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Radiohead Amnesiac Tour 2001: mas allá de su tiempo

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Radiohead en New York
Foto: Danny Clinch

La gira de Kid A y Amnesiac en 2001, llevó al quinteto inglés al Liberty State Park de NJ poco antes de los atentados del 11-S

Radiohead
Concierto en el Liberty State Park, New Jersey

(Agosto 16, 2001)

Cuando en la luminosa mañana del 16 de agosto de 2001 nos negaron por última vez la posibilidad de conseguir entradas para el esperado concierto de Radiohead en el Liberty State Park de New Jersey, la desilusión hizo mella en los cuatro venezolanos que desde hacia dos meses tratábamos infructuosamente de ubicar los boletos por Internet, la única manera en que se pusieron en venta.

Disfrutar de un concierto de Radiohead en uno de sus momentos más creativos es algo que no estábamos dispuestos a dejar pasar. Un concierto frente a la Estatua de la Libertad y con Manhattan al fondo iluminando una exquisita noche de verano era demasiado tentador.

Nuestra insistencia valió la pena ya que luego de caminar varios kilómetros para tratar de escuchar el concierto desde algún recodo cercano, la noche nos arrojó una aparición fantasmal, una especie de señal divina, que nos permitió adquirir las cuatro entradas, legales.

Radiohead boleto




Diez minutos después, a las 9:15 de la noche, descansábamos sobre la grama del parque, rodeados por mas de diez mil personas, mientras observábamos el cielo nocturno de Nueva York surcado por las luces de decenas de aviones y las Torres Gemelas como telón de fondo, ignorantes de su destino apenas tres semanas después.

Las complicadas circunstancias apenas nos permitieron llegar a tiempo para disfrutar parte de la presentación del cuarteto escocés The Beta Band, una magnífica agrupación cuya desenfadada propuesta ha inspirado e influenciado a muchas bandas británicas, incluso a Radiohead.

No pudimos ver a Kid Koala, aunque de lejos escuchamos las interesantes mezclas realizadas por este reconocido DJ neoyorquino.

El conciertazo de Radiohead

A las 9:45 de la noche comenzaron a sonar los acordes de “The National Anthem” e inmediatamente el público entró en sintonia con los cinco músicos de Oxford. Otra pieza del disco Kid A, “Morning Bell” continuó lo que prometía ser una velada inolvidable.

Thom Yorke lucia todavía reservado, pero destilando energía. Sin demasiados paréntesis lanzaron “Airbag” y “Karma Police”, dos piezas de OK Computer que fueron recibidas con euforia y que sirvieron para introducir las dos primeras incursiones en terrenos de Amnesiac (“Knives Out” y “Pact Like Sardines”), el más reciente disco del quinteto.




La tónica había sido ya establecida. Durante la noche intercalaron principalmente piezas de OK Computer (cinco), Kid A (cinco) y Amnesiac (siete), dejando colar apenas tres canciones de The Bends y una composición casi inédita, para un total de 23 canciones, repartidas en dos horas y cuarto, incluyendo dos encores.

A medida que el concierto se desarrollaba el carisma desbordante de Thom Yorke nos atrapaba irremediablemente, así como la magia de Ed O´Brien y los hermanos Jonny Greenwood y Colin Greenwood al mando de las guitarras, bajo, teclados y algunos artilugios tecnológicos.

La batería de Phil Selway sonó soberbia durante toda la noche, enfatizando y matizando cada vez que era necesario. Dos pantallas gigantes colocadas a ambos lados de la inmensa tarima facilitaron la visión de ciertos detalles imposibles de observar a distancia.

My Iron Lung” y “No Surprises” nos arroparon y nos trasportaron hacia otras dimensiones. Para ese momento ya la presentación de Radiohead había traspasado el umbral emocional que pocas bandas logran superar, momento que aprovecharon para interpretar tres piezas casi seguidas de Amnesiac: “Dollars and Cents”, “I Might be Wrong” y “Pyramid Song”, y entre ellas la casi olvidada “Street Spirit” de The Bends.




Sin embargo, todavía quedaban por vivirse varios momentos de total conmoción. Yorke dedicó “Paranoid Android” a todos los que no consiguieron entradas, grupo del que estuvimos a punto de formar parte, y con ella nos elevó y dejó caer como en una montaña rusa.

A continuación “Idioteque” hizo que nos embelezaramos con el magnífico trabajo de Jonny Greenwood en las máquinas, y sin darnos un respiro nos lanzaron otra pieza de Kid A, “Everything in its Right Place”, poniéndonos a volar mucho más arriba que los aviones que surcaban el cielo neoyorquino.

Todavía con la audiencia flotando y con ganas de mucho más se retiraron del escenario.

El público lucía totalmente alucinado, aplaudiendo a rabiar. Al poco tiempo aparecieron de nuevo los cinco integrantes para deleitarnos con “Like Spinning Plates”, el inicio de un primer e inolvidable “encore”.

Lucky” fue un irresistible bálsamo que nos impregnó totalmemente con su prístina cadencia. Aún absortos, el tránsito hacia “You and Whose Army?” ocurrió casi por ósmosis, mientras la voz de Yorke, clamando al cielo, y la precisa batería de Selway nos llevaban de la mano.

La psicodelia de “How To Dissapear Completely”, interpretada con especial emotividad, presagiaba el final. Sin embargo, cuando pensábamos que la noche estaba completa y nuestra satisfacción era casi plena, todavía faltaba un segundo y último encore.

Haciendo uso de su especial carisma, Yorke anunció una pieza “nueva y casi desconocida”: “True Love Waits”, recibida con más ímpetu del que normalmente despierta en un concierto una canción inédita (el tema fue finalmente incluido quince años después en A Moon Shaped Pool)

De seguido, de forma inesperada, sonó “The Bends, coreada por los miles de asistentes que nunca fueron complacidos con “Creep”, la canción convertida en himno que dio a conocer a Radiohead en Norteamérica en 1993, una demostración inequívoca y valiente de ruptura con el pasado.




El cierre de la magistral e inolvidable presentación fue con “The Tourist”, una de las varias piezas que recuerdan a Talk Talk, una influyente banda inglesa con una evolución musical parecida a la de Radiohead.

Aunque Radiohead todavía tenía mucho que aportar al desarrollo de la música pop, el momento que vio surgir a Kid A / Amnesiac representaba un pico creativo de especial relevancia y así lo demostraron durante esa especial noche de agosto, de la cual tuvimos la suerte de ser parte.

Radiohead, New Jersey, 2001
Foto: Danny Clinch

El increíble y bizarro fenómeno Radiohead

Desde la Beatlemania no se había producido una estampida y una histeria colectiva de tan grandes proporciones por una banda británica como la que se produjo durante la gira veraniega de Radiohead en Estados Unidos en aquel 2001.

Pero si bien antes las manifestaciones de locura ocurrían en los aeropuertos, calles, teatros y estadios, el principal canal para la histeria y ansiedad de los fans habían pasado a ser los cientos de sitios web existentes alrededor del mundo, y en específico en Norteamérica.

El fenómeno revestía características inusuales y muy novedosas.

Radiohead arrasó en esa gira, agotando los tickets en apenas minutos. Ha sido un triunfo que Oasis no había podido lograr y que Led Zeppelin, The Rolling Stones, U2 y The Who solo obtuvieron luego de años de arduas giras.

El fenómeno en este caso es la manera, más que la escala, conseguido sin editar casi ningún single, sin promoción en los medios, sin un solo volante o afiche, y con muy poca difusión en las emisoras de radio.

El éxito había sido logrado gracias a una laberíntica red de websites que funcionaban como un noticiero “de boca-en-boca” virtual y que provocaron que por primera vez en la historia se vendieran todas las entradas de un tour sin que nadie tuviera que moverse.

Pero esa no era toda la innovación. Las locaciones escogidas para los conciertos escapaban a la tradicional idea de grandes teatros, arenas o estadios.




Radiohead se decidió por sitios de especial encanto. En Chicago se presentaron sobre una plataforma entre un lago y el más elegante horizonte urbano, mientras que en Nueva York utilizaron el Liberty State Park de New Jersey, ubicado frente a la Estatua de la Libertad y con la majestuosa nocturnidad de Manhattan como telón de fondo.

El fenómeno Radiohead era extraño en si mismo, rompiendo los estereotipados moldes de la escena musical estadounidense. Kid A, uno de los más bizarros y futuristas álbumes de pop en años llegó al tope de las carteleras sin que nadie se explicara cómo, y de inmediato su hermano, Amnesiac hizo lo mismo, logrando aparecer en las portadas de varias publicaciones.

El afamado New Yorker comisionó a su más prestigioso periodista, Alex Ross, quien normalmente se ocupa de Mozart, Bartok y otros personajes del mundo académico, para entrevistar a Thom Yorke.

Radiohead había cambiado la relación banda-audiencia, incluso entre la banda y su discográfica, deviniendo en una cybercultura subterránea soportada por miles de sites, algunos de ellos increíblemente logrados.

El web site oficial simplemente era un enlace con esos miles de sitios, a quienes los miembros de Radiohead alimentaban con información dejándoles la responsabilidad de ser los voceros de la banda.

Semanas antes de la aparición de Kid A en el 2000, Radiohead incentivó la aparición y difusión del disco en varios de esos sites, creando una novedosa red de mercadeo manejada por cientos de dedicados fans.

Con Amnesiac ocurrió lo mismo. Esta es una de las razones detrás del arrase de la gira. A su disquera en Estados Unidos, Capitol, no le quedó más remedio que acceder e incluso apoyar estas iniciativas, a lo mejor sin darse cuenta que dentro de muy poco ni la banda ni la audiencia necesitarían de ella.




Era un buen momento para que Radiohead renegociara su relación con Capitol y por añadidura con toda la industria discográfica, abonándole el camino a otras bandas.

Radiohead no había necesitado intensas campañas publicitarias a la manera tradicional, ni tampoco las apabullantes parafernalias utilizadas por U2, Pink Floyd, The Rolling Stones u otras bandas británicas.

Lo de ellos era carisma puro, una fina inteligencia y un creciente conglomerado de seguidores a quienes se les dio la oportunidad de participar activamente en la carrera de una de las bandas más especiales del momento.

Veinte años después, los resultados están a la vista.

Juan Carlos Ballesta



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