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Bon Iver y la colosal e inmersiva deconstrucción del folk

Bon Iver live 2022
Foto: Matthew Baker - Getty Images

La agrupación de Justin Vernon finalmente se presentó en Madrid, tras una espera de dos años, saldando con creces la espera con un concierto mágico

Bon Iver
Concierto en Wizink Center, Madrid

(Noviembre 9, 2022)

Pasaron dos años para que finalmente el proyecto del norteamericano Justin Vernon pudiera presentarse en España. Abril de 2020 era el timing perfecto para presentar el que era su nuevo disco I, I publicado en agosto de 2019, pero la pandemia mandó todo al traste.

Pocas esperas han merecido tanto la pena como este concierto digno de análisis e innumerables calificativos positivos, pero con uno que define todo: perfecto.

Lo de Bon Iver es un espectáculo como pocos se encuentran hoy en el amplísimo panorama musical del planeta. Y es muy probable que Vernon y otros como él tengan ya claro que los tiempos postpandémicos requerirán de shows inmersivos.

Todos los componentes se conjugaron para ofrecer un resultado de altísimo nivel: composiciones, arreglos, performance, sonido, luces, escenografía que incluyó seis pequeñas tarimas para cada músico, triángulos de neones y paneles móviles de luces en suspensión…Nada quedó al azar, todo en absoluta sincronía.

Lo mejor de todo es que tanta perfección no fue enemiga de la inspiración que desbordaron los seis músicos. Si pensamos en el rider técnico, nuestra imaginación vuela. Dos baterías, múltiples teclados y sintetizadores, guitarras, bajo, saxo, secuencias, paneles de luces sincronizados. Pero para eso está gente especializada haciendo el trabajo.

Y surgen las preguntas: ¿Qué magia ha podido ocurrir en Bon Iver para que en directo sea una experiencia sonora y emotiva incomparable?

Es notorio que las canciones suenan distintas. La deconstrucción del lenguaje folk con el cual Vernon comenzó el proyecto es sorprendente. ¿Es posible hacer folk con intrincadas construcciones electrónicas, voces modificadas, explosivas baterías y mucha electricidad?

Pues ese es el gran mérito de Justin Vernon (voz, guitarras, teclados, loops) y su más que destacable grupo de músicos: Jenn Wasner (guitarras, teclados, coros), Sean Carey (batería, piano eléctrico, sintetizadores, coros), Andrew Fitzpatrick (guitarra, teclados, coro), Mike Lewis (bajo, guitarra, saxo, teclados) y Matthew McCaughan (batería, coros, secuencias)

Bon Iver live 2022
Wizink Center. Foto: Andrés Iglesias

No habían transcurrido ni 10 minutos de show cuando nos asaltó la inquietud: ¿Porqué este show suena tan distinto a la mayoría que hemos visto en estos nuevos tiempos post-pandemia? Algo marcaba la diferencia.

Se trata de un modernísimo sistema diseñado por la compañía francesa L-Acoustics, que fue utilizado por primera vez por Bon Iver en 2018 para crear un paisaje sonoro panorámico con audio de alta resolución. Desde entonces, la banda continuó trabajando con la compañía, usando su tecnología de sonido hiperreal L-ISA para crear una conexión profunda, inmersiva y completa con la audiencia, sin importar el lugar de su ubicación.

Esto crea nuevos paradigmas y probablemente en el futuro cercano llevará a que el público tenga criterios de selección para comprar entradas tanto para un show de gran magnitud como uno íntimo.

Sin duda, todo el que haya asistido a esta gira de Bon Iver, debe haberse sorprendido con la claridad del sonido, sin importar si estaba al frente o a los lados.

Bon Iver live 2022
Wizink Center. Foto: Andrés Iglesias

Esta circunstancia permite que Vernon y su banda hayan asumido riesgos en los arreglos. Canciones de su primer disco, For Emma, Forever Ago (2007), compuestas e interpretadas originalmente casi al completo por Vernon en una cabaña perdida de Wisconsin en la Norteamérica profunda, conservaron su esencia pero su envoltorio ganó en capas de instrumentos.

Así, “Flume” fue el primer momento folk con acento acústico de la noche, acompañada por luces tenues surgidas de los paneles en suspensión; la balada triste “Blindsided” trajo de nuevo el espíritu intimista del primer disco, con unos coros fenomenales y un solo de guitarra brillante; la pegadiza “Skinny Love” -una de las mejor recibidas- sonó más potente gracias a las dos baterías; “The Wolves (Act I and II)” fue apoteósica cerrando, mientras que ““re: Stacks” -la primera del encore- fue tocada por Justin solo, con reminiscencias a Paul Simon.

Siete temas de i,i fueron desplegados a lo largo del setlist, comenzando con “Yi” e “iMi”. La primera de ella nos hizo desprejuiciarnos de una vez de la utilización del autotune, un recurso al que particularmente le rehuimos. Ese efecto estuvo presente varias veces durante el show, pero manejado con inteligencia adquiere otra dimensión.

Nuestro disco favorito, Bon Iver (2011), no estuvo tan presente. Sin embargo, las tres piezas que lo representaron, fueron de lo mejor.

Bon Iver live 2022
Foto: Matthew Baker – Getty Images

La primera fue “Towers”, con una secuencia sobre la que navegó la guitarra y el conocido falsete de Vernon a veces modificado, con dos potentes baterías que se unieron avanzado el tema. Las otras sonaron en el tramo final, “Perth” -intensa con un crescendo casi a lo Swans– y “Holocene”, de innegable melancolía.

U (Man Like)”, uno de nuestros favoritos de I, I, sonó especialmente sensible, con una lograda telaraña de efectos electrónicos casi imperceptible sobre los que suena el piano, una eventual armónica, y las magníficas armonías vocales.

Otro de los momentos claves fue “Heavenly Father”, parte del soundtrack de “Wish I Was Here” (2014), en el que las voces juegaron un rol fundamental especialmente por la segunda voz de Wasner.

Hey, Ma” fue otro de los temas favoritos del público. Fue ubicado justo después de “Flume”, quizá para hacer notar el contraste entre lo que fue Bon Iver y lo que es ahora. Contraste que fue aun mas notable con “10 Dead Breast”, la primera de tres del disco 22, A Million (2016), llena de glitches y tirabuzones electrónicos.

Jelmore” y “Faith” continuaron la exploración de I, I y las posibilidades de la voz y las manipulaciones electrónicas. Entre ellas, en una de sus esporádicas intervenciones, Vernon agradeció el largo tiempo de espera, dándole paso al ritmo electrónico sobre el que canta con su guitarra acústica, con unos coros magníficos.

El EP Blood Bank nos trajo dos joyas. “Woods” fue una de las más descarnada muestras de talento de Vernon para manejar su voz de mil maneras, con loops, técnicas de doblaje, y otras virguerías que fueron creando un entramado vocal impresionante. Y enseguida el deslave emocional de “Blood Bank”, con gran guitarra, estupendas baterías y armonías vocales que desarman a cualquiera. El final fue memorable.

Bon Iver live 2022
Wizink Center. Foto: Andrés Iglesias

El setlist afortunadamente contiene dos de los mejores temas de 22, A Million, justamente ubicados en el último tercio del show. Uno de ellos es “45”, con ese juego magistral del saxo con los teclados y la voz. El otro, “33 “GOD”” y sus contundentes baterías, con participación protagónica de Carey en la segunda voz. Quizá haya sido en este tema donde la voz modificada chirría un poco.

Vernon supo hilar el falso final y el encore con dos piezas del primer disco. “The Wolves (Act I and II)”, apartando la aguda voz, recordó a Low por ese caracter que relaciona lo bucólico con lo doloroso, con un apoteósico crescendo que comenzó con esporádicos y contundentes golpes de batería y terminó con ellas enloquecidas junto a capas y capas de instrumentos.

El encore fue pensado para dejarnos reflexivos. Primero “re:stack” en plan trovador con su guitarra a lo Paul Simon. Y no sin antes presentar a la banda, agradecer y desear que nos fuéramos repartiendo más amor que antes de acudir al concierto, nos dejó con “RABi”, reflexiva pieza que canta casi en plan súplica, realmente ideal para poner el broche a un concierto inolvidable.

CARM: la magnífica bienvenida

No pudo haber una mejor elección para dar comienzo a una noche única que el proyecto del trompetista francés nacido en New Jersey, Carmen Jonathan Camerieri (CJ Carmerieri), entre cuyos logros están dos Grammy por su participación en el disco Bon Iver (2011).

El proyecto CARM incluye a otro grande, el productor y multiinstrumentista Ryan Olson, también ligado a Justin Vernon, incluso desde antes que existiera Bon Iver.

Entre ambos nos regalaron un set realmente memorable, solo con laptops, controladores, mezcladores y trompetas, con temas pertenecientes a los dos discos, CARM (2021) y CARM II (2022), producidos por Olson y en los que colaboran, entre otros, Sean Carey, Justin Vernon, Yo La Tengo, Edie Brickell, Sid Sriram y Mike Noyce.

Ecos de Jon Hassell, Nils Peter Molvaer, Erik Truffaz, Arve Henriksen y Deathprod (y por supuesto Supersilent), e incluso el King Crimson de la era que arrojó Earthbound (1972), desfilaron durante los magníficos 45 minutos de los que gozaron.

Como suele ocurrir, mucha gente no había llegado y por lo tanto no se enteraron de lo que se perdieron, mientras que algunos presentes no prestaron demasiada atención. Eso si, a un buen número de personas si les llegó y convenció su música. Y no era para menos.

Gran descubrimiento.

Juan Carlos Ballesta