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Niño de Elche, el iconoclasta indomable, en su nueva fase

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Niño de Elche

Niño de Elche
Suena Conde Duque
Centro Cultural Conde Duque, Madrid

(Junio 9, 2019)

 

Francisco Contreras Molina lo vuelve a hacer y confirma su condición de iconoclasta. Se abre nuevo capítulo en su polémica andadura. Su continuo desafío a lo establecido tiene un nuevo vástago con Colombiana (Sony Music, 2019), el disco que acaba de publicar con el cual aborda la música colombiana desde una perspectiva ligada al flamenco, bajo la producción de otro vanguardista de cuidado: Eblis Álvarez de Meridian Brothers. Es un viaje de ida y vuelta, como ha sido desde hace siglos.

Niño de ElcheNiño de Elche es, sin duda, uno de los creadores más difíciles de clasificar. La mayoría de los puristas lo odian por eso. Parte del flamenco para retorcer todo lo que se le atraviesa. Rompe un paradigma tras otro y en el camino se va tropezando con todo tipo de opiniones. Algunos lo llaman “provocador de los puristas” y “héroe de los snobs” y recientemente «ex-flamenco». En su canal de YouTube se pueden contrastar opiniones de todo tipo. Le llueven muchos elogios y también algunas críticas.

Su ironía y mordacidad lo ayudan a torear a los que ven en él a un artista hype que solo busca notoriedad con la polémica que provocan sus atrevimientos musicales y también sus posiciones. Pero las evidencias son aplastantes. Cada disco posee una entidad propia y al mismo tiempo conforman un discurso de amplias proporciones. Solo hace falta ver cualquiera de sus shows (además de escuchar sus discos), para comprobar que se trata de un creador que huye de los corsés de manera genuina con el único objetivo de expandir las fronteras del flamenco y por añadidura de todo lo que encuentre a mano.

Que si es o no flamenco realmente poco importa. A los géneros no se les puede poner corsés en el siglo 21. En honor a la verdad, lo suyo es esquivar las convenciones y crear un nuevo lenguaje -el suyo propio- partiendo de lo existente. Niño de Elche juega su propia liga y construye su particular universo, al que puede entrar cualquiera dispuesto a expandir sus criterios sin miedo.

¿Qué puede salir de un coctel que incluya cumbia psicodélica, chicha, bugalú, guaracha, guajira, son montuno, copla, seguiriya, soleá, bulería, romance, tanguillo, merengue venezolano, rumba, petenera mexicana, electrónica, ska, zulu y tambor afro caribe? ¿Podría ser indigesto un coctel con tantos ingredientes? La respuesta es: Colombiana, un disco tan arriesgado y atrevido, como contagioso y vanguardista. Aquellos que conozcan a Meridian Brothers es probable puedan entender más rápido y fácil el contenido. Podría pensarse en principio que es una apuesta de resultado incierto, hasta que Niño de Elche se nos planta delante con disco, concierto y una estética de inspiración folklórica y espíritu estudiadamente kitsch y nos sacude.

Dentro del ciclo Suena Conde Duque, el primer concierto de la gira de este disco, agotó las entradas en el inmenso patio central del centro cultural de Malasaña. No era para menos. Niño de Elche, acompañado de tres fantásticos músicos, el guitarrista Raúl Cantizano, el percusionista Víctor Martínez y la teclista y responsable de las secuencias y manipulaciones electrónicas Susana Hernández, “Ylia”, comenzó con una especie de letanía de agradecimientos, que son parte de su sello de identidad: “muchísimas gracias a Madrid Destino por habernos pedido muchísimos papeles”, “gracias a todas las marcas de alcohol que hoy circulan por nuestro cuerpo”, “gracias a todos los camellos que nos han de conseguir las drogas fácilmente”, “muy agradecidos al barrio de Malasaña por acogernos en estos últimos años y que no nos hayan subido el alquiler”, “quiero agradecer al maestro Antonio Escohotado que me ha cedido unas letras de su libro ‘60 Semanas en el Trópico’”, “gracias a mi maestro poeta, el gran nicaragüense Ernesto Cardenal” y finalmente “agradecer vuestra presencia y con el fin de que la noche se solo de ida y no de vuelta, vamos a comenzar con nuestra canción de iniciación ‘Los Tangos de la Ayahuasca’”.

Y así con el ritmo trepidante y la delirante letra comenzó un show a medio camino entre la psicodelia tropical y el flamenco mutante, ideal para comprobar en la práctica la validez de esta nueva aventura que lo mantendrá ocupado por un buen tiempo, visitando todo tipo de escenarios. Costó un rato para que algunos asistentes se lo tomaran en serio, quizá ignorantes de lo que Niño de Elche iba a entregarnos, muy diferente a todo lo anterior.

Como si de un ritual indígena se tratara, las maracas sirvieron de introducción para abordar  “Cabales americanos”, una especie de bolero-son flamenco con un ritmo sincopado, que nos dejó claro que Niño de Elche estaba inspirado, con su voz a tope.

“Esta noche muchas de vosotras terminareis con un síndrome de abstinencia”… y comenzó la delirante pieza “El Muermo” sobre un ritmo tribal que desemboca en una alucinante y ponzoñosa cumbia. Con mucha sorna anunció “la oración de guerra” y comenzó el redoblante electrónico a tocar los compases militares de “Oración militar”, un tema de estructura industrial que en algo nos recordó a los delirios de La Fura del Baus mezclados con los de Meridian Brothers.

Continuó con “Colombiana Vasca”, una cumbia que en el disco es cantada en euzkera por Maialen Lujanbio y Beñat Achiary, cuya ausencia obligó al Niño a cantarla. Los sonidos de la txalaparta al final fueron sustituidos por unos magistrales juegos vocales.

Haciendo un alto en la revisión de Colombiana, interpretaron “Rumba y bomba de Dolores Flores”, el particular homenaje que le rindió a Lola Flores en el disco anterior Antología del Cante Flamenco Heterodoxo (2018). Y de la festividad de “¿quien tiró la bomba? ¿la bomba quien tiró?”, pasó al momento más sobrecogedor de la noche con “Flor-Canto”, silenciando a los miles de espectadores con una interpretación magistral. El momento fue ideal para continuar con “Los Esclavos”, unos de los temas híbridos más interesantes del nuevo álbum.

Niño de Elche va a lo suyo, de la pegadiza rumba-guaracha en la que cuenta la historia de una gitana que lo deja, pasa a conversar sobre la cantidad de insultos que recibe, “más que C Tangana”, dice. Reconoce que como no saben que más decirle se meten con el público. “Es decir, se meten con vosotros…creémos el ejercito del futuro en contra de los criticones, un pelotón…dicen que el público que viene a verme no es ni público de rock, ni de flamenco, ni de música clásica y que sois todos unos hipsters…sois un público que no tiene identidad según los críticos…pero no hay nada más liberador que no tener identidad…sois un público que ni chicha ni limoná”. Y lanza el tanguillo industrial “Ni chicha ni limoná”.

Siguió con su ironía, burlándose de su estética en el escenario, se metió brevemente con Vox, repitió que lo viste su amigo David Méndez…y de repente comienza a cantar la genial “El Pregón de los Caramelos”, una mezcla de canción asturiana y son montuno mutante, que mucha gente cantó, y en la que aprovechó a lanzar caramelos.

Anunció la despedida y le gritaron del público que preguntara que canción querían que tocara. “No, yo no soy Pablo Iglesias”. Vamos a tocar una canción de reivindicación para las mujeres que llegan siempre tarde…“Peteneras Mexicanas”. Todavía faltaba alguna combinación imposible adicional y fue ésta, un ska retorcido aflamencado.

Ante la eufórica despedida, los cuatro regresaron para regalarnos una especie de remix o revisión electrónica en clave tech-house del tema anterior.

Fue un concierto que puso sobre la mesa la nueva fase en la carrera de este creador sin igual y que sin duda abrirá un nuevo debate.

Juan Carlos Ballesta (texto)

Iván Padilla (fotos)