La segunda fecha en Madrid ofreció un soberbio repertorio de 25 temas, 14 distintos a la noche previa, con una vanguardista puesta en escena, grandísimo performance y un sonido lejos de la perfección
Radiohead
Concierto en Movistar Arena, Madrid
(Noviembre 5, 2025)
Desde el mismo momento del sorpresivo anuncio realizado por Radiohead la ansiedad se disparó entre sus miles de seguidores. Con un método de ventas de entradas orientado a disminuir la existencia de bots y la reventa ilegal con precios inflados, en unos minutos agotaron toda la boletería en las cinco ciudades incluidas en este tour (Madrid, Boloña, Londres, Copenhagen y Berlín).
Las razones del porqué se programaron solo 20 shows con cuatro fechas en cada ciudad inicialmente se cuestionaron, pero quedaron explicadas al ver la puesta en escena, con un escenario circular ubicado en el centro del Movistar Arena con paneles colgantes, que evidentemente no es fácil de trasladar y montar.
La larga ausencia de los escenarios del quinteto nacido en Oxford, Inglaterra, se extendió por siete años (el anterior fue el 1 de agosto de 2018 en Filadelfia) y la pausa discográfica alcanza ya los nueve años desde A Moon Shaped Pool (2016), tiempo durante el cual los cinco integrantes abordaron proyectos solistas o en conjunto como el sensacional trío The Smile, que hizo pensar en el fin de Radiohead.
Pero, no nos engañemos. La continuidad de Radiohead, a pesar de esta gira, aún no está clara. En giras anteriores solían estrenar temas, nuevos o antiguos aun no grabados, que presagiaban la proximidad de un nuevo álbum. Está vez han optado por encarar su fantástico cancionero y ensayar una larga lista de títulos y rotarlos. Había trascendido que cada músico aportó sus favoritas y entre todos la cantidad ascendió a 60.
La segunda noche -a la que asistimos- tocaron 14 temas distintos a la primera, por lo cual, en apenas dos conciertos interpretaron 39 temas. Es decir, será impredecible la distribución de los 25 temas del setlist en cada concierto y seguramente quedaron algunos favoritos fuera y otros incluidos.
No es una tarea facil ensayar y lograr la cohesión en tantos temas apenas comenzando la gira, y quizá por ello Phil Selway haya necesitado un refuerzo en la batería, y allí estuvo el versátil Chris Vatalaro agazapado. Aunque, ya antes Clive Dreamer (la batería de Portishead) había ejercido esa función de refuerzo entre 2011 y 2018. Selway pareciera estar ahí casi en carácter honorífico por ser miembro fundador, pero ya no ejerce como alguna vez lo hizo.
Pocas bandas pueden darse el lujo de tener un repertorio amplio y ecléctico en el que complejidad y emocionalidad vayan tomadas de la mano. Ni importa los temas que escojan para cada noche. La banda sigue conservando el espíritu aventurado y arriesgado de siempre, y las canciones mantienen una absoluta vigencia, con la virtud de entrar en nosotros por todas las rendijas posibles, a través de las emociones básicas pero también de la razón, por el corazón y el cerebro.
Si algo tiene Radiohead que hace que su música sea tan distintiva es que estimula las neuronas -ninguna composición es obvia, hay muchos detalles armónicos, melódicos y rítmicos- y al mismo tiempo sacude las fibras emocionales primarias.
Es, en toda regla, un paquete musical completo, sin fisuras. Y en ello llevan más de 30 años Thom Yorke (voz, teclados, guitarras), Ed O’Brien (guitarras, coros, percusión), Jonny Greenwood (guitarras, sintetizadores, percusión), Colin Greenwood (bajo) y Phil Selway (batería), tiempo durante el cual han publicado nueve indispensables discos.

Las 25 del setlist
El desarrollo del concierto fue una sorpresa tras otra. Más de la mitad del repertorio tocado el día anterior fue cambiado, rompiendo moldes una vez más.
En esta segunda fecha, 14 canciones de las 25 hicieron su debut en el tour, por lo que apenas en dos noches Radiohead desplegó 39 canciones distintas.
Exceptuando el álbum debut Pablo Honey (1993) que hace tiempo salió de sus preferencias, todos los discos estuvieron representados y hubo un buen equilibrio entre los que representan la columna vertebral de la discografía: The Bends (1995), OK Computer (1997), Kid A (2000), Amnesiac (2001), Hail to the Thief (2003) e In Rainbows (2007), con una presencia menor de The King Of Limbs (2011) y A Moon Shaped Pool (2016).
Abrió fuegos la enérgica “2 + 2 = 5”, con la que no iniciaban un concierto desde 2004, justamente durante la gira del disco al que pertenece, Hail to the Thief. A pesar de la mezcla de sonido poco definida el público conectó de inmediato.
“The Bends” nos retrotrajo a aquel maravilloso año 1995, probablemente el mejor año en Gran Bretaña de aquella década, con Radiohead disputando honores con Blur, Oasis, Pulp, The Verve, Spiritualized, Supergrass, PJ Harvey y otros. Aquel disco fue la primera vuelta de tuerca del quinteto en busca de su sonido distintivo y la pieza que le da nombre sonó aun muy vital.
Continuaron con los dos primeros temas de seis que tocaron de In Rainbows, el disco más consentido de jornada: “Jigsaw Falling Into Place” y la romántica “All I Need”, con Thom sentado al piano y Ed haciendo una estupenda segunda voz. Aqui comenzaron a subir y bajar los paneles.

La primera de dos que tocaron de A Moon Shaped Pool fue “Ful Stop”, con una fantástica línea de bajo, baterías tribales y unos sintetizadores circulares sobre los que Yorke vocalizó apasionadamente. Durante esta pieza comenzó a sentirse cierta mejoría en el sonido.
Volvieron a In Rainbows con la emotiva balada “Nude”, con una introducción de piano desconocida y un exquisito trabajo de guitarras. La voz de Yorke aquí se pudo escuchar en todo su esplendor. Y del mismo disco sonó “Reckoner”, con O’Brien alternando pandereta y guitarra. Hay canciones -como esta- en las que muchos asistentes intentan cantar a todo pulmón en la misma tonalidad y timbre (falsete) que Yorke y el resultado es un despropósito. Son las cosas inevitables de los conciertos masivos en pista.
El primer cuarto de concierto se había cumplido y fue cuando hizo su aparición “Airbag”, la primera de OK Computer, el disco que cambió la historia de Radiohead e influyó en la aparición de una nutrida generación de bandas con sonido melancólico encabezado por Coldplay. La pieza sonó con un veneno adicional introducido por las guitarras.
La única canción incluida de The King of Limbs fue “Separator” y el comienzo solo con batería y bajo nos permitió constatar nuestras sospechas que la ecualización de ambas no era precisamente la mejor. Quizá fue el tema menos celebrado del repertorio, si es que acaso ello pudo ser posible.
Finalmente hicieron su aparición las representantes de la pareja de discos que significaron una arriesgada vuelta de tuerca al sonido Radiohead y que supuso nuestro inolvidable primer contacto en directo con el quinteto allá en 2001 (leer crónica aquí).
Primero abordaron “Pyramid Song” (con Yorke cantando a nuestro lado izquierdo, micrófono que parecía sonar mejor que el del lado contrario). La pieza es, indudablemente, una de las joyas de Radiohead, con elementos multitímbricos que en su momento hicieron recordar a la última etapa de Talk Talk. Y así sonó, cautivadora. Y del mismo disco, Amnesiac, nos ofrendaron la sensible “You and Whose Army?”, otra de las gemas, en la cual O’Brien volvió a demostrar su valiosa contribución vocal.

Sorprendentemente, de Kid A solo tocaron “Idioteque”, cuya base rítmica electrónica escandalizó a muchos en el año 2000, momento rupturista de Radiohead que muchos no entendieron pero que no tardaría mucho en aceptarse y revalorizarse, dado el desarrollo de la música del siglo 21. Y aquí sonó especialmente fantástica, demostrando el compromiso de la banda con la vanguardia. Eso sí, nos quedamos con las ganas de escuchar una de nuestras favoritas, “The National Anthem” (si la tocaron en el primer show), con la que abrieron aquel tour de 2001.
La desbocada “Bodysnatchers” fue un momento especialmente catártico, con Jonny haciendo de las suyas y Thom encendido con sus particulares movimientos. Mientras comenzaba a sonar la inesperada “(Nice Dream)” de The Bends, una mujer ya pasada de cervezas y quien sabe que más daba el tostón a cinco chicas adolescentes ubicadas delante nuestro que se sabían todas las canciones y disfrutaban a rabiar (¡destacable este detalle!) diciéndoles que esperaba el momento de cancelación a Yorke por sionista. Ellas no les prestaron atención y eso afortunadamente no ocurrió.
Volvieron a Hail to the Thief -un disco que inexplicablemente algunos tienden a subestimar- con “There There” y la gente acompañando con las palmas, y enseguida “Myxomastosis”, que sonó tremendamente atractiva.
Y de repente los primeros acordes de la guitarra acústica de Yorke hipnotizaron a las miles de personas. Se trataba de “Exit Music (for a film)” de Ok Computer, momento muy destacable. Y sobre esa estela abordaron otra favorita eterna: “Street Spirit (Fade Out)”, que 30 años después sigue conmoviendo igual.

Se retiraron del escenario pero todos sabíamos que nos esperaba un encore de alto impacto, tocaran lo que tocaran. Y así fue.
Comenzaron con “Let Down”, la canción de OK Computer en boga de nuevo gracias a TikTok. De inmediato nos enteramos que Jonny Greenwood cumplia años por el breve momento en que se le cantó colectivamente el “Happy Birthday” a instancias de Yorke, justo antes de “Weird Fishes/Arpeggi” la sexta y última del también rompedor In Rainbows, aquel disco que siguió a la agria disputa con EMI Records, cuya descarga ofrecieron por internet gratis. El trabajo guitarrístico fue notable, y hay que reconocer que aquí las baterías se lucieron.
“Planet Telex” nos devolvió otra vez a 1995, la cual fue sucedida por “Present Tense” un momento relajado ya avanzado el concierto, de nuevo con O’Brien en plan estelar como co-vocalista de Yorke y los arpegios.

Una gran sorpresa fue “The Daily Mail”, que fue editada como sencillo en 2011 y quizá por ello es con la que menos familiarizada estuvo buena parte del público. Con Yorke al piano, la pieza sonó intensa, perfecto preámbulo para la explosiva “Paranoid Android”, uno de los momentos álgidos del concierto. Yorke que apenas había lanzado un par de “gracias” (aunque no significa que no haya interactuado con el público) anunció por su nombre el tema, cosa que no hizo con ningún otro.
Con una memorable “Everything in Its Right Place” construyeron una memorable telaraña sonora comandada por Greenwood y O’Brien, el último en abandonar el escenario tras permanecer un buen rato agachado haciendo magia con su inmensa pedalera de efectos.
Mientras tanto, las pantallas nos dejaban con un listado de los principios fundamentales de los derechos humanos, que sirvió como declaración de principios de la banda ante tanta polémica surgida en las redes sobre las posiciones sobre todo de Thom y Jonny.
Siempre el final de un concierto telúrico como este representa una dura vuelta a la realidad. Allí estuvimos dos horas y media en una galaxia particular, única en su especie. No todo fue perfecto, ni hubo una razón particular para este retorno (no hay anuncio de disco nuevo) y quizá por ello el Tour no tiene nombre.
Parafraseando el título de la última canción: todo sigue estando en su lugar correcto.
Juan Carlos Ballesta

Sonido y puesta en escena: una experiencia inmersiva con bemoles
El escenario fue, sin duda, muy llamativo y sorprendente, concebido para lograr una experiencia inmersiva. Dispuesto en el centro del recinto, con una altura aproximada de unos diez metros y forma circular/dodecaédrica, está rodeado por paneles/pantallas móviles colgantes que crean una especie de jaula visual alrededor del grupo.
Sobre él se distribuyeron instrumentos y músicos y debajo de la base el incansable equipo técnico compuesto por unos tres o cuatro roadies que subían y bajaban constantemente intercambiando guitarras, siempre cuidando el momento oportuno que a veces Ed, Thom y Jonny olvidaban. Hicieron un trabajo realmente notable entregando y recibiendo Fender, Gibson y Rickenbacker de varios tipos.
La utilización de las pantallas colgantes (o paneles móviles) tiene la función de integrar visuales, cámaras en directo (una fijas y otras que van recorriendo en rieles todo el perímetro del escenario) y proyecciones previamente producidas, creando una atmósfera inmersiva más allá de la clásica pantalla al fondo del escenario.

Aunque no ha sido confirmado quien es el responsable, tradicionalmente, el diseñador de iluminación y director visual de Radiohead ha sido Andi Watson para varias giras y en ellas explicaba que su objetivo era “crear un espacio físico de iluminación dentro del área de actuación” y que los elementos de LED/tiras verticales/pantallas se convirtieron en parte integral del espectáculo. Quien quiera que haya asumido ahora esa tarea, ha logrado en buena medida la sensación inmersiva, pero a nuestro modo de ver no totalmente.
Para los asistentes ubicados propiamente en la arena o pista, hubo algunas limitantes en el contacto visual con todos los músicos. En una parte del perímetro se disfrutaba del gran trabajo de Ed O’Brien, sin notar la presencia de Chris Vatalaro, y en la opuesta la de los hermanos Greenwood. A Thom Yorke lo disfrutaron plenamente los que se ubicaban en polos opuestos, contiguos a los ya mencionados. Pocas veces se pasearon cada uno por el terreno ya dispuesto para otros.
Seguramente hubiera encarecido la producción y por ende el precio de las entradas, pero la verdadera experiencia 360 hubiese sido que el escenario rotara, de modo de tener visual de todo el escenario y cada uno de los protagonistas.
Desde las gradas era más posible entender la disposición instrumental, aunque cuanto más arriba estuviese la ubicación más podían los paneles dificultar la visión plena. Para muchos, el sube y baja de paneles no siempre fue del todo acertado.
En cuanto al sonido hay elementos de crítica suficientes. No debería ocurrir en un concierto de una banda como Radiohead que la mezcla y la ecualización no hayan sido perfectas.
Aunque en un recinto como el Movistar Arena no es sencillo por la posibilidad de rebotes, en una buena cantidad de conciertos a los que hemos asistido (Paul McCartney, Nick Cave, Bon Iver, The National, Sigur Ros, Arctic Monkeys y Franz Ferdinand, entre otros) el sonido ha sido potente y prístino, aunque todos ellos -vale decir- con el escenario ubicado en uno de los extremos. En este caso, los rebotes se produjeron en todas direcciones, más dificil de controlar para un ingeniero.
Durante la primera media hora, las bajas frecuencias dominaron la mezcla y eso influyó en que todo sonara como un amasijo sonoro en el que la voz no destacaba lo suficiente. El bombo de alguna de las baterías tenia mucho más volumen que el resto de los tambores. En realidad, las baterías no tuvieron suficiente peso, en comparación a conciertos de años atrás donde sí nos impresionó.
Si hubo un punto débil que debe ser revisado, fue el sonido. Aunque se haya sentido mejoría a medida que avanzaba el concierto, nunca llegó a estar perfecto.
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