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On Land: la culminación de la fantástica serie Ambient de Brian Eno

Brian Eno On Land

En marzo de 1982 fue publicado el álbum que selló el ciclo “Ambient” conceptualizado por el sorprendente músico inglés, una serie experimental que había iniciado en 1978 con Music For Airports.

Brian Eno
Ambient 4: On Land

EG Records. 1982. Inglaterra

 
El nombre Eno evoca un sinfín de adjetivos que intentan describir al creador de una obra sonora tan maravillosa como abultada. Recordado como el extravagante teclista de la banda glam, Roxy Music, Eno inició su carrera solista con el estupendo disco Here Comes The Warm Jets en 1974 y en el cual mantenía sus raíces rockeras, las cuales poco después iría decantando en un brote de creatividad ilimitada que resultó de una búsqueda constante que aún permanece.

Siempre inquieto, Eno no ha dejado de sorprender con cada impronta que hace disponible. Este álbum es el octavo disco de su carrera solista y es el último de la fantástica serie Ambient. El disco es, además, el sucesor de otra espléndida obra en la que Eno y David Byrne combinaron talentos y a la que llamaron Mi vida en el bosque de fantasmas publicado en 1981.

El interés de Eno por el ambient inició en 1975 con el disco Discreet Music al que le sucedieron Ambient 1: Music For Airport, Ambient 2: The Plateaux of Mirror, Ambient 3: Day Of Radiance y el disco que celebramos.




La historia de este tejedor de sonidos es fecunda y abarca varios períodos representados a lo largo de 28 álbumes como solista, 37 en colaboración con otros músicos y 14 discos recopilatorios.

Eno es materia obligada para cualquier cultor de la música y más allá de ella. Hoy nos enfocamos en este disco producido por él mismo. Grabado entre septiembre de 1978 y enero de 1982 en Nueva York, Eno es acompañado de músicos de la mayor relevancia en el género como el bajista Bill Laswell, el trompetista Jon Hassell, los guitarristas Axel Gros y Michael Brook, el teclista Michael Beinhorn y el conocido músico y productor Daniel Lanois.

Este álbum es una interesante combinación de una riqueza sonora extraída de varias fuentes con el uso del sintetizador. Durante el proceso de grabación Eno concluyó que el uso del sintetizador limitaba la capacidad expresiva, lo que le hizo cambiar de dirección hacia sonidos no convencionales grabados de la misma naturaleza como ranas e insectos y sonoridades extraídas de obras de sus trabajos anteriores.

Lo cual apreciamos desde el mismo inicio de esta increíble pieza discográfica en el tema “Lizard Point” compuesto por Eno, Beinhorn, Gros y Laswell quienes además tocan en la pieza.

El título alude al lugar más al sur de la península Lizard en Cornwall, Inglaterra. La pieza posee un claro tono “dark” y es amplia en espacios. Es uno de los ejemplos de lo que luego se dio en llamar «dark ambient»

Igualmente, es la segunda de las ocho obras del set, “Lost Days”, la más larga de todas con más de nueve minutos en cuyo desarrollo se percibe una fantasmal pulsación que flota sobre las capas de misteriosos sintes.




En “Tal-Coat”, la tercera pieza, Eno hace referencia al artista Pierre Jacob† (1905-1985), promotor del expresionismo abstracto y el Tachisme, un estilo abstracto francés que inspiró a Eno la idea de transportar a la música lo que puede hacerse en la pintura.

Lo que es en esencia el leit motif de esta excelente obra sonora.

Cierra el lado A el tema “Shadow” donde además de escuchar grillos y voces, escuchamos al excelso trompetista Jon Hassell con distintivo e hipnótico sonido (protagonista del disco firmado junto a Eno en 1980, Fourth World, Vol. 1: Possible Musics) y varios otros sonidos. Es la más corta del álbum.

El lado B inicia con “Lantern Marsh” y posteriormente “Unfamiliar Winds (Leeks Hills)”, ambos nombres de lugares en Inglaterra.

El primero donde creció Eno y el segundo un pequeño bosque en una colina que se encuentra entre Woodbridge y Melton, Inglaterra.

Seguidamente, Eno nos ofrece “A Clearing”, tema donde oímos un sonido ligeramente basculante en el cual prevalece además el elemento espacial, para finalmente cerrar el álbum con “Dunwich Beach, Autumn, 1960”, tema en el que participa Brooks y, al igual que los anteriores, éste posee el elemento geográfico pero esta vez aludiendo al próspero puerto marino del mismo nombre y que la erosión puso bajo el agua en un período de tres años.




Uno de los aspectos interesantes de este álbum es el elemento paisajista que nos va llevando de un lugar a otro a través de los sonidos. Es altamente creativo e imaginativo y lleno de sutiles sorpresas.

Eno nos lleva al punto de sugerir la configuración para disfrutar a plenitud de este disco proponiendo un sistema de cornetas de tres-vías. Eno nos dice además que esta obra es en sí un paisaje perturbador pero encima del cual flotan imágenes pastorales, sobre lo cual debo decir que ciertamente es así.

Viajemos entonces 40 años al pasado para volar con esta excelente obra maestra del dark ambient.

Leonardo Bigott


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