Inicio Archivo discografico Mahogany Rush IV: la reliquia perdida del rock canadiense

Mahogany Rush IV: la reliquia perdida del rock canadiense

68
Mahogany Rush IV

En junio de 1976 la banda canadiense lanzaba su cuarta impronta, un llamativo LP de nueve temas compuestos por su máximo líder, Frank Marino

Mahogany Rush
IV

Columbia Records. 1976. Canadá 

 
El rock canadiense ha estado con frecuencia bajo la sombra de las dos potencias musicales que conforman Inglaterra y Estados Unidos.

Sin embargo, el país norteño siempre se ha visto muy bien representado en ese agreste camino del rock, cuando recordamos, por ejemplo, a Rush, The Guess Who, Neil Young, Chilliwack, April Wine, The Tragically Hip, Saga y una de mis favoritas en tiempos más recientes, Arcade Fire, una de las bandas de aquel intercambio musical llamado Scratch my Back, promovido por “el centinela de los cielos”, Peter Gabriel.

A éstas debo sumarle una, que desde 1969, con una modesta discografía, ha sido venerada por una legión de fans que ha puesto su atención en la persona del excelente guitarrista Frank Marino, quien ha destilado su talento en los competitivos predios de la psicodelia, el hard rock y el blues rock con una óptica muy personal que el mismo líder describe como “el punto de encuentro de Grateful Dead y el jazz”.




Una fórmula nada despreciable que para el momento que nos ocupa la conformaban Paul Harwood en los bajos eléctrico y acústico; Jimmy Ayoub en la batería y percusión y Frank “el magnánimo” Marino en las guitarras acústica y eléctrica, el mellotron, el synth bass y la voz líder, trío que a lo largo de casi 44 minutos nos mantiene en vilo.

Vale mencionar que “The Answer”, “It’s Begun to Rain” y “Dragonfly” formaron parte del repertorio del disco de 2005 A Secondhand Smoke, A Tribute to Frank Marino, un homenaje al subestimado guitarrista italo-canadiense.

Producido por Frank Marino, Mahogany Rush IV inicia con el excelente tema “I’m Going Away”, donde el melotrón nos revuelve los recuerdos de un prog poco distante que ligeramente evoca al King Crimson de 1969.

El estupendo solo de guitarra es el gancho perfecto para cautivarnos, al tiempo que Marino nos habla de su partida




Luego nos cuenta otra historia en “Man at the Back Door”:“Y bien, has visto alrededor – y sentir que estás cayendo – y escuchar el sonido de un nombre – que alguien pronuncia – pero no crean ustedes que estoy cayendo – bueno les digo que hay un hombre en la puerta trasera”

“The Answer” cierra la primera tríada con una guitarra y una voz que revelan una clara influencia de Jimi Hendrix, en la cual Frank nos dice: “Parado dentro de una habitación plateada  – resuena una explosión en mi cabeza – un predicador con una daga púrpura y negra  – destruye sagradas pinturas”

Una apresurada “Jive Baby” nos atrapa con un ligero tinte funk. Acá, lejos de comparaciones detestables, Frank pareciera tomar algunas ideas de su paisano Gino Vannelli para luego matizar con sobrada dulzura en “It’s Begun to Rain” una cadenciosa melodía que en parte dice: “Dulces llantos y gentiles suspiros / un sonido que creí conocer / me tocó a través de exhaustos cielos / así de triste es mi sentimiento / bueno, fingí reír primero / y luego la risa era para mí – porque al mirar afuera / sentí que llovería”

No puedo dejar de pensar en “Little Wing”  de Hendrix.

El set, ya en el lado B, sigue con otro encumbrado momento en “Dragonfly” con otro poquito de funk.

“Bueno, escucha / algún día escucharás unos aleteos / tan distantes / un sonido de cosas secretas / pero mira allá en lo alto del oxidado cielo”, nos canta Frank.

“Little Sexy Annie” es la más agitada del repertorio hasta el momento. Eddie Van Halen† debe haber tocado el riff de “Hot for Teachers” inspirado en este romance heavy metal

El grupo después nos ofrece “Moonwalk”, en la cual Frank Marino conjuga guitarra y voz de un modo magistral acentuando la palabra que da titulo a la composición.

El espectacular sólo de guitarra bien vale la pena para tener esta joya musical donde Mahogany Rush trae de vuelta al mellotron

El cierre de este excelente disco llega con un cierto dramatismo en “IV…Emperor”. 

“He estado en muchos lugares / y haber visto muchas lágrimas / he visto tantos rostros / y regresado temeroso / porque saben que he venido para robarles sus años / un mundo de belleza tan diverso en la vida”

Frank, finalmente deja caer las últimas notas desde su acústica con el mellotron de fondo.




Mi primer encuentro con Frank Marino y Mahogany Rush fue en diciembre de 1980, ese fatídico mes donde Mark Chapman ultimó a John Lennon, pero confieso que, aunque me gustó, yo insistía en el prog y el new wave.

Este disco, publicado cuando el punk y el disco comenzaban a hacer furor, es sin duda una gema, y como tal debe ser tratada. Si bien Frank ha estado en esa zona gris donde frecuentemente se le compara con Jimi Hendrix, debe decirse a su favor que es un guitarrista excepcional por su rapidez, sus recursos técnicos, pero sobre todo por un sonido personal que se evidencia, gracias a su sensibilidad, en esta estupenda grabación.

Y no es que Mahogany Rush no haya impactado con sobrada fuerza, pero la banda de Frank, hasta donde puedo ver, ha sido subestimada por esas mágicas cosas de la vida.

Como dato curioso destaca una singular estrategia de mercado que se basa en una idea ficticia en la cual Marino, tras consumir una importante cantidad de LSD, es recluido en un centro de rehabilitación donde tiene la visión de ser visitado por Jimi Hendrix.

¡Todo vale en este mundo del rock!

Desde 1980 la banda solo ha producido un disco en estudio, Eye of the Storms, pero ha seguido activa en los escenarios como Frank Marino & Mahogany Rush, estando conformada en años recientes por Marino en guitarra, teclados y voz; Mick Layne en las guitarras; Avy Ludmer al violín y guitarra; y la sección rítmica de Dave Goode y Mark Weber, en batería y bajo, respectivamente.

Leonardo Bigott


¿Interesado en comprar éste u otro disco de Mahogany Rush, o merchandising? Como un Afiliado de Amazon, recibimos una comisión  por compras realizadas. Gracias