Inicio Archivo discografico La autoridad de tránsito de Chicago cumple 50 años

La autoridad de tránsito de Chicago cumple 50 años

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Chicago Transit Authority

La Chicago Transit Authority

Columbia. 1969. EE UU

 

La super banda Chicago Transit Authority representa uno de los fenómenos musicales más atractivos y constantes de la historia del rock. Fundada en 1967 en Chicago, Illinois, la banda posee un concepto enraizado en el rock and roll con un especial acento en una sección de metales que los ubicó, desde el primer momento, en una suerte de ambición que apuntaba hacia los sonidos experimentales de un Jimi Hendrix (†), la libertad del jazz al estilo de un Cannonball Adderley (†) e incluso las complejidades que encontramos en la música de Bach (†). Dicho de otro modo, una especie de “rock and roll big band”.

La obviedad de su nombre en aquel entonces no nos daba pista alguna sobre el material que hoy celebramos. Nick Fasciano simplemente plasmó el nombre de la banda sobre un fondo azul. Sería la única vez que la agrupación utilizaría ese nombre, pues ya desde su segundo álbum a la fecha se darían a conocer simplemente como Chicago, manteniendo la tipografía.

Yo tenía apenas ocho años pero recuerdo mucho escuchar “Does Anybody Really Know What Time It Is” y “Questions 67 & 68”, en especial esta última. Aunque niño, el “Sonido Chicago” quedó incrustado en mi memoria. Esos metales ciertamente sazonaron una propuesta que ha pasado por varias etapas, siendo la de sus primeros siete álbumes el período del “Chicago clásico”. Uno enmudece al recordar su cuádruple álbum en vivo en el Carnegie Hall, cuya caja traía un afiche de fotos del concierto y la memorable suite de “It Better End Soon”, además de otros clásicos temas.

Este doble álbum inicia con “Introduction” una composición del guitarrista Terry Kath (†) que apropiadamente abre este icónico álbum producido por James William Guercio. Este tema de Kath –uno de los guitarristas favoritos de Jimi Hendrix por aquellos días– inicia con el bajo de Peter Cetera, la batería de Daniel Seraphine, el teclado de Robert Lamm y la sección de metales que conformaban la trompeta de Lee Loughane, el trombón de James Pankow y el saxo de Walter Parazaider. El  impetuoso y rítmico comienzo es uno de los motivos que desgrana el particular sonido de Chicago. La voz de Kath es la protagonista de esta composición que sin dudas es un acertado comienzo. Las variaciones y la dinámica a lo largo de su 6’34” tienen un recurrente motivo hasta el 0’43”, momento desde el cual los metales descargan hasta el 2’26”. Un breve solo de Pankow nos introduce a una suerte de verso a lo Burt Bacharach con Loughane en la trompeta. Luego son Parazaider al saxo y Kath en la guitarra demostrando que Chicago es puro rock. Seraphine también descarga un poco para luego dar espacio a un fragmento en el más claro lenguaje Chicago,  esa avalancha de sonidos que brota de los metales y que es la marca de fábrica del septeto.

Does Anybody Really Know What Time It Is?” (¿Sabe alguien realmente qué hora es?) inicia con el intro del piano de Robert Lamm, su compositor, en jazzístico y con una interesante progresión de acordes que pareciera inspirada en un tema de Gershwin o Porter. Es luego la banda en pleno la que nos presenta la melodía. Kath y los chicos nos cuentan: “Mientras caminaba calle abajo un día, se me acercó un hombre y me preguntó qué hora era en mi reloj, yo dije ¿sabe alguien realmente qué hora es? ¿Acaso le importa a alguien? si es así, no puedo imaginar por qué, todos tenemos tiempo suficiente para llorar, tiempo suficiente para morir”. La segunda estrofa repite pero teniendo como protagonista a una dama cuyo reloj de diamante se ha detenido.

El primer lado culmina con la pegadiza “Beginnings” con su intro de guitarra acústica y escrita por Lamm, la banda toma un giro más romántico. “Cuando estoy contigo no importa donde estemos, lo que importa es que estoy contigo, cuando estamos juntos riendo, quisiera cantarte…”. La canción es sencilla y fresca sin mayor pretensión que un excelente arreglo de Pankow en los metales. Cetera destaca junto a Seraphine a mitad de camino. Luego son los “solos” de Pankow y Loughane con el coro cantando “Only the beginning…” y un poco de percusión latina al final que nos deja con ganas de bailar.

Un grato recuerdo es el primer surco del lado B del primer vinilo, “Questions 67 & 68” (Preguntas 67 & 68), donde la voz de Peter Cetera, menos comercial que años después, lidera esta composición de Robert Lamm, quien es más lineal y accesible en esta oportunidad. Cetera nos dice: “Quisiera saber, puedes decirme, no me digas…”  mientras los metales despliegan un extenso fragmento donde también se cuela la guitarra de Kath. El final es elocuente y también la antesala de “Listen” donde una vez más los metales destacan pero ahora junto a la guitarra de Terry y el bajo de Cetera. Es sin lugar a dudas la más rockera hasta el momento. Se aprecian el cencerro y las palmas.

El ingeniero Fred Catero deja poco espacio entre ésta y “Poem 58”, que a pesar de ser compuesta por Lamm, da pleno espacio a la guitarra de Kath para dar continuidad al sonido rockero de este cierre de la primera mitad. Seraphine y Cetera conforman la sección rítmica delante de la cual Terry demuestra su extraordinario talento a lo largo de los 8’36”, el segundo tema más extenso de nuestro celebrado vinilo. El abrupto cambio a la mitad le añade un tinte experimental que recuerda un poco a Cream y a Hendrix. Los metales llenan con plenitud el espacio.

El tercer lado inicia con “Free Form Guitar”, título que lo dice todo. Compuesta por Terry Kath, la pieza es muestra fiel del amplio lenguaje de su autor con el instrumento. Es una ruptura total con el resto del álbum, un toque de psicodelia. Es la evidencia sobre la cual Hendrix lo contaba entre sus favoritos. La pieza nos presenta una serie de sonidos sin estructura alguna. El mayor énfasis viene en la dinámica y la textura de las espontáneas frases del guitarrista. Un intrínseco Varese se hace presente. Y tras este extenso éxtasis cargado de colores y formas nos llega “South California Purples”. Más rock para que no queden dudas. El órgano de Lamm es otro de los protagonistas en esta ocasión. Un toquecito blusero para balancear. El solo de Kath es brutal y ecos de “I’m The Walrus” (The Beatles) encuentran espacio en esta excelente creación de Lamm.

Cierra el lado 3 con el clásico de Steve Winwood en sus días con Spencer Davis, “I’m A Man”. Claramente con arreglos diferentes pero con igual “punch”, Cetera y Seraphine lideran el camino. Robert Lamm entra con el órgano y luego es la guitarra de Kath. Más adelante Seraphine nos ofrece un extenso solo de batería que concluye cuando Kath se cuela entre los tambores y la banda retorna al motivo inicial.

Las últimas tres piezas inician con “Prologue, August 29, 1968”, un extracto de “The Whole World Is Watching”, canto de protesta por la Guerra de Vietnam del cual la banda tomó 57 segundos y que continuó en “Someday (August 29, 1968)”, pero añadiendo un fantasmal piano y platillos para luego dejar al resto de la instrumentación y la voz de Cetera. El tema es un acto de conciencia política. El extracto data del 29 de agosto 1968.

El doble álbum culmina con “Liberation”. Este instrumental compuesto por Pankow es la más extensa del LP con 14’39”. Los metales dan inicio a esta larga pieza que se nos presenta como una especie de showcase de cada músico. Tras los metales escuchamos a Kath con un azorado “solo”. Bajo y batería lo acompañan en este despliegue de talento donde podemos escuchar el wah-wah de Terry entre otros tantos recursos. Kath lentamente da paso a Lamm por momentos. La última parte nos ofrece a Kath en una especie de trance psicodélico. Los metales contribuyen de manera sustancial con sonidos improvisados que parecen emular aquellos de una guerra. Otro abrupto fin se desarrolla en los tres minutos finales del tema y donde la banda en pleno nos da esa sensación de “Liberación” dando el golpe final.

Bandas como las de Bill Chase (†), Tower Of Power y Blood Sweat & Tears también fusionaron algunos elementos del jazz con el rock, pero solo BS&T pudo equiparse en éxito con Chicago, aunque por un tiempo mucho más breve. En cambio, otras como Earth, Wind & Fire sí ha permanecido en el tiempo como una de las grandes agrupaciones que abiertamente han admitido la importante influencia de Chicago en su música, incluso el concierto de ambas bandas en el Greek Theater de Los Angeles es un hecho histórico sin precedentes. Chicago sigue cautivando audiencias y este álbum fue el gran inicio de su historia discográfica y un indudable ícono del rock.

Honrando la memoria y espíritu de Terry Kath, quien añadió alma y fuego a Chicago y falleciera trágicamente de un disparo en 1978, vale la pena compartir una anécdota relatada por Walter Parazaider: “Tocábamos en el Whisky de Los Angeles y mientras ponía mi saxofón en su paral, ‘un tipo’ me tocó en el hombro y me dijo “¿sabes? Tus metales son todos unos pulmones y tu guitarrista es mejor que yo”. Ese tipo era Jimi Hendrix. Tras la muerte de Kath, Chicago ya nunca más fue la misma banda, perdiendo agresividad y espíritu de riesgo.

Medio siglo después, aun emociona escuchar este disco debut.

Leonardo Bigott