Inicio Ahi estuvimos La estremecedora liturgia de Nick Cave & The Bad Seeds en Madrid

La estremecedora liturgia de Nick Cave & The Bad Seeds en Madrid

Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Sharon López / Cortesía Last Tour

El incansable australiano ofreció en Madrid un concierto de amplia repercusión emocional junto a su monumental banda 

Nick Cave & The Bad Seeds
Concierto en Wizink Center, Madrid
Wild God Tour

(Octubre 25, 2024)

Hay conciertos muy difíciles de describir. Las palabras pueden ser inexactas o quedarse cortas. La experiencia con Nick Cave es de tal magnitud emocional que puede uno incurrir en excesiva adjetivación y subjetividad. Y ello se incrementa cuando se ha seguido de cerca al artista por décadas.

El caso es que, finalmente, después de las cancelaciones en los años de pandemia, el australiano se presentó en Madrid, en el marco del tour que acompaña a su magnífico nuevo disco, Wild God, con el cual parece haber salido del túnel que atravesó con Skeleton Tree (2016) y Ghosteen (2019) tras la trágica muerte de uno sus hijos mellizos, Arthur, a los 15 años.

The Bad Seeds, la banda que le sirve de soporte desde hace 40 años, ha sufrido algunos contratiempos este año. Martin P. Casey enfermó y tuvo que ser sustituido por Colin Greenwood, nada menos que el bajista de Radiohead. Warren Ellis se presentó con algún problema físico que limitó el acostumbrado protagonismo, aunque eso no impidió que realizara un performance fantástico.

El gran Larry Mullins -quien es parte de Swans– se unió al tour, completando con Jim Sclavunos (percusión, batería), Thomas Wydler (batería, percusión) -el más antiguo de los Bad Seeds, desde 1985-, Carly Paradis (teclados), George Vjestica (guitarras) y el sensacional cuarteto de coristas, Janet Ramus, Wendi Rose, Mica “Ione” Townsend y T. Jae Cole, una formación muy poderosa, capaz de interpretar todos los estados de ánimo del repertorio de manera notable.

El matiz góspel y soul que otorgó el coro contribuyó de manera especial al carácter espiritual de muchas composiciones, logrando una elevación mística en muchos momentos.

Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Mariella Rosso




A lo largo de los años, Cave ha construido una personalidad en escena única en el vasto panorama del rock y la música popular en general, reflejo en buena medida de sus posiciones ante la vida. Nick puede pasar de la euforia y furia descontrolada -con saltos, patadas al aire, lanzamientos de micrófono, carreras por el escenario y unos característicos movimientos de brazos y pelvis- a momentos sobrecogedores y desbordantes de amor, compasión y poesía.

Su estrecha relación con el público es una constante durante todo el show, una forma de retroalimentación que asemeja a la de un predicador, pero de los honestos, sin eufemismos ni engaños. Cuesta pensar en algún otro músico que se relacione de manera tan pasional y genuina con su público. Cave pronunció “Madrid” incontables veces.

Nick se acerca al público, estira un brazo, estrecha manos, incluso confía su micrófono en algunos elegidos al azar para tener los dos brazos libres, señala, hace guiños, agradece, conduce como director de orquesta el ánimo colectivo, pide bajar el volumen, pide cantar…Por ello, el escenario está al ras del público, es necesario. Estar en la primera línea de fuego es un privilegio para los que acudieron temprano a la cita y es ahí donde mejor se cuece la relación con el australiano.

Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Sharon López / Cortesía Last Tour
Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Mariella Rosso
Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Mariella Rosso

A los 67 años recién cumplidos, Cave luce pletórico, energizado, aunque ello no implique que por momentos se ponga circunspecto. Su característico peinado hacia atrás, con riguroso pelo negro, el traje y corbata, le otorgan una cierta solemnidad que equilibra con su desenfado. Los músicos también de traje, necesario para acompañar al sumo sacerdote sin desentonar.

Las vicisitudes de la vida -incluida también la muerte de su hijo mayor en 2022 y la de varias personas cercanas- parecen haberlo fortalecido. Y así va reflexionando sobre diversos temas vitales que aborda en sus magníficos textos (amor, ausencias, religión…), con algunas frases claves proyectadas en pantalla, como la más utilizada en la noche “You’re beautiful”, que pronuncia en “Conversion”.

La noche anterior había ofrecido otra liturgia colectiva en Barcelona, y no lo parecía a juzgar por la energía que desbordó por más de dos horas.




Pocos artistas con una carrera tan extensa, con tantos temas emblemáticos e imprescindibles, dedican casi la mitad del repertorio (9 de 21) a un nuevo disco. Generalmente eligen las piezas más representativas, pero Cave decidió interpretar casi la totalidad de Wild God, exceptuando la pieza de dos minutos que lo cierra.

Tal es la calidad de esta nueva camada de canciones que cada una de ellas encajó a la perfección con momentos de absoluta fiereza y crudeza como “From Her to Eternity” (del primer disco con The Bad Seeds de 1984) o el inmenso homenaje a “King Elvis” con “Tupelo” (Firstborn is Dead, 1985), las dos piezas más antiguas del setlist y cuya interpretación desbordante de pasión y explosividad colocaron el listón muy alto en la primera mitad del show.

Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Sharon López / Cortesía Last Tour
Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Sharon López / Cortesía Last Tour
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Es dificil saber cual de los nuevos temas conmociona más, pero la dupla que tocaron justo entre esas dos piezas fue tremenda: “Long Dark Night” y “Cinnamon Horses”.

Frogs”, “Wild God” y “Song of the Lake”, se encargaron de sintonizar a los feligreses que casi llenamos el Wizink (hubo unos vacíos en los laterales), luego de lo cual Cave nos hizo reflexionar sobre la niñez y pidió que por sobre todas las cosas hay que cuidar a todos los niños, y tocó la muy sensible “O Children”, que cierra el segundo de los discos de Abbattoir Blues / The Lyre of Orpheus (2004)

Y así fue escogiendo con pinzas entre varios discos, una pieza a lo sumo. De Push the Sky Away (2013) nos regaló “Jubilee Street” en una vitaminada y memorable interpretación.

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De Ghosteen tocaron “Bright Horses”, un gran momento que sirvió de preámbulo a la escogencia dicotómica que siguió, por un lado “Joy” (“una palabra corta pero que significa mucho”, dijo) -del nuevo disco- y luego la sobrecogedora “I Need You” de Skeleton Tree, el disco envuelto en el duelo por su hijo Arthur.




Por supuesto, no podía faltar “Red Right Hand”, el clasicazo de Let Love In (1994) que mucha gente conoció gracias a la serie de TV británica, “Peaky Blinders”. La pieza es siempre un momento álgido.

Nick comenzó a cantar antes de tiempo, paró y sonrió, y cuando la canción parecía extinguida animó al público a seguir con el coro, pero desafinó ostensiblemente, y consciente de ello corrió hacia el piano, tumbó con rabia el soporte del micrófono y retomó el tema en su tramo final.

A pesar de esos detalles, la infalible canción fue uno de los momentos mas celebrados y brutales de la noche, un performance que incluyó acercamientos con el público no solo con su mano (izquierda) sino apoyando su cuerpo sobre los brazos de unos cuantos. Además, las luces rojas acompañando los momentos más explosivos contribuyeron a crear un ritual colectivo de grandes proporciones.

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Otro temazo de su primera época fue “The Mercy Seat” de Tender Prey (1988), con una fuerza brutal sin ápice de la usual domesticación que otorga el tiempo.

Sin embargo, el disco más premiado más allá de Wild God fue Carnage (2021), que firmaron Cave y Ellis al margen de The Bad Seeds y sus muchos soundtracks, del cual tocaron el tema título y “White Elephants”, uno de los mejores de toda la noche, con la cual hicieron la primera despedida.

Nick Cave & The Bad Seeds, Wizink Center, Madrid, 2024
Foto: Sharon López / Cortesía Last Tour
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Al regreso, Nick Cave introdujo con especial sensibilidad el tema “O Wow O Wow (How Wonderful She Is)”, inspirado y dedicado a Anita Lane, su pareja entre 1977 y 1983 durante los años con The Birthday Party, integrante original de The Bad Seeds (coescribió la letra de “From Her to Eternity”) y colaboradora eventual, quien falleció a los 61 años en 2021. El cariño y respeto que le tenía se hizo evidente, reforzado con emotivas imágenes de Anita en momentos felices.

De ese momento pasaron a la intensidad de “The Wepping Son”, quizá el tema más representativo de The Good Son (1990), el disco grabado en su etapa en San Pablo, Brasil.

El repertorio, hasta ese momento era el mismo que el de la noche previa en Barcelona, pero por alguna razón no tocaron en Madrid la potente “Papa Won’t Leave You, Henry”, un tema esperadísimo por muchos.

Volvieron a retirarse pero los cerrados aplausos no paraban, así que Cave regresó solo para interpretar al piano una sentida “Into My Arms”, una de esas piezas inspiradas por su romance con PJ Harvey que desembocó en su disco más romántico, The Boatman’s Call (1997).

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Y se despidió con la frase de la noche: “You’re Beautiful”, correspondida por los asistentes.

Nadie regresó a casa indemne después de semejante ceremonia religiosa. Habíamos sido parte de una liturgia catártica de alto impacto emocional. Ojalá Nick Cave y sus mal paridos regresen pronto.

No creo equivocarme si afirmo que un concierto de Nick Cave & The Bad Seeds es una de las experiencias colectivas más balsámicas y nutritivas que pueda existir.

Juan Carlos Ballesta (texto y vídeos)

Sharon López (fotos) / Last Tour

Mariella Rosso (fotos y videos)

Vanessa Carmona (vídeos)