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Sally Can’t Dance: el ecléctico cuarto álbum de Lou Reed

Lou Reed Sally Cant Dance

El 24 de septiembre de 1974, el genial cantautor y fundador de The Velvet Underground, publicaba su cuarta obra como solista. Ocho canciones enteramente originales.

Lou Reed
Sally Cant’t Dance

RCA Victor Records. 1974. EE.UU.

 
Este cuarto disco álbum solista establecía diferencias con los legendarios trabajos anteriores Lou Reed (1972), Transformer (1972) y Berlin (1973), y si bien fue vapuleado en su momento por la crítica, es tal vez uno de los puntos más elevados en la dilatada carrera del músico neoyorkino cuya muerte, el 27 de octubre de 2013, representa uno de los días más sombríos del rock & roll.

Lou es recordado como la piedra angular de la banda vanguardista The Velvet Underground, una agrupación que es toda una historia en si misma. En esta oportunidad, Reed nos ofrecía un repertorio puramente de su ingenio, en el cual abordó una amplia variedad de temas.

Producido por Steve Katz (Blood, Sweat & Tears) y el propio Lou Reed, esta cuarta placa fue grabada en Electric Lady Studios en Greenwich Village, Nueva York.

Más de una decena de destacados músicos son parte de este momento histórico en la carrera de Reed. Con cuatro temas por lado del vinilo, esta obra inicia con “Ride Sally Ride”.

Siéntate / Toca una melodía en ese piano de cola / Siéntate, recuéstate lánguidamente en ese sofá…”, canta Lou con un dejo de nostalgia acompañado de Michael Fonfara† al piano, Pakras John y Danny Weis bajos, los coros de Michael Wendrof y Joanne Vent, una sección de metales de las más envidiables del planeta con David Taylor, Lou Marini, Jon Faddis, Alan Rubin, Alex Foster, Lew Soloff y Trevor Koehler, bajo los arreglos de Katz.




Otros músicos participantes a lo largo del repertorio incluyen al guitarrista Doug Bartenfeld, a los bateristas Richie Dharma y Pentti “Whitey” Glan, al bajista Doug Yule y el saxofonista Paul Fleisher.

“Animal Language” es la segunda pieza del set. “La señorita Riley tenía un perro / Solía tenerlo en su patio trasero / Y cuando el perro empezó a ladrar / Todos los vecinos empezaron a gritar / Luego llegó una noche tormentosa / La señorita Riley dejó salir a su perro / Y cuando los vecinos lo encontraron por ahí / Le pusieron una pistola en la boca y le dispararon / Y se fue

Reed parece cantarle a la muerte. Los solos de saxo, piano y guitarra dan un tinte de rock & roll y jazz.

Lou sigue con un poco de blues en “Baby Face”, tema que nos dice sobre la convivencia y sus inconveniencias.

La potente pieza “N.Y. Stars” cierra el primer set. “El stock está vacío / En nuestro almacén de globos oculares / Todo lo que nos queda / Unas cuantas cataratas y llagas / La máquina imitadora de maricón / Nunca tuve ideas Misión imposible / La autodestrucción del miedo…




Abriendo el lado B, “Kill Your Sons”, un tema slow heavy rock autobiográfico que se refiere al tiempo que estuvo en un psiquiatrico siendo adolescente, a instancias de sus padres.

Lou canta: “Todos tus psiquiatras de pacotilla te están dando electroshocks / Dicen que te dejan vivir en casa, con mamá y papá / En lugar de en un hospital psiquiátrico / Pero cada vez que intentabas leer un libro / No podías llegar a la página 17…

Especulando un poco, vale comentar que en los años 70 las instituciones mentales en Estados Unidos no gozaban de prestigio. Tal vez eso quería decirnos Reed.

Luego sigue “Ennui”, un tema cadencioso con acompañamiento de piano y solo de guitarra para cantarnos sobre la verdad.

Posteriormente, escuchamos el tema título con un interesante coro, lo que evoca algo de r&b y góspel. Los metales son claves. El que haya visto el film The Blues Brothers (1980) verá a varios de estos músicos.




“Billy” pone la guinda de esta maravilla musical iniciando con la guitarra y el estupendo saxo.  “Billy era un buen amigo mío / Crecimos juntos desde que teníamos nueve años / Íbamos a la escuela, él era mi mejor amigo / Y pensé que nuestra amistad nunca terminaría / En la escuela secundaria, él jugaba al fútbol / Y yo, no hacía nada en absoluto / Él hacía touchdowns, mientras yo jugaba al billar / Y nadie podía averiguar quién de nosotros era el tonto…

Si esta historia es ficticia o biográfica no lo se, pero ciertamente una escena común en la vida de la mayoría de nosotros los mortales.

Viajemos en el tiempo para apreciar nuevamente esta gema musical que cumple 50 vueltas alrededor del sol.

Leonardo Bigott


 

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