´s Allright, ma (I´m Only Bleeding)” (Está todo bien, ma (Solo estoy sangrando)).

Bob Dylan
Dylan por William Claxton, 2009