El cantautor inglés se presentó en formato íntimo solo con guitarras acústicas, conmoviendo irremediablemente al público que llenó la sala
Richard Hawley
Concierto en Sala But, Madrid
(Septiembre 23, 2024)
Hay conciertos que desarman por completo desde el primer momento. El inglés Richard Hawley, en su formato íntimo con solo guitarras acústicas y su voz, demostró que en cualquier formato sus canciones calan hondo.
Hawley está de gira por su nuevo álbum, In This City They Call You Love, pero en algunos shows toca con banda completa y en otros como los que ha realizado en España se acompaña únicamente de su fiel guitarrista Shez Sheridan, cuyo trabajo fue de una elevada finura. Entre ambos utilizaron seis guitarras acústicas de sonido prístino y fueron asistidos por un diligente asistente sin el cual la dinámica se hubiera resentido.
A lo largo del show Hawley se mostró cercano con el público, muchas veces bromeando -no sin ironía- y dejando colar comentarios políticos y personales.
Quizá la clave para entender porqué sale tan costoso girar con banda completa por Europa -no digamos ya en otro continente- habría que remitirse al Brexit, al cual despreció junto a los tories cuando dijo “Fuck Brexit, fuck tories, we are not british, we are from Sheffield”.
Antes de comenzar ya se nos advertía que guardáramos estricto silencio a petición del artista, por lo que cada vez que sonaba una botella tropezada por algún pie o los choques de vasos en la barra, pensábamos que este formato era mejor para un teatro, todos sentados y ellos sin tener que preocuparse de ruidos inconvenientes. Había que cruzar los dedos pensando en que no hubiera algún ruido que lo desconcentrara o molestara en exceso.
Quizá Hawley no sea el cantautor británico más conocido, una circunstancia que no se corresponde con la calidad y vitalidad de su obra, pero sí tiene una legión de seguidores capaz de llenar la Sala But un lunes comenzando otoño.
Los nueve discos en solitario durante este siglo y dos en los años 90 con la banda Longpigs, certifican la capacidad creativa de este guitarrista, compositor y cantante, dueño de una cálida y seductora voz barítona ligeramente ronca que pudiera recordar a Scott Walker, aunque sus influencias nacen en Roy Orbison, Gene Vincent, Elvis Presley y Johnny Cash, y se extienden hasta Nick Drake, Jarvis Cocker, Neil Hannon, Stuart Staples (Tindersticks), Guy Chadwick (The House of Love) y Chris Isaak.
Richard cabalga con sinuosa habilidad entre las canciones de corte intimista y fracturada belleza, y la estridencia controlada de las guitarras eléctricas, ausentes por completo en este concierto, lo cual redimensionó algunas canciones.
En su obra, coherente y emotiva, demuestra una excepcional virtud para crear melodías pop cargadas de nostalgia y melancolía. Y así quedo patente desde el comienzo con la otoñal “As The Dawn Breaks”, que fue seguida por “Ashes on the Fire”, de aroma country, ambas del fenomenal Truelove’s Gutter (2009).

Hawley se paseó por casi toda su discografía. Hubo representación en el setlist de ocho de los nueve álbumes editados desde 2001, y solo el segundo, Lowedges (2002) quedo fuera de las selecciones.
La maravillosa y siempre luminosa “Tonight the Streets Are Ours” fue la primera mirada a su emblemático disco Lady’s Bridge (2007), pieza que siempre ejerce un efecto encantador, no importa en qué formato sea interpretada.
Antes de ella Richard saludó, agradeció y realizó su primer comentario político: “Hace poco tuvimos elecciones y sacamos a los ‘fachas’, y ganaron los ‘fachitas’”.
La sosegada “’Tis Night” fue la primera revisión del nuevo disco In This City They Call You Love, y la verdad no se escuchó ni un tosido.
Las piezas nuevas se alternaron con las de otros discos en el siguiente tramo de concierto. La muy emotiva “The Sea Calls” de Lady’s Bridge, antecedió a una de mis favoritas del reciente álbum, “Prism in Jeans”, con un trabajo magistral de Sheridan y una poética letra: “Esta es la historia del prisma en jeans / Las palabras se difuminan y los colores sangran / Pertenecer, ah, pertenecer / Ella es el espectro, ella es la luz / Ella es la sombra, la noche misteriosa / Pertenecer, ella no pertenece”
Alquien pidió “The Ocean”, y Richard respondió con cierto retintín: “No habrá ‘The Ocean’, se necesita una orquesta y esta noche no está aquí, solo estoy yo con mi ‘hermano’ Shez”. Y de inmediato pidió un aplauso para él, muy bien correspondido por el público.
Fue el turno de un tema que escuchaba en su casa cuando niño, y en su introducción aprovechó para mencionar que su padre era músico y trabajador en la fábrica de acero, su abuelo y tio también, y con nostalgia recordó aquellos tiempos como felices cantando juntos, “Corrine, Corrina”, una canción original del bluesista Armener «Bo Charter» Chatmon, uno de los pioneros en el uso de la amplificación.
Una interpretación teñida de inocultable nostalgia.

Volviendo al disco presente, la última elegida fue “Heavy Rain”, una pieza romántica donde las haya: “En mis sueños te digo / Que en mis sueños siempre sueño contigo / En mi corazón hay un pensamiento / Y es que siempre estoy pensando en ti aquí, eso parece / E incluso en el fin del mundo / Sabes que siempre estoy pensando en ti, niña / Y toda esta fuerte lluvia / Fuerte lluvia”
El momento cumbre de la noche ocurrió con “Standing at the Sky’s Edge”, una interpretación a medio camino entre el blues, el western y el dark folk ala Woven Hand o 16 Horsepower, con Sheridan ofreciendo un performance memorable. La transformación de un tema de murallas eléctricas de guitarras distorsionadas en uno de intensidad acústica no tuvo parangón.
Entonces volvió la vista lo más atrás de la noche para abordar dos temas de su primer disco solista, Late Night Final (2001). La primera de ellas fue “Something Is…!”, con cierta influencia de Jarvis Cocker, quizá porque coincidía con los años en los que colaboró con Pulp.
La segunda fue “Precious Sight”, que inauguraba esa tesitura bucólica y lluviosa de Hawley, potenciada por la guitarra slide de Sheridan
El tramo final del concierto lo conformaron tres canciones de alto impacto. Sobre la primera, “Just Like a Rain”, comentó que era la más antigua de sus canciones que aún toca, la cual compuso cuando cumplía 16 años. Y antes de tocarla mandó al carajo a los toaries.
Fue una interpretación muy country, especialmente por el trabajo magistral de Sheridan tanto en guitarra -que a veces hizo sonar como mandolina- como en apoyo vocal. Para tener 16 años, ya Richard mostraba su talento como crooner: “Caminando en silencio por la nieve / Avanzando suavemente hacia tu puerta / Vuelvo a casa, vuelvo a casa / Me siento tan extraño, me siento tan débil / He caminado por un mundo de calles vacías / En solitaria búsqueda, he buscado solo / Pero todavía estás en mi mente / Todavía estás en mi mente / Y aquí es donde el sonido / De mis lágrimas toca el suelo / Como la lluvia, como la lluvia”

El tema más triste y delicado del recital fue “Lady Solitude”. Nivel lágrimas. Los arpegios de Sheridan sollozaban. Imposible no conmoverse. Silencio absoluto. Admiración.
A pesar de la inquietud generada al anunciar que venía el último tema, pronto el estado de ánimo regresó bajo los efectos narcóticos del sobrecogimiento con “Heart of Oak”, la única pieza escogida de Hollow Meadows (2015), otra de mis favoritas, con las dos guitarras entrelazadas de manera notable. Sonó como tenía que sonar: grandiosa.
Tras una ovación extendida, regresaron para interpretar dos canciones más. La primera, “For Your Lover Give Some Time”, dedicada a su mujer. Y con ello bromeó diciendo que la escribió en dos minutos, preparó la escena con vino y velas, y todo fue muy sospechoso para ella.
“Ayer fue tu cumpleaños / Te di un regalo que casi te dejó sin aliento / Pero para ser honesto, casi lo dejo en el tren / A tu amante, dale algo de tiempo / Estás siempre hablando por teléfono / Con tu madre, y me quedo solo con mis pensamientos / De vez en cuando pienso en lo extraño que se ha vuelto nuestro amor / A tu amante, dale algo de tiempo / Te dejaré estos cigarrillos / Me quedaré en casa y veré cómo arreglas las rasgaduras de tu vestido / Tendré tu nombre tatuado en una rosa en mi pecho / Y seré tu amante para siempre”
Y luego del “muchas gracias”, Hawley nos regaló “My Little Treasures”, única del anterior disco Further (2019), con una guitarra con ligero efecto phaser.
El imponente Richard y su broder Shez abandonaron el escenario dejando en el ambiente un sentimiento de agradecimiento por la honestidad de las canciones, y con la sensación de haber compartido hora y media con uno de los más genuinos cantautores de nuestro tiempo.
Juan Carlos Ballesta
Gold Lake: la sorpresa de la noche
Suele ser injusto, pero es una realidad. Muchas veces la mayor parte del público no tiene ni idea de quién es el grupo o artista abridor de un concierto. Con frecuencia el nombre no es incluido en las piezas gráficas promocionales y a veces ni siquiera en la información que rueda por las redes o en la ticketera.
Casi con el rabillo del ojo leímos el nombre Gold Lake en el volante de este concierto. Nos quedamos con el nombre. No conocíamos de qué se trataba pero nuestro interés perenne en descubrir nuevos artistas, siempre nos lleva a llegar a la hora del «telonero». Tampoco sabíamos que el grupo afincado en Madrid tenía dos discos y que el más reciente, Weighless, fue publicado en 2023 por Subterfuge.
El concierto nos impresionó y por ello hicimos la tarea de inmediato. Es una laguna que quedó en nuestro listado Los 35 mejores discos españoles de 2023.
Fundada por Lua Ríos (voz) y Carlos Del Amo (guitarra), Gold Lake se mueve en terrenos que emparentan el dream pop, el shoegaze, americana y art folk, con momentos que recuerdan a Mazzy Star o Cowboy Junkies.
Suele ser una lotería, pero hemos sido gratamente sorprendidos innumerables veces. Y esta ha sido una de ellas y de las mejores.
Gold Lake ofreció un concierto corto pero sólido, con temas de su reciente disco y una revisión fantástica de “Song to the Siren” de Tim Buckley, inspirada en la versión cantada por Elizabeth Fraser para el disco debut de This Mortal Coil, It’ll End in Tears (1983).
Le seguiremos la pista





