En octubre de 1970, el genial músico inglés, cofundador de la seminal Soft Machine publicó su atractivo segundo álbum en solitario.
Kevin Ayers
Shooting at the Moon
Harvest. 1970. Inglaterra
Kevin Ayers (†) fue un cantautor inglés recordado como una de las piedras angulares de la emblemática Soft Machine, cuya influyente fuerza creadora experimental se convirtió en un referente universal dentro de la psicodelia, el rock progresivo y la atractiva escena Canterbury, un crisol de cualidades muy especiales con ingredientes de jazz y rock bajo un sonido con identidad propia que continua siendo un reto aún para los oídos expertos.
Su obra incluye trabajos junto a Brian Eno (June 1, 1974), Syd Barrett, Elton John, Robert Wyatt, Andy Summers y Mike Oldfield, quienes han sido algunos de los emblemáticos músicos con los cuales Ayers compartió.
Su muerte en febrero de 2013 fue el punto final de una carrera que abrió espacios para dilatar una música que más allá de marcar una época reveló infinitas posibilidades para dar origen a otras vertientes.
Como bien diría un importante crítico inglés: “Las dos personas más importantes del pop británico fueron, por un tiempo, Syd Barrett y Kevin Ayers. Todo cuanto surgió después, surgió de ellos”
Luego de publicar Joy of a Toy en 1969, Kevin Ayers agrupó a varios músicos para formar The Whole World y embarcarse en una gira para promover su debutante obra, tras la cual Kevin entraría con su novel banda a los Abbey Road Studios de Londres para grabar 41 minutos de música a lo largo de nueve temas y producir, junto a Peter Jenner, este celebrado álbum “después de incendiar al mundo cuando nadie escuchaba”.
En esta segunda aventura en solitario, Ayers es acompañado por las teclas de David Bedford, los vientos de Lol Coxhill, el bajo de Mike Oldfield y la batería de Mick Fincher, conocidos colectivamente como The Whole World.
Fueron acompañados en las voces por The Whole World Chorus con la adición de Bridget St. John y Robert Wyatt, quienes nos presentan como preámbulo una portada en azul y blanco con unos jinetes, cabalgando hacia oriente, obra del artista Tom Fu. Tras la consola de Abbey Road Studios estuvo Peter Mews.
Compuesto en su totalidad por Kevin Ayers, Shooting at the Moon (Disparando a la luna) inicia con cuatro composiciones que copan el lado A del LP.
“May I?” es el tema abridor que inicia con el sonido de un motor que se diluye con la entrada de los instrumentos de The Whole World. La cálida voz nos dice: “Acabo de venir de la calle buscando donde comer, encontré un pequeño café, veo a una chica y le digo, ¿puedo sentarme y contemplarte?, quisiera la compañía de tu sonrisa”
Bedford y Coxhill destacan junto a Ayers en esta placentera composición que cierra con el mismo motivo que inicia.

La segunda canción abre con piano eléctrico y refleja el deseo constante de asumir riesgos a cualquier costo. Kevin Ayers incrusta un caos sónico con frases en reversa que el autor contrasta entre pasajes más estables.
Con su característica voz nos canta “Rheinhardt & Geraldine / Colores Para Dolores”, cuya letra en parte va: “Nada nuevo hay entorno al sol, todo cuanto piensas está hecho, todo hecho antes de tú nacer, en uno u otro momento por alguien y su hermano… del veneno viene la flor, mariposas…”

Un claro rasgo existencial tras el cual Ayers y sus muchachos nos ofrecen “Lunatics Lament” (Lamento de lunático): “Rock and roll, aquí estoy echado en la cama, intentando mantener mi cabeza, pero si pasaras por la puerta, me verías gatear por el piso, buscando las cosas que botaste”
La pieza guarda ciertos rasgos que evocan a la primera etapa de Eno y en cierto modo Van Der Graaf Generator. El delirante solo de guitarra es punto álgido de este rock and roll a lo Ayers.

El lado A cierra con la provocadora “Pisser Dans un Violon”, una pieza experimental donde Coxhill protagoniza con el saxo y apreciamos otras sonoridades como el “bip” inicial que abre paso a diversas texturas y colores con la absoluta libertad de penetrar nuestra psique y estimular nuestra imaginación hurgando en nuestros más oscuros sentimientos.
Llámalos retazos, pinceladas o como quieras, pero es un claro viaje a algún lugar no visitado de nuestra mente.

“The Oyster and the Flying Fish” (La ostra y el pez volador) abre el lado B. Diametralmente opuesto al anterior, el tema nos presenta una música más equilibrada y con un toque de comicidad bajo un surrealismo que en parte relata: “Una ostra viajaba a lo largo del camino oceánico, él se había preparado por un tiempo y ahora abandonaba, estaba harto de ser ostrizado y quería estallar, estallar…”
Más adelante la historia continua: “Él vio a un lindo pez volador y dijo: si pudiera pedir un deseo sería convertirme en un pez volador, y entonces sería feliz.”
La historia culmina con una ostra insatisfecha.

“Underwater” es la siguiente del repertorio de la segunda cara del LP. En este paisaje sonoro subacuático, encontramos a The Whole World con toda la libertad expresiva posible.
El oscilante bajo de Oldfield y otras texturas se diluyen en “Clarence in Wonderland”, pieza que pareciera tener la intención de parodiar el clásico cuento de Alicia en el país de las maravillas.
Ayers nos canta: “Sentado en la playa como Clarence en el país de las maravillas, tuve un sueño que sé entenderás, subí a la playa y sólo llevó un momento, una dama vino conmigo en busca de diversión…”

La melodiosa “Red Green and You Blue” con su guitarra y saxo, nos relata: “Sueño con cielos veraniegos, cierro mis ojos y pienso en cosas que me agradan, no notas porque debo estar triste, cada día, sí, mira el sol tornarse rojo y verde, tú eres todo lo que he visto, ¿por qué te quedas?

Finalmente, Kevin Ayers y The Whole World concluyen el álbum con el tema título, una pieza de discretas disonancias, donde el saxo reitera el motivo, dejándonos cautivos con ese sonido en el recuerdo.
En ella, con su voz entre barítono y bajo, Ayers nos cuenta: “¿Cuán lejos y a dónde puede ir alguien?, ¿Cuánto puede hacer y a quién, oh nena estoy triste? ¿Qué puedo hacer? Confío en ti…”
Ciertamente un final dramático para esta excelente obra que bien mantiene el hilo entre el caos y el orden.

Shooting at the Moon fue reeditado en 2003 por el sello Harvest con cinco temas adicionales, lo que ayuda a disfrutar aun más esta esplendida grabación que cumple 50 años.
Whatevershebringwesing, el siguiente álbum, es otra genial obra, del cual hablaremos cuando lo amerite su antigüedad.
Leonardo Bigott
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