En diciembre de 1978 fue publicado el cuarto disco del reconocido músico francés, pionero de la música electrónica moderna
Jean-Michel Jarre
Équinoxe
Disques Dreyfus. 1978. Francia
La música de este creativo compositor francés llegó a mis oídos con su álbum Oxygene (1976), disco antecesor al que hoy nos ocupa.
El músico galo inició su dilatada carrera discográfica con los álbumes Deserted Palace y la banda sonora Les Granges Brûlées, ambos publicados en 1973.
Compositor y pionero ejecutante de la música electrónica en la década en la que se consolidó el género gracias a novedosas herramientas, su estilo yace dentro de la música ambient, el synth pop y el new-age.
Vale destacar que Jarre es también reconocido por sus puestas escénicas en las cuales sonidos e imágenes, a través de un grandilocuente despliegue de fuegos artificiales y rayos láseres, confluyen en un mismo lugar para ofrecer una experiencia audio y visual multi-tímbrica única.
Criado en Lyon por sus abuelos y su madre, Jean-Michel -hijo del reconocido compositor de muchas bandas sonoras, Maurice Jarre– inició sus estudios musicales con el piano dentro de un ambiente musical callejero e influido por la obra pictórica y escultórica del artista Pierre Soulages† (1929-2022).
No obstante, su mayor influencia musical está en la obra de Pierre Schaeffer† (1910-1995) bastión fundamental de la musique concrète, técnicas pioneras del sampling, aprendizajes adquiridos en Groupe de Recherches Musicales.
Équinoxe es un fiel representante del estilo musical de Jarre quien con su arsenal de teclados dio vida a las ocho piezas que junto a su álbum antecesor le dieron al músico francés una fama que le reportó una ganancia artística y financiera sin precedentes al presentarlas ante una audiencia que rebasó el millón de personas en el Place de la Concorde el año siguiente. El evento sería el primero de muchos a gran escala.
El álbum es un conjunto de ocho composiciones que en promedio alcanzan entre cuatro y cinco minutos, las cuales fueron grabadas en el estudio de la casa de Jean-Michel. Esta obra, punto medio entre Oxygene (1976) y Les Chants Magnétiques (1981), fue producida por el mismo autor, quien lanzó los temas “Équinoxe Part 4” y “Équinoxe Part 5” como sencillos de este exitoso disco.
Éstas llevan el mismo nombre “Équinoxe” con el correspondiente número en orden ascendente. Es decir “Équinoxe Part 1”, “Équinox Part 2” y así sucesivamente.
Este disco cuya portada es obra del artista Michel Granger, es el resultado de una bien ensamblada red de sonidos que emergen de varios teclados, entre los que se encuentran el ARP 2600, el Yamaha CS-60, el sintetizador polifónico Oberheim, el Korg polifónico, el Mellotron, secuenciadores ARP y Oberheim, el EMS Vocoder 1000, EMS VCS3 Synthi (a través de un pedal de guitarra Electro Harmonix), Eminent 310 Unique y el Korg KR 55 drum machine, entre otros. Casi todos ellos instrumentos de última generación para la época, gran etapa final de la era analógica.
El repertorio inicia con “Équinoxe Part 1” la más corta del set con poco más de dos minutos, una pieza polifónica de sonoridad espacial y sosegada que se abre espacio en la medida que se desarrolla sin mayores pretensiones para luego darle cabida a “Équinoxe Part 2”, tema con mayor amplitud sonora que posee cierta cualidad reverberante donde se cuelan sonidos que emulan campanillas con un fondo misterioso que estimula un sentimiento de nostalgia.
También se hace presente lo que pareciera ser una voz femenina entre otras sonoridades en las cuales el autor procura reflejar un día en la vida de cualquier mortal. El francés incorpora sonidos acuosos que evocan un oleaje.
De temperamento menos nostálgico es “Équinoxe Part 3” donde repite el elemento agua pero de modo burbujeante. Cierra el lado A con la cuarta parte donde Jarre parece mantener el equilibrio empleando una textura eólica y un robótico sonido.

El lado B abre con “Équinoxe Part 5”. Nos recibe el sonido de un trueno al que le sigue una línea melódica más audible. Vale decir que las puestas en escenas son impresionantes por su colorido despliegue.

La “Équinoxe Part 6” ocupa poco más de tres minutos del repertorio. Es una pieza que va generando cierta tensión con un efecto “drone”.
“Équinoxe Part 7” es el segmento más extenso del álbum. A lo largo de siete minutos y medio Jean-Michel Jarre nos da la oportunidad de volver a escuchar elementos previamente presentados, ideas que también repite en el segmento final, “Équinoxe Part 8” , en el cual el músico tímbricamente cambia un poco.
Vale expresar que describir una obra electrónica tiene un alto ingrediente subjetivo por lo que, en mi caso, busco presentar elementos que son obvios en una primera audición y algunos que requieren de una audición un tanto más profunda.
No obstante, mi idea yace en el apego de esos elementos como un todo. En aquellos años, la propuesta de Jarre llegó cuando ya Tangerine Dream, Vangelis, Kraftwerk y Klaus Schulze, habían dado un salto al espacio extraterrestre, y él tomó un poco de cada uno, agregándole el sello propio
Disfrutemos un poco este viaje anti-gravitacional de un legendario autor cuya vasta obra supera los 40 álbumes considerando discos en estudios, en directo y recopilaciones, a lo que hay que sumar videos e incluso una obra literaria de 11 libros.
Leonardo Bigott
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