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Oh Mercy: la maravillosa clemencia de Bob Dylan

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Oh Mercy

El 12 de septiembre de 1989, después de una década errática, el emblemático cantautor editó un disco de altos quilates producido por el canadiense Daniel Lanois

Bob Dylan
Oh Mercy
Columbia. 1989. EE UU

Siempre resulta reconfortante retornar a la incisiva poesía y urticante música de Bob Dylan quien para 1989 editaba el álbum del cual celebramos treinta giros alrededor del Sol. Diez temas donde lo político, lo social, lo religioso y lo personal se desnudan, en ocasiones con crudeza pero siempre con la dulzura de la poesía del autor.

Oh Mercy fue grabado entre marzo y abril de 1989 en el estudio móvil de su productor, Daniel Lanois. Esta obra discográfica con olor a bosque y madera toma su titulo, según algunos, de la respuesta que el cantautor diera cuando se le preguntó sobre la música pop de los 80. ¡Clemencia!, diría el nativo de la ciudad porteña de Duluth, Minnesota.

Oh Mercy representa la 26ta. placa discográfica del catálogo de Bob Dylan, quien para esta oportunidad se hacia acompañar de una extensa lista de músicos invitados que incluía entre otros a Malcolm Burn en las teclas y el tamborín, Rockin’ Dopsie en el acordeón, la batería de Willie Green, el bajo de Tony Hall y los saxofones de Johnny Hart.

La atractiva portada que envuelve al disco es la de un mural obra de Trotsky, un graffittero vecino de la zona que creó la imagen de una pareja bailando. Esta gráfica que adornaba la pared de un restaurante chino en Manhattan, Nueva York, llamó la atención de Dylan, quien contactó al artista en cuestión logrando así obtener los derechos para hacerla portada de nuestro celebrado disco.




Considerado como un retorno altamente atractivo después de dos álbumes que no fueron bien acogidos por la crítica, Oh Mercy se erigió como el gran salvador de los finales de la década.

El disco inicia con el dobro de Lanois en “Political World” en la cual el autor emplea el término “político” de forma peyorativa. La pieza alude a la contienda entre H.W. Bush y Michael Dukakis, quien en opinión de Dylan aceptó la candidatura no por anhelo al poder sino porque sabía que sería derrotado.

Dylan nos relata: “Vivimos en un mundo político, no hay sitio para el amor, vivimos en un tiempo de delincuentes y el delito no tiene rostro”. Sin duda, versos vigentes treinta años después. La pieza nos presenta a Brian Stoltz y Mason Ruffner en las guitarras junto a Cyril Neville en la percusión.

El álbum continua con “Where Teardrops Fall” donde Bob nos cuenta: “Allá lejos, donde soplan las brisas, lejos de todo, te espera un lugar donde caen las lágrimas”. La pieza es una de las más atractivas del disco y destaca a Alton Rubin Jr. en el “scrub board” que no es otra cosa que un tabla de fregar ropa portátil y que suele usarse en la música folk y el bluegrass. También resalta John Hart en el saxofón.

Cierra esta trío inicial de temas con la bíblica “Everything is Broken” donde Dylan abre con una lapidaría estrofa recalcando que “Todo está roto”. El percusionista Daryl Johnson y Brian Stoltz acompañan a Bob.




La segunda tríada inicia con “Ring Them Bells”, una pieza donde resalta el carácter religioso. Dylan canta: “Toca las campanas dulce Marta, por el hijo del pobre, Toca las campanas para que el mundo sepa que Dios es uno, el pastor está dormido donde lloran los sauces y las montañas rebosan de ovejas descarriadas” .

Dylan al órgano Hammond da el toque sacro necesario para ambientar la pieza.

Man In The Long Black Coat” sigue el repertorio con Burn al teclado y una resonante armónica con un ligero eco en las manos de Dylan quien nos cuenta: “Cantan los grillos, suben las aguas, un blando vestido de algodón cuelga ya seco, ventana abierta, árboles africanos, combados por el soplo de un huracán…”.

Most of the Time” cierra la segunda tríada (abriendo el lado A en tiempos en que el CD desplazaba al LP) con un carácter más personalista: “Normalmente, sé lo que me llevo entre manos, normalmente tengo los pies sobre la tierra, sigo la senda, entiendo las señales, no me desvío a medio camino, puedo afrontar lo que venga…”

Neville toma nuevamente la percusión acompañado de Hall al bajo y Burn en las teclas.

What Good Am I” es la séptima pieza del repertorio. Lanois de nuevo al dobro acompaña a Bob Dylan en esta amorosa canción: “¿De qué valgo si soy como todos, si doy media vuelta cuando veo como vistes, si me aislo para no oírte llorar, de qué valgo”. Burn al teclado añade un sutil fondo mientras guitarra y voz protagonizan este triste tema.




En “The Disease of Conceit” (El mal de la presunción o también El mal de la arrogancia) Dylan alude al bochornoso hecho en el cual el televangelista Jimmy Swaggart fue encontrado con una prostituta en un motel. “Mucha gente sufre esta noche por el mal de la presunción, mucha gente pelea esta noche por el mal de la presunción…”  nos relata Dylan.

La penúltima canción es “What Was It You Wanted” a la cual Bob Dylan se refiere como una reflexión sobre la fama. “Qué es lo que querías, dímelo otra vez y así lo sabré, qué pasa ahí dentro…”.

Lanois al dobro y Dylan en la armónica hacen el eje sobre el cual va la letra del poeta.

El disco culmina con el dobro de Lanois abriendo el tema “Shooting Star”: “Anoche vi una estrella fugaz y pensé en ti, intentaba penetrar en otro mundo, un mundo que no conocía. Siempre me he preguntado si llegaste a entrar, anoche vi una estrella fugaz y pensé en ti”.

Dylan destaca acá con un solo de armónica al final para así concluir este emblemático disco. En la letra existen referencias bíblicas y también de una “última radio” que posiblemente se refiera a las emisoras que Dylan solía oír luego de horas en el estudio de grabación.

En las sesiones de Oh Mercy, Series of Dreams” y Dignity” fueron otros dos temas que Dylan quería para este disco.

El primero sería la principal selección del productor Daniel Lanois para abrir el álbum pero Bob Dylan tenía la última palabra y en el segundo Dylan finalmente decidió omitirlo por no estar del todo satisfecho con la calidad de la grabación. Ambas aparecerían en discos recopilatorios.

Con Oh Mercy, Bob Dylan se garantizaba la entrada a una nueva década con buen pié.

Leonardo Bigott


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