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Blemish: el viraje hacia la canción con laptop de David Sylvian

Davis Sylvian Blemish

En 2003 el perfeccionista cantautor inglés comenzó una nueva y aventurada fase en su carrera trabajando las canciones con laptop

David Sylvian
Blemish

Samadhi Sound. 2003. Inglaterra

Con algo más de 25 años de carrera en 2003, el inglés David Sylvian había demostrado ser uno de los creadores más imaginativos e innovadores de su generación.

Su distintiva voz, sus poéticos textos, su arropante forma de componer y el perfeccionismo con que aborda cada obra, hacen de él un personaje único en el universo musical contemporáneo. Su primer disco del siglo 21, Blemish (2003), no solamente lo confirmaba, sino que además lo trasladaba hacia una interesante dimensión que apenas comenzaba a explorar.

Tras Deadbees on a Cake (1999), la descomunal compilación Everything and Nothing (2000) y el compendio de piezas instrumentales Camphor (2002), Sylvian rompió con Virgin, la discográfica que lo había cobijado desde los lejanos días con la agrupación Japan y publicó joyas solistas como Gone to Earth (1985) y Secrets of the Beehive (1987), circunstancia que le sirvió como revulsivo para fundar su propio reducto discográfico: Samadhi Sound.

Dejando a un lado las “tradicionales” formas que anteriormente había utilizado para componer y grabar, Sylvian buscó la ayuda de un laptop y de dos músicos de muy distinto origen pero imbricados por el riesgo musical: el músico electrónico Christian Fennesz y el guitarrista Derek Bailey, uno de los más afamados exponentes del free-jazz británico.




La puerta de entrada es el minimalista diseño de arte, diseñado por su frecuente colaborador Yuka Fujii con ilustración de Atsushi Fuku

El disco se abre con la pieza homónima “Blemish”, una larga y notable experimentación con sonidos de guitarras tratadas en el laptop como un pulsante collage sobre el que navega la voz. Una obra maestra.

El aporte individual de Sylvian es redondeado por “The Only Daughter”, “The Heart Knows Better” y “Late Night Shopping”, en las que el tratamiento instrumental, de características minimalistas, nos conduce por inexplorados recovecos sonoros llenos de extrañas texturas y variados matices, haciendo imposible reconocer instrumento alguno.

Aparecen aquí, las reminiscencias de sus colaboraciones con el alemán Holger Czukay a fines de los años 80 y los experimentos con Russell Mills y Frank Perry en Ember Glance (1991)




Una sesión de improvisaciones junto a Bailey dio pie a tres de las ocho piezas de Blemish, en las cuales su guitarra es procesada magistralmente por Sylvian. “The Good Son”, “How Little We Need to Be Happy” y el interludio “She is not”, presentan una increible simbiosis entre la atonalidad de la guitarra de Bailey y la profundidad de la voz de Sylvian.




La última pieza, “A Fire in the Forest”, una colaboración con el austríaco Fennesz, arroja otro momento de inquietante y bizarra belleza, cerrando un disco pletórico de nuevas ideas, seductor y vanguardista.

Blemish fue ubicado como el segundo más importante disco de 2003 por la prestigiosa revista inglesa The Wire, siempre ocupada de la vanguardia musical.

La carrera de David Sylvian seguiría unos derroteros insospechados, experimentando más y más con cada disco y cada nueva colaboración, demostrando no solamente que nadaba contracorriente sino que su desarrollo iba en sentido inverso a lo que suele ocurrir con la mayoría de los músicos.

Hace ya varios años que Sylvian no da signos de querer volver a grabar.

Juan Carlos Ballesta


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