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40 años del magistral pH7 de Peter Hammill

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Peter Hammill

Peter Hammill
pH7

Charisma. 1979. Inglaterra

Tras la segunda y larga pausa de Van Der Graaf que siguió al disco The Quiet Zone/The Pleasure Dome (1977) y al abrasivo disco en directo Vital – Live (1978), el prolífico cantante y compositor inglés se introdujo en su etapa más intensa como solista, durante la cual produjo una seguidilla de inolvidables discos que concibió prácticamente solo, con puntuales participaciones de Graham Smith (violín, viola) y David Jackson (saxos).

Ph7 continuó el camino iniciado con The Future Now (1978), sintonizado con los tiempos del post punk que oxigenaban el panorama musical europeo y en general de todo el planeta. Hammill, encargado de tocar guitarras, bajo, piano, teclados, batería, caja rítmica y por supuesto de la voz, esculpió un disco de doce canciones con las cuales mostraba por igual su lado más abrasivo, su vena romántica, así como su faceta más experimental. Pocos discos de su discografía son más osados, salvajes y telúricos que este, su octavo disco en solitario.

La arte de portada, responsabilidad de Rocking Russian, con foto de Dan Dirk, muestra a Hammill de perfil con un efecto que simula su mano derecha perforada por varias tachuelas o remaches, mientras la contraportada lo muestra también de perfil pero con un cerebro superpuesto. Es una impactante puerta de entrada.

Peter HammillMy Favourite”, uno de los temas de mayor belleza de toda su discografía, inicia el álbum de manera acústica, con una poética letra indudablemente dedicada a su amor de entonces.

Descubriendo el disco, no se imagina uno que se avecina la avalancha sónica de dos de los más brutales temas compuestos por Hammill: “Careering” y “Porton Down”.

El primero de ellos cuenta con un enloquecido solo de saxo de Jackson que colabora con el carácter neurótico del tema y las múltiples voces de Peter superpuestas, un sello distintivo desde entonces.

El segundo es una especie de blues oscuro e inquietante, con instrumentación procesada y poderosa vocalización, con referencias militares, con Smith y Jackson sumando violín y saxo.

Mirror Images” la compuso Hammill para Van Der Graaf y el grupo la interpretó en directo, pero le dio un vuelco y la convirtió en un tema sobrio y elegante, uno de los abanderados de pH7.

Es seguido por la espléndida balada folk “Handicap and Equality”, que recuerda a algunos álbumes anteriores como Over (1977) o The Silent Corner and The Empty Stage (1974).

Not for Keith”, es un emotivo y otoñal tema interpretado al piano, dedicado a su antiguo amigo Keith Ellis, compañero en los primeros tiempos de Van Der Graaf Generator quien había fallecido.

La edición norteamericana del LP incluyó al final del lado A él pegadizo tema “The Polaroid”, que Hammill editó como single con el pseudónimo de Rikki Nadir, nunca más utilizado.

El lado B comienza con la dramática “The Old School Tie”, cuya vocalización se construye sobre un denso entramado instrumental, dando paso a la soberbia balada de su amigo y cofundador de VDGG, Chris Judge Smith, “Time for a Change”, que Hammill desde entonces ha hecho suya, una de las poquísimas versiones que ha abordado.

Uno de los temas experimentales que cautiva es “Imperial Walls”, cuya letra es una traducción del poema anglosajón del siglo 8, de autor desconocido. Las capas de voz y guitarra sobre una caja rítmica de espíritu militar significaron, sin duda, un nuevo resquicio para Hammill, desarrollado aún más en A Black Box (1980).

La tónica experimental continua con “Mr. X (Get Tense)”, aunque en este caso Hammill se atreve como un auténtico hombre orquesta con todos los instrumentos, mientras Smith ejecuta un violín lleno de tensión. Es un punto álgido, que refleja la reciente etapa con VDG.

El cierre no podía ser menos con “Faculty X”. Jackson con la flauta endulza la tensión creada por Hammill con varias pistas de voz y un piano obstinado, mientras el violín se cuela junto al saxo para terminar de construir un tema magistral, idiosincrático de un autor único, siempre liberado de corsés.

40 años han pasado y cada nueva audición de pH7 lo reafirma como una obra maestra, adictiva e inspiradora.

Juan Carlos Ballesta