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Devendra Banhart: «Flying Wig es un baile con la sombra»

Devendra Banhart
Foto: Dana Trippe

Conversamos con el cantautor estadounidense-venezolano con motivo de su exquisito undécimo álbum producido por Cate Le Bon y su gira europea


El nuevo disco de Devendra Banhart, Flying Wig, refleja la maduración de un creador único, honesto y siempre abierto a avanzar. Con una compañera de trabajo sorprendente y excepcional, la galesa Cate Le Bon, el resultado es un disco envolvente, sosegado, lleno de misterio y distinto a todo lo anterior.

Forma parte de un hilo conductor que Devendra ha desarrollado desde principios del siglo 21.

Banhart nos atendió vía Zoom y lo que en principio era una entrevista se convirtió en una muy cercana y sincera conversación, envuelta en una especie de tácita conexión caraqueña.

Sus conciertos en España se realizarán el 10 de noviembre en Madrid (Palacio Municipal Ifema), el 11 en Valencia (La Rambleta) y el 12 en Barcelona (Paral.lel 62)

Juan Carlos Ballesta

Siendo un desconocido para las grandes audiencias en sus primeros años, fue varias veces confundido con una mujer debido a su inusual nombre. Durante su primera gira muchos preguntaban: ¿Dónde está ella, cuando aparece?

Con días de nacido los padres mostraron una foto a su maestro espiritual de la India y éste decidió bautizarlo Devendra, el rey de los dioses (sinónimo de Indra). Además, sus padres, fanáticos de la saga Star Wars, le agregaron como segundo nombre, Obi (por Obi-Wan Kenobi).

La vida de Devendra Obi Banhart Rízquez ha estado llena de curiosidades y viajes, por ello su música suena tan particular.

Entre los 3 y los 14 años vivió en Caracas, ciudad a la que ha vuelto muchas veces a visitar a su madre y el resto de su familia y de la que ha dicho que es una locura y que te pueden matar para robarte. Lo dice alguien que ha residido en Brooklyn, Nueva York. En diciembre de 2022 finalmente pudo tocar por primera vez en la ciudad que guarda con afecto.

Dueño de un particular y estremecedor vibrato en su voz que a veces recuerda al excéntrico Tiny Tin, su música recoge influencias del folk británico y norteamericano, el blues y la psicodelia de Syd Barrett y Donovan. Oscuros y casi olvidados nombres como las cantantes Vashti Bunyan y Karen Dalton, el cantautor neoyorquino Fred Neil, el bizarro grupo inglés de folk-rock Comus o los recordados Marc Bolan (T Rex) y Nick Drake, eran sus influencias más notables en aquellos primeros tiempos.

Michael Gira (Swans, Angels of Light), uno de los creadores más devastadores e imprescindibles que ha dado Norteamérica en las últimas décadas, quedó maravillado al oir los demos que un hippie de 20 años sin hogar estable, gracias a un demo CD que su esposa, Siobhan Duffy, había comprado

Devendra Banhart




Con rapidez decidió firmarlo para su disquera Young God Records, editando Oh Me Oh My (2002), versión casera en cuatro pistas, cruda y desnuda, con un buen numero de “piezas esqueleto” que duran menos de 1 minuto. Con esa colección de 22 diamantes en bruto, Devendra Banhart produjo una reacción sísmica en la crítica especializada y el público seguidor del folk psicodélico.

Así, tras la aparición de la pequeña joya, el EP The Black Babies (2003), fueron editados en 2004 Rejoicing in the Hands y Niño Rojo, infecciosas muestras de melodías folk, psicodélica sensibilidad e iconoclastas textos.

Sin que el éxito del primer disco hubiera modificado demasiado la concepción y grabación de esos dos capítulos, Gira y Banhart decidieron escoger un estudio de limitadas posibilidades técnicas con miras a conservar ese tan preciado adjetivo que muchos han colocado en la obra de Devendra: auténtico.

Después de esa etapa esencial, Devendra se movió para el sello XL Recordings, un paso que sirvió de trampolín con los discos Cripple Crow (2005) y Smokey Rolls Down Thunder Canyon (2007), con los que finalmente se atrevió con éxito a cantar varias canciones en español, con su entrañable acento caraqueño, entre ellas la exquisita versión de la tonada de Simón Díaz, “Luna de Margarita”.

El ascenso de Banhart era imparable y el siguiente peldaño fue firmar con Warner, a través de cuya subsidiaria Reprise publicó una nueva joya, What Will We Be (2009), disco que contiene el tema “María Lionza”, la voluptuosa diosa de la fertilidad surgida de las montañas de Sorte en Venezuela, convertida en uno de los más poderosos cultos que une lo africano, indígena y católico.

Los siguientes tres discos, lanzados en la segunda década del siglo 21, fueron publicados por el excelente sello Nonesuch, otra subsidiaria de Warner. Mala (2013), contiene otros temas en español, entre ellas la estupenda “Mi negrita” y “Cristobal Rízquez”, dedicada a uno de sus tíos.

El siguiente trabajo, Ape in Pink Marble (2016), fue coproducido junto a sus colaboradores de larga data, Noah Georgeson (quien ya había ejercido ese rol y varios discos anteriores) y Josiah Steinbreck, mientras que el último con Nonesuch, Ma (2009), se publicaba poco antes de la llegada de la pandemia.




A lo largo de estos 21 años, Banhart ha colaborado con diversos músicos, entre ellos Antony and the Johnsons, Jana Hunter, Beck, Xiu Xiu, Gregory Rogove y Fabrizio Moreti en el proyecto Megapus, Natalia Lafourcade, Vashti Bunyan, Cocorosie (con Bianca Casady tuvo una relación), Marisa Monte, Rodrigo Amarante y Noah Georgeson.

La música de Devendra Banhart es un prisma por el que se cuelan los haces sonoros de la música country, el blues, el ragtime, el bluegrass, la cultura Apalache, el folk celta, la psicodelia folk, las tonadas venezolanas, el electro pop, ecos del Village neoyorquino y buena dosis de poesía urbana.

Foto: por Lauren Dukoff

Flying Wig (el primero con el sello neoyorquino Mexican Summer) y el concierto en Madrid del 10 de noviembre, fueron las excusas perfectas para conversar con Devendra.

Conserva su acento caraqueño y las expresiones. Es lo que pudiéramos llamar “un panita”, es humilde, simpático, sincero y lo más lejano a la figura de “rock star”. Su norte es el arte en mayúsculas, no solo por la música, sino por la estética visual de sus discos y sus puestas en escena.

Se muestra preocupado por la situación del mundo. Devendra empezó la entrevista -antes de la primera pregunta- hablando de Venezuela, un tema álgido con el que no pensábamos comenzar. Y por ahí nos fuimos, convirtiendo la idea de entrevista desde el principio en una conversación entre dos personas con afinidades culturales y musicales, como si nos conociéramos de toda la vida.

DB: ¡Juan Carlos!

– Hola Devendra. ¡Qué tal! ¿Cómo estás?

DB: Qué bueno, qué bueno. Bien. ¿y tú qué tal?

– Gracias por atender a esta entrevista

DB: Claro, ¡por favor!. El placer es mío. Gracias por tomarte el tiempo

– Me alegra mucho después de mucho tiempo intentándolo poder hablar contigo. El momento es ideal, con nuevo disco y inminente concierto en Madrid. Hace unos años, estando yo todavía en Caracas, nos comunicamos varias veces vía mail. Pero al final no cristalizó, no terminamos de concretar la fecha de la conversación. No se que pasó.

DB: Yo también lo recuerdo. Bueno, eso es muy venezolano. Sí, muy venezolano (risas mutuas).

¡Estamos pendientes!  (expresión muy venezolana equivalente a la expresión española “quedamos” pero que suele ser indefinida)

DB: (risas). Pendientes, casi, casi, pero al final no se hace.

–  Qué bueno que estamos hablando justo antes de tu presentación en Madrid y que yo vivo aquí ahora. Las cosas han cambiado mucho desde aquella oportunidad en que conversamos por mail, pero creo que después lo cambiaste, no sé, porque nunca más nos comunicamos.

DB: No, no lo he cambiado. Creo que eso es como una manifestación de un momento en que las cosas no estaban fluyendo y creo que aunque estamos en guerra mundial y todo es un desastre, hay como un puente de comunicación de esperanza que es nuevo, que tiene que ver específicamente con Venezuela, al menos yo pienso eso.

Hasta en las noticias hoy, hablan de que el chavismo se va a caer, hay una nueva persona en carrera, o sea, hay como una lucecita de esperanza en la distancia en Venezuela.

– Bueno, esa lucecita ha surgido varias veces y luego se apaga o se vuelve tenue, o la apagan más bien. Pero si, ahora hay otra, una nueva oportunidad, en ese ciclo de lucecitas de esperanza. Cuando yo me vine a Madrid en 2018 había pasado el que yo considero el peor año que hubo en Venezuela (2017), que fue verdaderamente desastroso.

Todo escaseaba, no había nada, nada de nada. Medio año de protestas que no condujeron a nada en concreto sino a más desesperanza, muertes y presos políticos. Eso duró varios años y siempre las lucecitas de esperanza estaban, han estado, pero se apagan porque de alguna manera el régimen nos han estudiado la psique, nos la ha estudiado de manera perversa, y siempre nos conducen a la desesperanza y a la desconfianza.

Y volvemos a empezar, una y otra vez y así va pasando el tiempo y los secuestradores y destructores de un país siguen ahí.

¿Tú tienes a tu mamá todavía viviendo en Venezuela?

DB: Ella pasa la mitad del año en Venezuela y la otra mitad en Estados Unidos. Tiene una familia allá. Están todos mis tíos y tías.

– O sea, tú estás totalmente enterado de lo que ocurre

DB: Es que esa cosa de balance, equilibrio, desequilibrio, equilibrio, desequilibrio, es como una metáfora para nuestra experiencia individual, en verdad. O sea, ese país entero es como una metáfora. Y también es irónico porque la cosa parece que no va nunca a cambiar de manera colectiva, sino a partir de individuales.

Es una cosa de la que podríamos hablar mucho más…




– No, no, yo no quería comenzar por aquí, pero ya que hemos empezado, te pregunto cómo te sentiste en diciembre de 2022 cuando por primera vez fuiste a tocar a Caracas en el Festival Cusica?

¿Cómo te sentiste después de tantos años queriendo tocar y nunca cuajaba?

DB: ¡20 años!. Cada año desde que comencé a hacer música quise presentarme en vivo y con cada álbum que salía. Entonces 20 años después cuando se dio la oportunidad, empecé a pensar que algo pasaría para no poder tocar en Venezuela, algún problema con el vuelo. ¡No, no, no, no, la cosa no va a pasar!

Fue muy intenso por fin ir a Venezuela, teniendo una persona en mi grupo con la que he estado tocando por 20 años. También para él era igual de intenso. El decía ‘¡Wow, voy a tocar en Venezuela! El resto del grupo nunca había estado en Venezuela y todos en verdad estaban cagados.

Nuestro tour manager -¡te lo juro!- se casaba en un mes y dijo: ‘¿sabes que?,  no puedo ir. Estoy leyendo las noticias de ese lugar. Es como un horror’.

Lo entendí, le dio miedo y dijo ‘no voy’. Entonces, él se fue y no viajó.

Pero fue una una experiencia muy increíble, fue bellísima y todavía me afecta y me llena de emoción. Desde el punto de vista social, vi una Venezuela con una generación de artistas jóvenes que no tiene ningún apoyo pero trabajan DIY (haciéndolo todo ellos). El concepto de un gobierno que va a darte apoyo no les entra en la mente. Entonces hacen todo DIY (Do It Yourself)

Y eso lo vi y eso me encantó porque la otra opción es que nadie haga arte porque no hay apoyo. Y no vi eso. Vi muchísimo arte, pero todo haciéndolo DIY. Y personalmente el concierto fue muy intenso porque estaban mi tío, mis primos y mi familia ahí. Estaba tocando por primera vez, nunca me habían visto y toqué en un vestido.

Siendo un hombre straight me gusta ponerme vestidos, es una cosa muy normal para mí. Desde los nueve años estaba haciendo eso, pero no lo veía en esa sociedad. Los que lo hacían era de una manera más punk, para confrontar de una forma más agresiva. Para mí ponerme vestidos es una cosa muy bella, muy elegante, muy suave. Es una cosa de sensibilidad, me parece.

Y no vi eso reflejado en la sociedad cuando era joven. Por eso me importó tanto este show porque estaba tocando para el chico de nueve años que le gusta ponerse vestidos, y no tiene que ver nada con la sexualidad.

Entonces fue muy especial para mi tocar ese show.

Devendra Banhart
Foto: Andrés Rodríguez / Cusica Fest





– ¿Entre qué años viviste en Caracas?

DB: Desde 1983 hasta 1996, algo así.

– Esa fue una época muy interesante y muy intensa en varios aspectos. Todavía no se sospechaban bien los problemas que iba a haber luego, pero fue una época muy rica musicalmente en todos los aspectos, los 80 y 90.

DB: Estaba Desorden Público, muchos ska-punks en ese momento.

Sí, Desorden, Sentimiento Muerto, todos esos grupos de finales de los 80 y luego en los 90 ya hubo una una explosión muy importante. Y siempre esa escena fue independiente. Y sigue siendo independiente. Eso que comentabas sobre la independencia de los artistas, ahora más que nunca es sumamente valiosa y valiente, porque de alguna manera se enfrenta a un status quo que no facilita las expresiones culturales que no están alineadas con su proyecto y visión.

Vayamos a tus comienzos en la música. Hace 20 años llegué a tu música gracias a que soy fan de Swans y en general de todo lo que hace Michael Gira, quien en esa época estaba al frente de Angels of Light. Michael anunció que habia firmado para su sello Young God a un joven y muy especial cantautor de psicodelia folk.

Y así escuché Oh Me Oh My y poco después Rejoicing in the Hands, con el cual descubro que habías vivido en Caracas, tenías sangre venezolana y eras familia del cineasta Diego Rísquez.

Decidí escribir de ti para El Nacional y ponerte en mi programa de radio Acto de Fe, y por unos años fueron tus únicas vitrinas en Venezuela. Ya luego llegó Ladosis impresa.

Han pasado 20 años, finalmente hablamos y tu nuevo disco es muy distinto a aquellos con los que te descubrí y también a los más recientes. De alguna manera rompe con cierto sonido distintivo

DB: Bueno, realmente me encantaría tocar este nuevo álbum al lado del primer álbum, o sea en mi mente no estoy rompiendo mi estética ni mi estilo ni la manera en que soy, ni con lo que me interesa, para nada. Para mi es una superevolución orgánica de lo que he estado haciendo que empieza con el primer álbum. Entonces, hay una narrativa, un hilo conductor.

Para mí hay un hilo que no ha cambiado porque yo lo persigo, estoy muy claro que es totalmente subjetivo, sobre eso no tengo ninguna objetividad. Solamente tengo mi experiencia, lo que he sido y pienso y lo que creo no ha cambiado. Si veo el nuevo álbum desde la perspectiva de una persona – ¡wow me importa mucho!- que como tú ha estado ahí desde que yo empecé a tocar música, es distinto.

No todo el mundo conoce la música de Swans y los Angels o Light, pero la gente que conoce esa música sabe lo importante y bella que es. Angels of Light es especialmente como ¡wow!. Yo estaba en high school y era mi grupo favorito. El disco How I Loved You (2001) me cambió la vida, yo lo oía sin parar.

Cuando Michael me envió un email yo no lo podía creer, casi muero. Ese tipo es un genio y que me estuviera escribiendo no lo podía creer. La primera vez que yo salí en internet fue porque Michael escribió en su blog que estaba escuchando unos casetes de una persona que se llama Devendra. ¡Wow!

El era como mi papá, le tengo mucho respeto. ¡Mi papá showbiz (risas)! Ahora es como de mi familia y mi amigo. La verdad es una persona muy importante para mi, me enseñó y me influyó mucho.

¡Tenemos esa conexión desde hace tanto tiempo, muchas gracias por escribir y hablar sobre mi trabajo! Significa mucho para mi

– ¿Qué ha pasado contigo desde 2019, pandemia de por medio? Te has rodeado de Cate Le Bon

DB: Este álbum tiene que ver mucho con que yo tenía una idea de hacer un tipo de álbum, y sabía qué álbum no quería hacer. La pandemia, la vida en soledad…mi vida ya es soledad, pero soledad forzada es diferente. En mi vida también hay mucho dolor, pero el dolor colectivo es otra cosa.

Creo que el mundo, estas generaciones claro, nunca ha tenido una experiencia colectiva como la pandemia, una experiencia de trauma colectivo tan intensa como esta.

Y ahora está pasando otra vez, en un lugar concentrado que es Israel y Palestina, y creo que lo vivido en la pandemia está afectando la manera como estamos interpretando esta guerra mundial, de una manera mas conectada en todo el mundo.

Bien, la pandemia pasa y yo empiezo a pensar que quería hacer un álbum superfeliz, un álbum de superluz, solo con acordes mayores, superpositivo y que puedas ponerle a tus nietas o hijos de cuatro años que se pondrán felices con canciones sobre arco iris (y en eso tararea con vocecita aniñada y se ríe).

Y al mismo tiempo sabía que no quería hacer eso…¡Era una idea horrible, yo no quiero hacer ese tipo de álbum! ¡No siento eso pa’ nada!

Entonces supe que la perfecta colaboradora para este álbum iba a ser Cate Le Bon, ya que ella sabe darle los ángulos a lo que yo quiero hacer. O sea, ella iba a convertir ese arco iris en una cosa totalmente diferente.

En este álbum, como todos los álbumes, se siente como una evolución, y es diferente porque tiene que ver con el momento en que estaba en mi vida.

Como hablamos al principio, este álbum es como buscar una luz a la distancia cuando estamos en la oscuridad completa y no existe esa luz. En vez de darle atención a cosas que existen, era como tratar de bailar o hacer una amistad con esas sombras que existen en mi conciencia y en mi corazón. Es como un mundo de sombra, me parece.

No creo que esto sea una respuesta, pero es lo que me sale.




La respuesta es la que tu quieras. O sea, cuando te hice la pregunta no quise emitir un juicio sobre el disco. Pero la verdad es que Flying Wig a mí particularmente me gusta muchísimo. Es un disco espacial, envolvente, sosegado. O sea, no hay melodías excesivamente alegres, pero tampoco es un álbum depresivo. Está en un término medio y el disco tiene una cadencia de principio a fin que te invita a volverlo a escuchar, a volver a procesarlo.

Primero vi los videos que lanzaste como adelanto, que ya daban una buena idea de que había una estética más allá de la música. Ya mencionaste antes que tocaste en Caracas con vestido -vi esas fotos- y en este disco también profundizas en ese aspecto, la feminidad o algo que parece ha estado presente en tu vida desde niño. O sea, el rol de de tu madre, tus abuelas, tus tías, tus parejas, que sé yo.

Pero se siente en este disco que hay un tratamiento, una estética diferente. No hay psicodelia, aunque el disco tiene sus pasajes también cósmicos. Por eso te decía que es un disco distinto.

Entiendo que forma parte de un hilo conductor y que cada artista lleva en cada obra una impronta diferente, pero que no está desligada totalmente de lo que hizo antes.

Entonces, la siguiente pregunta sobre este disco es: ¿Cómo definirías este disco con tres o cuatro palabras?

DB: Uff, ¡wow! (titubeos) OK. Bueno, creo que lo dije antes: ‘bailando con la sombra’, pues.

Bueno, y también podría definirlo como ‘soñando en el espacio en un ambiente de sombra’ y ‘una luz crepuscular’.

– Buenas definiciones. Puedes ampliarlas si quieres

DB: Yo quería hacer un álbum de jams con la banda tocando en vivo. Eso fue reinterpretado y todo tiene que ver con Cate, quien es una de mis mejores amigas del mundo, pero trabajando juntos fue una experiencia tan diferente. Íbamos a hacer el álbum co-producido, pero al minuto que ella empezó a conducirse en el estudio, yo dije no, Cate va a producir el álbum y yo puedo concentrarme en lo que quiero hacer con las letras,

Quería que estas letras fueran como haikus, que fueran pequeñas, muy simples, que pudieran decir lo máximo en la menor cantidad de palabras, porque todo este álbum está inspirado por un poema japonés (de Kobayashi Issa), que no es un haiku, pero tiene muy poquitas palabras.

Quería que tuviera un ancla a este poema, una relación con este poema que me afectó mucho, especialmente después de la pandemia y quería hacer musicalmente un espacio, un poquito más de espacio. Entonces en este álbum hay más música que letras y eso es nuevo para mí. Normalmente para mí es como ‘la, la, la, la’, tengo que cantar 10.000 letras (risas)

En este álbum me concentré mucho en la intención de una poesía muy minimal, muy simple, muy directa. Y Cate hizo su parte, había momentos que yo estaba llorando porque era exactamente lo que tenía en la cabeza y eso pasa muy poquito.

Yo estuve haciendo música ambient durante la pandemia e hice un álbum con Noah Georgeson. Creo que eso influenció también.

Es esa música que puedes escuchar sin tener que ponerle atención, o música que necesita un poquito de paciencia, una cosa que es muy difícil encontrar hoy en día. Incluso en mi, soy poco paciente.

Cuando me sale un nuevo álbum en Spotify, lo oigo así (y gesticula… ‘ok, dos segundos, no me gusta, la otra, dos segundos, Ok, no me gusta…no me gusta’) Me ha cambiado la manera en que oigo música y me ha hecho muy, muy flojo. No me gusta lo que ha hecho Spotify, tener tanta música tan fácil de oír.

Es una experiencia muy diferente tener un vinilo, lo pones y tienes que tocarlo. Es muy distinto.

– Estamos de acuerdo. La experiencia con vinilos es un ritual

DB: Claro, estoy haciendo álbumes que son más para esa experiencia, no es mainstream. Pero eso es parte de nuestro mundo. Pero bueno, creo que nunca he sido de este mundo, así que está bien (risas)




– La presencia de Cate Le Bon se nota muchísimo. Sus recientes trabajos han sido realmente geniales, me he hecho fan de ella. Me llama la atención que su rol como productora ha ido creciendo también. El nuevo disco de Wilco lo produce ella y se muestra como una productora fenomenal

DB: ¡Total! Es como si ella hubiera salido del closet como productora. Es una cosa nueva en los últimos años, cuando Cate empezó a producir álbumes de H. Hawkline, John Grant, Kurt Vile, Tim Presley

A la misma vez no tiene mucho tiempo porque también hace sus álbumes. Acaba de grabar en Grecia un álbum fenomenal.

Es una cosa que no pasa mucho. Y debería ser así. Como artistas, si estamos de verdad creciendo, el trabajo debería reflejarlo, y sorprendernos, afectarnos. Debería hablar por esa persona y ser como una una flecha directa al corazón y a la mente.

Esas cosas no pasan todo el tiempo. Creo que que un artista con leguaje propio crece y su trabajo se pone mejor -aunque mejor es una cosa muy subjetiva-, y Cate es una de esas personas. Mira su carrera, es increíble.

Está haciendo álbumes ya por 20 años y ahorita puedes notar que ella es como una genia, en verdad. Es una arquitecta y algún día va a hacer un edificio. Ella empezó hace unos años a estudiar cómo hacer muebles, las mesas, las sillas…

O sea, si tú sabes cómo construir, la mecánica, la matemática y la estética de construir una mesa, eso se puede aplicar a un álbum, yo creo, completamente. Entonces, yo creo que esa habilidad de hacer muebles que ella de verdad estudió y sabe hacer, me parece que ayudó a su manera de poder interpretar la madera, que sería la música de otra gente.

Yo no sé cómo es con otra gente, pero Cate y yo hemos de verdad colaborado de una manera que me ha afectado muchísimo (en el buen sentido). Mi canción favorita entre todas las que yo he escrito está en este álbum y se llama “Charger”, y la primera líneas del coro es mía y la segunda es de Cate. Y es exactamente lo que tenía que estar ahí para para mí, pues.

Hay mucha emoción en este álbum, especialmente con esa canción que digo, ¡ah, wow! Yo tenía la primera línea del coro, “Everything’s burning down” y no sabía cuál sería la próxima. Cate, sin saber que estaba buscando una línea, dijo, siempre he tenido esta frase, “But the grass is always green”. No lo podía creer.

Esa canción es exactamente una síntesis de nosotros dos.

Devendra Banhart
Foto: Dana Trippe

– Antes mencionaste que el trabajo con Noah Georgeson durante la pandemia es quizá un punto de inicio de este disco, el cual me ha hecho recordar trabajos de Cluster & Eno y los de Brian Eno en los 70 cuando hacía una especie de pop muy artístico y muy poco convencional, donde los textos eran muy cortos. Siempre me han gustado mucho.

Pero en este disco también escuchándolo varias veces de repente vienen a la mente Dean Wareham, Durutti Column, Helado Hegro. Por eso me gusta tanto este nuevo disco, que se puede escuchar en cualquier momento. Lo digo con honestidad.

DB: Bueno, gracias.  ¡O sea, gracias Juan Carlos!. Es que yo amo también esos álbumes. Me acuerdo cuando estaba una vez en Katmandu, en Nepal, caminando solo por las montañas y no había wi-fi, pero tenía mi download de songs en mi teléfono y había una canción de Talk Talk y algunas canciones de Mark Hollis solo.

¡Yo solo caminando por esos parajes solitarios del Himalaya oyendo Talk Talk! Me acuerdo mucho de ese momento y la necesidad de hacer una síntesis de como se siente esto.

La canción de Talk Talk era un b-side de 1986 llamado “For What It’s Worth”. ¡Hay tanto espacio en esa música! Y como dices de los álbumes de Brian Eno, no hay muchas palabras, pero eso no significa que la música sea lo más importante.

Eso lo que significa es que la música debería aumentar la importancia de esas poquitas palabras para que puedan verse en otra dimensión, y que hay una narrativa, una historia muy grande.

Por eso es que hablo del haiku, hay cuatro palabras y es una película.

Devendra Banhart
Foto: Dana Trippe




– Ese minimalismo a mí me encanta. Es como ese viejo axioma de la arquitectura de menos es más. Cuando oigo algunos solos de guitarra súper virtuosos, acelerados, frenéticos, recargados de egocentrismo, a veces no me llegan, no me emocionan tanto. 

DB: ¡Y tampoco hay un problema con eso!. Yo creo que puedes apreciar un súper solo que tiene su momento también. Pero estamos diciendo que esa intensidad y esa emoción también puede existir en un espacio con dos notas. Es un espectro amplio. Es una cosa que es muy sutil, pero en esas sutilezas existe un gran poder.

– De tu catálogo de música anterior. ¿Cuáles son las cuatro o cinco canciones con las que te pudieras definir ante alguien que no te conoce?

DB: ¡Ufff!. Te voy a responder que yo no he escrito todavía esas canciones. Si alguien me pide que le recomiende algo yo le digo, ¡coño, no sé!, déjame escribir una canción buena primero (risas compartidas)

– ¿Qué  artistas son fundamentales en tu vida sin los cuales no puedes estar?

DB: ¡Ah, wow!. Bueno, primero, Laurie Anderson. Genial, ella es uno de estos artistas que sigue evolucionando, cada vez que presenta una cosa nueva aumenta su gran poder. Se pone mejor y mejor, pues.

También Cate Le Bon es así. Entonces, serían Laurie, Cate y Meredith Monk. Son tres mujeres importantes que no me puedo imaginar estar sin ellas. Oigo su música todo el tiempo, todo el día. Son importantísimas para mí.

– Cuando yo escuché tu voz por primera vez te confieso que me vinieron dos personajes a la cabeza. Uno fue Donovan. Y el otro fue Marc Bolan

DB: Bueno, es un gran cumplido para mí y un gran insulto para esos dos supergenios. Yo sigo obsesionado con los dos. Me acuerdo cuando yo estaba grabando y escribiendo y cantando mis primeras canciones, ¡te lo juro, te lo juro! un amigo me oyó después de tocar en un show en San Francisco y me dijo que me iba a gustar algo, y me dio Tyrannosaurus Rex.

Yo había oido T-Rex. En “Cosmic Dancer” Marc canta de una manera muy específica, pero Tyrannosaurus Rex, en la época acústica, era muy diferente. Y cuando oí eso de verdad empecé a rezar. ¡Gracias, gracias, gracias. Ay, misericordia, gracias!,

Si yo hubiera oído esa música primero y empiezo a cantar de la manera que yo cantaba los primeros álbumes especialmente, me sentiría totalmente como un fraude. Como si lo hubiera copiado. Pero sabiendo yo que esa era mi voz y así cantaba y después oír eso era como, ¡ay, gracias, gracias, gracias!.

Yo no sé si después de eso estaba totalmente influenciado. Eso me ayudó tanto. Estaba obsesionado con Tyrannosaurus Rex y con Donovan también hasta el día de hoy.

Donovan acaba de sacar un álbum y yo siempre estoy interesado en lo que está haciendo. Es muy especial, muy especial. Esa música que hicieron los dos no tiene fecha de expiración. Las generaciones que vienen la van a seguir descubriendo

– Para finalizar -por ahora- esta conversa, ¿Qué tienes que decir sobre los shows en Europa y en específico de Madrid?

Voy con un grupo que amo muchísimo y somos muy íntimos. Somos como una familia de verdad verdad. Nos sabemos nuestras canciones, entonces, nuestro trabajo, nuestra responsabilidad, no es solamente tocar esas canciones lo mejor posible, sino estar conectados y bailar con la energía del ambiente y la energía que nos está dando la gente.

Yo tengo que estar muy muy presente tratando de comunicar una cosa muy íntima, aunque sea con un grupo entero. Vamos a estar cantando canciones del nuevo álbum que tienen mucha energía y otras.

Vamos a ver, es un baile y es un misterio. Eso me encanta

– Que bueno, Devendra. ¡Allá nos veremos!

DM: Claro que si, nos vemos en el show. De verdad, gracias pana. Un placer.

Gracias a ti, bro.