El conocido cantautor inició su mini gira española presentando el nuevo disco con un concierto en Madrid sensible, cargado de intimidad, pero corto
Devendra Banhart
Concierto en Palacio Municipal de Ifema
(Noviembre 10, 2023)
El esperado concierto en Madrid del cantautor estadounidense con sangre venezolana se saldó con un concierto raro, algo corto, que fue in crescendo, pero al final nos dejó algo desconcertados.
El auditorio, bastante grande, con un escenario gigante, no estaba lleno pero sí hubo una asistencia considerable. Una de las causas por las que el concierto puede haber sonado algo distante es por el sonido, que en la mitad superior del auditorio no tenía suficiente volumen. Le faltaba “power” y aunque la estética del nuevo disco es sosegada, era necesario más fuerza para un recinto de amplias dimensiones.
A ello se unieron las inexplicables idas y venidas de algunas personas del público y el suelo de madera en la parte superior que crujía con cada paso y dado el bajo volumen se hacía muy molesto y afectó la experiencia de los ubicados en esa zona.
Devendra Banhart es un alma libre. Si bien el objetivo de esta gira es presentar las canciones de su estupendo nuevo disco, Flying Wig, en escena él se conduce con espontaneidad, fluyendo de manera distinta durante cada presentación, lo que incide en el cambio o reconstrucción del setlist en pleno desarrollo, lo que de hecho pasó. A veces entre canciones conversaba con el público y con sus músicos, a quienes siempre trata con cariño, respeto y admiración.
Por momentos no se entendía lo que hablaba, ya que lo hacía como si le hablara solo a los ubicados adelante, con una tenue proyección de voz.
En una de esas pausas dijo con humor que tocarían canciones del nuevo disco, que escucharía peticiones de temas viejos y también sobre canciones que aún no ha compuesto. Lo cierto es que solo una vez alguien del público pidió “Santa Maria da Feira” y Devendra complació con un extracto.

A pesar de esa deficiencia en el sonido, el performance de la banda fue notable. No es para menos tratándose de varios músicos con soberbio currículum y gran sensibilidad, comenzado por el músico galés H. Hawkline en la guitarra (que acompaña habitualmente a Cate Le Bon, productora de Flying Wig), Gregory Rogove en la batería (Rogov, Unknown Mortal Orchestra, Rodrigo Amarante, colaborador de Devendra desde la época del proyecto Megapuss), Sofia Arreguin (de Coral Web) en los teclados y voz, y el versátil neoyorquino Brian Betancourt en el bajo.
El concierto comenzó con “Twin”, la pieza que sirvió de primer adelanto del disco. Aún con desajustes en la mezcla (la voz se escuchaba muy nivelada con los instrumentos), la calidad de la pieza se alzó por sobre esos problemas. Sin pausa, abordaron la estupenda “Für Hildegard von Bingen”, llevándonos diez años atrás hasta el disco Mala (2013). Gran trabajo de Arreguin en los teclados.
Y de nuevo en el presente, tocaron entonces “Sirens”, otro de los distendidos temas de Flying Wig, en los que Devendra canta relajado sobre un colchón de teclados, una batería comedida, gran bajo y dosificados arpegios de guitarra.
Uno de los mejores momentos fue “Golden Girls”, un corto tema de Mala, con un comienzo casi susurrante que deriva en ritmo que la gente acompañó con palmas. Tras ella, Banhart se dirigió por primera vez al público pidiendo “sálganse de ese cuerpo”, para enseguida saludar con un “¿hola, como están?”.

Mientras alababa a John Moods, el cantautor que lo antecedió en formato trío con un show íntimo que sonó algo inacabado respecto a las grabaciones, el teclado fue introduciendo “Nun”, un tema muy atractivo del nuevo disco con Rogove haciendo unas interesantes síncopas de batería y Banhart cantando en un tono más bajo que el habitual.
De nuevo se puso conversador, preguntando como se decía “oblique”, luego explicando lo de las peticiones y finalmente bromeando con el gentilicio galés del guitarrista. En eso pasó varios minutos, hasta desembocar en “May”, otra del nuevo disco, algo más movida que las anteriores. Destacaron Arreguin en los teclados y Rogove en la sólida batería.

Enseguida tocaron la exquisita “Bad Girl”, del celebrado disco “Smokey Rolls Down Thunder Canyon” (2007), una pieza con cierto aire al Pink Floyd de la primera etapa con David Gilmour. Sin duda, uno de los mejores momentos del show.
Siguiendo con la revisión del nuevo disco, el siguiente tema fue “Sight Seer”, en el que se nota la mano de Cate Le Bon, en especial por el protagonismo de los teclados. La segunda voz de Arreguín jugó aquí un papel fundamental.
Una de las canciones más queridas, “Mi Negrita” (expresión de cariño muy utilizada en Venezuela), una especie de bolero con tropicália, reforzó la idea de que Devendra reivindicaba al disco Mala. Gran trabajo de Hawkline y Banhart en las guitarras. Fue de las más aplaudidas.
Devendra volvió a entablar conversación para introducir una canción del proyecto del guitarrista, que según dijo le gusta mucho y la quería tocar. Se trató de “Milk Flowers”, que da nombre a su reciente disco de 2023 y la cual cantó el propio Hawkline.

La pieza fue unida con “Love Song”, cadenciosa pieza con la guitarra de protagonista, del anterior disco, Ma (2019), la cual fue finalizada con un excelente “fade out” hasta llegar al silencio y Devendra aún bailando.
No podía faltar la pegadiza y bienvenida “Baby”, la única escogida de What Will We Be (2009) y que sin duda es uno de los momentos más inspirados de Devendra. Fue seguida por la espacial “Charger”, la canción favorita de Devendra del nuevo disco según nos confesó en la reciente entrevista (leer aquí).
La pieza podría pertenecer facilmente a Another Green World (1975) o Before and After Science (1977) de Brian Eno.

Después de unos ejercicios de relajación, aspirando y exhalando, susurrando sobre aflojar la tensión de los “deditos de los pie”, recordar a Madonna y reflexionar de forma muy singular sobre las islas de plástico que hemos creado en los oceanos, tocaron -en la voz de Sofia Arreguin– una versión resumida de su canción “Don´t Tell Me”, unida con el tema que The Chemical Brothers co-compuso con Noel Gallagher en 1999, “Let Forever Be”, desembocando en otra fantástica pieza de Mala, “Never Seen Such Good Things”, cadenciosa y hedonista, que comienza diciendo: “Nunca había visto cosas tan buenas que salieran tan mal / Y donde quiera que vayamos están tocando nuestra canción”
La canción terminó y Devendra inesperadamente -y parecía que el grupo no lo esperaba- dijo “Chao”. Apoyó su guitarra y todos lo siguieron. Había pasado una hora y quince minutos.

Después de varios minutos de aplausos, los cinco volvieron para regalarnos un encore escueto de ocho minutos y dos canciones, que comenzó con la pegadiza “Fancy Man”, de Ape in Pink Marble (2016), durante la cual recorrió el escenario, descendió y caminó por la primera fila, se arrinconó en un lateral y terminó hablando en español para “pedir un consejo a una persona que no está físicamente con nosotros y vamos a comunicarnos en forma de una cumbia”.
Se refería a la prometedora cantante de R&B, Aaliyah, fallecida trágicamente a los 22 años en 2001, de quien versionaron “Try Again” en clave cumbiera.
Y tras ella, despidió con un “buena noches” un concierto de apenas una hora y venticinco minutos en el que faltaron canciones que a todos nos hubiera gustado escuchar, como “Carmensita”, “Quédate Luna”, “Abre las manos”, “Inaniel”, “Cristobal” o “Luna de Margarita”, pertinentes para el público que tenía enfrente.
Con todo, disfrutamos de ese talento desbordante de naturalidad llamado Devendra Obi Banhart Rísquez.
Juan Carlos Ballesta
Fotos: Óscar Ribas T.



