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Rafael Greco, dice que vive

Rafael Greco
Foto: Leo Álvarez

Después de haber tocado con un sinfín de proyectos y grandes músicos, el fantástico músico venezolano finalmente lanza su álbum debut como solista


El saxofonista y multiinstrumentista venezolano bautiza su primera producción, Dice que vive, a través de la casa disquera estadounidense Blue Canoe Records. Se trata de un trabajo experimental, íntimo y arriesgado que el músico venía elaborando durante tres años

Mercedes Sanz
@JazzMercedes

Es difícil describir un disco con diferentes influencias y referencias tanto sonoras como literarias. Desde free jazz, mantras africanos, música afrovenezolana, ruidos de la calle, narraciones y más creaciones se escuchan en esa aventura musical que es la ópera prima del multiinstrumentista Rafael Greco.

Después de cuatro décadas de actividad, el músico devela su carta de presentación de nombre Dice que vive, apoyada por la disquera estadounidense de jazz Blue Canoe Records.

Son trece temas, cada uno con sus particularidades, que hablan de las vivencias musicales de su protagonista, de su óptica de la realidad nacional, su cotidianidad, sus temores, su imaginación y de su mundo.

Rafael Greco Dice que vive

Otro asunto que no deja de sorprender en el álbum son los numerosos invitados, empezando por Luisito Quintero, quien ejecuta una amplia variedad de instrumentos de percusión.

Eso sí, en esta placa se destacan la música de origen afro (de Venezuela y África Central), el jazz latino, la fusión y el trabajo de percusión de los colaboradores, incluyendo al mismo Greco.




Otros artistas que aportan son Guillermo Carrasco, Robert Quintero, Juanma Trujillo, Rodner Padilla, Santiago Bosch, Steve Khan, Randy Brecker, Rigel Mitxelena, Fernando Valladares, Humberto Casanova, Juan Ángel Esquivel, Mark Walker, Víctor Mestas, Dani Barón, Marcial Istúriz, y otros que también fueron convocados.

Hay que resaltar las voces de Pimpi Santiestevan y Lucía Greco, esposa e hija del autor, respectivamente. Una curiosa participante que también merece ser mencionada es Cony, una mascota del músico, cuyos ladridos se oyen en un tema (“Mr. Iwai”).

Rafael Greco es saxofonista y ejecutante de una diversidad de instrumentos de percusión y de las teclas. En realidad es un multiinstrumentista. Además, es compositor, arreglista, cantante y productor.

Rafael Greco es una suerte de hombre orquesta en el medio artístico. Aparte de músico y desempeñar otros roles relacionados a esta labor, es fotógrafo, diseñador y escritor de relatos breves. Todas estas aristas dialogan entre sí y afloran en su creación musical.

Greco es oriundo de Maracaibo, estado Zulia, donde estudió en el Conservatorio José Luis Paz y en el núcleo Zulia de la Orquesta Nacional Juvenil.

El año 1988 fue decisivo, ya que se mudó a Caracas, donde continuó su formación de la mano de los maestros Gerry Weil, Álvaro Cordero y Olegario Díaz.

Una vez establecido en la capital, empieza a colaborar en distintos proyectos, siendo Guaco el grupo donde permanece más tiempo. Greco continúa su ardua actividad como compositor, arreglista e instrumentista en la mencionada banda.

Por otra parte, trabaja con Guillermo Carrasco, Luisito Quintero, Ralph Irizarry, Jorge Glem, C4 Trío, Juanma Trujillo, Rawayana, Monsalve y Los Forajidos, entre otros artistas.

Rafael Greco
Foto: Leo Álvarez




Rafael Greco accedió a conversar sobre su primera entrega discográfica con el equipo de Ladosis.

Tienes una larga trayectoria y ahora es cuando presentas nuevo disco. ¿Desde cuándo tenías pensado hacer un álbum propio?

La primera vez que tuve las ganas de hacer un álbum fue en el año 1987. Mientras preparaba el repertorio, conocí a Gustavo Aguado, y una canción de ese repertorio, Gustavo la escogió para el disco de 1988 de Guaco.

Entonces, yo entro a este grupo y digamos que de algún modo se frustra ese primer sueño, ese primer intento. Posteriormente, hice varios repertorios a lo largo de los años, pues, por ejemplo, el sello Airó Music me pidió un repertorio para hacer un disco pero, al final, no se dio la negociación.

Ese era un disco mucho más experimental e instrumental. Después, quise hacer un disco de jazz, y así. Cuando estuve tocando con Gerry Weil, tenía ganas de hacer pura música improvisada, un disco de puro free. Yo siempre tuve la inquietud de hacer un disco de música afrolatina, mezclándola con la música de mi tierra. Yo soy de Maracaibo.

Y bueno, un disco con letra porque a mí también me gusta escribir. Antes de hacer este álbum, tenía la duda de si hacer un disco a trío, saxofón, bajo y batería, porque tengo material. Es posible que sea un segundo o un tercer disco. Yo creo que el disco que viene después será la continuación de éste y ya el de trío o cuarteto será el tercero.

Estaba entre esas ideas y finalmente me decidí por éste, Dice que vive, con todas estas influencias.

¿Ese disco de Guaco es Dejando huella?

Sí, mi primer disco con Guaco fue ése.

¿Tu intensa labor con varias propuestas, como Guaco, es la razón por la que no presentaste un álbum antes?

¡No! La verdad es que Guaco nunca fue impedimento para que yo hiciera un disco. De hecho, entre esas ideas y esos discos, incluso una vez escogimos música. Íbamos a hacer un disco de versiones de The Beatles, Beach Boys, con Fernando Valladares.

Estoy hablando del año 1992. Pasaron tantas cosas y Gustavo es una persona muy abierta. No sé, la verdad es que estaba estudiando, tocando con Guaco, viajando, en fin, y no concretaba la grabación de lo que imaginaba hacer.

La verdad es que es todo lo contrario, Guaco ha sido siempre un estímulo. Recuerda que yo pasé catorce años fuera de Guaco. Yo tengo dos etapas. Yo entré en 1988 y me fui en el 1999. Y luego regresé en 2013 hasta hoy.

Rafael Greco
Foto: Leo Álvarez

Desde lo musical, este trabajo, como referiste, se escucha bastante experimental. ¿Cuál es el concepto y cómo lo imaginaste?

Pues, aunque yo tenía algunas piezas compuestas que están incluidas en Dice que vive, el proyecto comenzó con “Mantra, ese fue el piloto del disco. El disco comenzó con una idea que siempre tuve, de hacer un álbum solamente Luisito Quintero y yo.

Digamos que esa pieza la hice yo solo, grabé todo en mi casa. Y la canción es como el puente de “Belén, otra de las canciones del disco.

Y cuando le di a play en el secuenciador y lo puse en modo de ciclo para escuchar las voces, estaba en el balcón distraído y me di cuenta de que mientras más se repetía la canción, escuchaba cosas nuevas. Era como que moría y volvía a nacer. Entonces, la canción no se terminaba nunca. Era fascinante escucharla. Es como un Ave Fénix, prácticamente.

En ese momento yo estaba muy metido escuchando música de África Central, escuchaba mucho a Steve Reich y estudiaba la reiteración. Eso fue para mí como una epifanía porque empecé a oír la reiteración desde otro punto de vista, igual todos los patrones repetitivos.

Y “Mantra” es un poco ese estudio, y esa idea. El elemento de la reiteración está presente en casi todas las canciones desde otro ángulo, no sólo el hecho musical o narrativo, sino es ver cuando desdoblas. Por ejemplo, el experimento que hice más fuerte con ese desdoblamiento es “African Boy”.




“Mantra” es de los temas más creativos del álbum

Sí, como te expliqué antes, “Mantra” fue el motor del disco. Fue la primera pieza que grabé. La reiteración desde “Mantra”, para mí, ya no es lo mismo, ya tiene una connotación casi mágica. Y sí, es una canción meditativa, es como un Ave Fénix que, en la medida en que va muriendo, renace.

Por otra parte, quiero añadir que “Mantra” tiene sampleos de las protestas, gritos de los estudiantes. Digamos que “Mantra” es como una oración que yo le ofrezco al mundo y al país.

Ya que hablas de “African Boy”, otra composición llamativa en la que hay un ambiente latino y de percusión africana, la letra es reflexiva y en el coro está el maestro Guillermo Carrasco. ¿Cómo se hizo esta pieza?

Es una pieza muy curiosa. Se inició con el recuerdo de la voz de Edgar Alexander, con un motivo cantado por su voz, por ahí comenzó. Al principio, la canción no iba a tener letra, iba a ser como “Mantra, instrumental. Pero sí se iba a llamar así, ya que yo estaba metido con la música de África Central.

Fue el tema donde más experimenté con las repeticiones, y fue uno de los más difíciles de montar. Todo fue bastante retador porque la canción es compleja, la arquitectura. El trabajo de Luisito fue enorme, el de Humberto Casanova, Rodner Padilla y de todos los que allí participan.

Guillermo Carrasco fue quien escribió la letra. Nosotros hemos sido coautores de otras canciones y, bueno, lo llamé para que hiciera la letra. Como la pieza se llamaba así, él se fue por el tema de los niños africanos que se van en bote a Europa. Lo que es abandonar su tierra, sus costumbres, para aventurarse. De eso se trata.

¿Y eso que pensaste en Guillermo Carrasco?

Guillermo y yo somos grandes amigos desde hace muchos años. En una oportunidad hicimos juntos un disco que se llama Una a la vez, y en ese disco las canciones están escritas en coautoría.

He trabajado mucho con Guillermo en vivo. Es uno de mis mejores amigos y, bueno, me pareció muy lindo invitarlo para que hiciera la letra de “African Boy, trabajar como coautores y me ayudara en el coro. Esa es la razón.

Es un disco largo, con trece temas. ¿Qué tiempo te llevó hacer este trabajo?

Me tomó tres años hacerlo. En parte, por muchas cosas que sucedieron, el momento de los apagones y no podía trabajar (risas). También estaba planificando mi viaje para ir a grabar a Luisito a Nueva Jersey, después vino la pandemia, y bueno…

En cuanto a las letras, hay cuentos, incluso infantiles, hay reflexiones y añoranza. ¿Qué inspiró la narrativa?

Una de mis pasiones es escribir historias breves, no solamente infantiles sino relatos, cosas muy cortas. Los relatos infantiles son un mundo delicioso que he tenido la suerte de trabajar. Es una tarea mía aparte.

Sin embargo, esa pasión mía ha influido en mi manera de hacer música, a usar el minimalismo en muchos sentidos. Esta es una pregunta un poquito difícil, pero la narrativa global del disco es principalmente, sí, como tú dices, la añoranza, el reflejo más puro de mis recuerdos, de mi infancia.

Por ejemplo, el tema “10TH Avenue es la calle donde viví en Maracaibo, y hay muchos recuerdos, vivencias, y muchas personas que influyeron en mi manera de ver las cosas, es todo eso junto.

Belén es una canción dedicada al amor de mi madre que tanto quisiera volver a tener. “An Ilussion es una canción dedicada a cualquier vocación mariana, pero principal a la Virgen de mi tierra, Chiquinquirá.

El “Mr. Iwai es un reflejo de un tormento interno, ya te comentaré sobre esta canción. El disco, en general, tiene esta característica, todo ese mundo de nostalgia.

Y bueno, “Once Upon a Time, pues, sí es una fábula, pero es una canción bastante cruel (risas), porque lo que trata es aquello que a uno le dicen: no cuentes tus proyectos antes que se materialicen.




La presencia de lo afro es una inquietud personal

Sí. Lo afro es una inquietud que llevo de niño, porque toqué en conjuntos de gaitas, y digamos que los tambores y la fusión es algo que me ha acompañado. Es algo que ha estado conmigo. Desde niño escuché todo el movimiento de la Fania. Desde los seis, siete años, he sido melómano.

Por otro lado, está lo afro regional. En mi tierra hay una influencia del chimbánguele y eso está dentro de mí. Y también está la fusión de Guaco que ha sido una escuela. Toda la mixtura de estilos puertorriqueño, cubano, dominicano, lo zuliano y muchas cosas que descubrí allí.

Entonces, yo nunca fui de escuchar una sola cosa. También el funk, el rock, el baterista Elvin Jones, Art Blakey, bueno, en fin, muchos bateristas del jazz han sido influencias claras y poderosas para mí

La pieza An Illusion es muy africana. Sólo están tú y Luisito Quintero en una variedad de instrumentos de percusión. ¿Qué significa este tema?

En esta canción lo que nació primero fue la letra. Y esos versos nacieron de forma improvisada y, luego, se me ocurrieron los dos primeros coros. Entonces, en esta canción la letra está dedicada a la Virgen de Chiquinquirá, como te dije.

Tú sabes que a la Virgen le dedican serenatas con gaitas. Decidí hacer un guaguancó lento y se me ocurrió hacerlo sólo con la percusión, los coros y las voces. En esta canción hay un llamado a que se vaya lo oscuro en nuestro país.

Hay temas donde se siente la influencia del sonido de Guaco como Belén, Once Upon a Time, y otros.

Aquí voy a tratar de ser lo más sincero posible. En ningún momento quise traer a Guaco en mi disco, de hecho, siendo ellos mis hermanos, no toca ninguno, salvo Humberto Casanova que toca batería en “African Boy, al final del tema. Eso para evitar ese perfume, me cuidé mucho.

Y, por otro lado, el disco no tiene vientos, hay algo icónico en Guaco y es el sonido de la batería. Lo que es posible que haya algo que recuerde a Guaco es el uso del chimbánguele, en el caso de la “10TH Avenue, y en “Belén usé tamborito panameño, que no es ni siquiera música de mi tierra.

En un viaje que hice a Panamá descubrí  la similitud del tamborito panameño con la tamborera de mi tierra. Lo otro es que, a veces, por más que uno evite sonar a Guaco, bueno, ¡imagínate! Yo le produje a Guaco, canté con ellos, siempre hay algo que se asocia al estilo.

Pero me cuidé mucho para no repetir lo que ellos hacen.




Y también se escuchan reminiscencias de El Regaño como Igno Two, quizás por la presencia de Juanma Trujillo. ¿Qué quiere decir el nombre de esta pieza en particular?

Bueno, es un juego con las palabras, y a mí me gustan mucho los himnos. Es como escribirlo mal: igno, en vez de himno, y two porque fue el segundo himno, el primero fue “11-2. Este es el himno dos, por eso se llama “Igno Two, que también se parece a “Isnotú”, y esta pieza coincide con las retretas.

Casi todo lo toco yo, la melódica, hago el sampleo y la guitarra es de Juanma. Y sí hay algo de El Regaño porque eso viene con él. Por otro lado, debo confesarte que uso muchas imágenes y en el camino las voy integrando.

Y se  me ocurrió que esta canción es una especie de himno a un robot, como cuando le das cuerda a un robot. Como es una tecnología obsoleta, a mí me gustan las tecnologías cuando caducan para crear cosas. El nombre de este robot termina siendo “Igno Two”.

Una de las mejores creaciones es “Five miniatures for solo piano”, que contiene partes con nombres graciosos que hacen alusión a insectos. Es un tema de solo de piano clásico, muy minimalista. Están Pimpi Santiestevan y Arnaldo Pizzolante. ¿Qué representa esta canción y por qué pensaste en Pizzolante para el piano?

Yo amo los insectos, y casi todos mis relatos para niños están relacionados con insectos. Por eso mi nombre en Instagram es Inseptos Inectos, con la P y la C intercambiadas. Siempre me parecieron seres muy aventajados por muchas razones.

Las miniaturas están inspiradas en ellos: la primera se llama “El Rey Miriápodo se despereza; la segunda, “Gorgojo flojo; la tercera, “Embalse con chicharras; la cuarta es “Ácaro váquero; y la quinta, “Tercer velorio de la araña Analuisa.

Esas son las cinco miniaturas y esas piezas están inspiradas en insectos y en historias breves.

Y di con Pizzolante porque estaba buscando un pianista. Primero se me ocurrió la idea de grabar cada miniatura con pianistas distintos, pero vino la pandemia y no se pudo, y hablé con Alfredo Rugeles, y me recomendó a varios pianistas.

Entonces, busqué en YouTube conciertos y en lo que escuché a Arnaldo dije: ¡No! Arnaldo es mi pianista. Fue muy receptivo, es un músico increíble.




Ghost Owner es otra obra mágica. Hay un contrapunteo entre saxo tenor, a tu cargo, y la guitarra de Juanma Trujillo. ¿Cómo salió este tema?

Sí, esta es una pieza muy linda. Juanma estaba por irse a Manhattan, y nos metimos al estudio a grabar de manera improvisada. Él y yo sin tener idea de cómo iba a empezar y cómo iba a terminar. Luego, se me ocurrió hacer esta canción como índice y por eso tiene retazos de otras canciones.

Mi amigo Germán Landaeta hizo de Dj. Es una especie de índice de un libro. Y el título es porque a mí también me han fascinado los fantasmas. Es ese asunto que cada quien tiene su fantasma y lo saca a pasear. Y uno no sabe quién es el dueño de quién (risas).

Grabaste con Juanma Trujillo y Luisito Quintero en el estudio. ¿También con el resto de los músicos o cada quien grabó por su cuenta y te envió su material como se estila?

Sí, en “Ghost Owner” estuve con Juanma en el estudio. Con Arnaldo también estuve y eso fue grabado como un recital de piano. Con Lusito, yo fui a Nueva Jersey. Porque es complicado grabar a distancia, primero yo soy un productor muy difícil (risas).

A mí me gustan que las cosas queden de una manera y para eso tengo que estar allí. Mark Walker, Randy y Steve sí grabaron a distancia, pero ellos me enviaban las tomas y les pedía correcciones. Y así trabajamos.

¿Hay otros temas que signifiquen mucho para ti?

Bueno, la verdad es que todos significan mucho para mí, porque cada uno es como un hijo, cada uno fue tratado de un modo especial. Pero hay unas canciones que son muy amadas como la que le hice a mi hija, “Time, donde toca el baterista de Oregon, Mark Walker.

Es especial porque mi hija, Lucía Greco, se fue a vivir a Santiago de Chile, porque como arquitecto aquí no tenía oportunidades. Cuando ella se iba, sabes el dolor porque es hija única. Bueno, se me ocurrió hacerle como esta carta. Ella, bueno, extrañaba, tú sabes, todo lo que vive la diáspora.

La canción es una carta a ella, diciéndole que este es un tiempo para crecer, vivir la soledad de otra forma. La soledad es muchas soledades, cuando abandonas tu cuarto, tus amigos, son muchas soledades que experimenta la diáspora.

Además, en la canción participa mi hija y fue difícil grabarla porque cada vez que me sentaba a grabarla me ponía a llorar como un niño. Y está mi hija que canta conmigo. En la guitarra eléctrica está Juan Esquivel.

Y la otra canción es “Mr. Iwai”, porque es el miedo que siente la persona que tiene que salir adelante. Algunos lo sufrimos más que otros. El “Señor Iwai es este miedo con el que he tenido que batallar.

Y la otra canción es “Belén, porque canta mi esposa Pimpi, ella me acompaña, y en la guitarra está Rigel Mitxelena.




Hay unos cuantos invitados en el disco y los arreglos son complejos. ¿La producción fue un proceso muy laborioso o todo fluyó sin inconvenientes?

Sí, como todas las cosas, hay algunas cosas que salen más fluidas, otras que hay que trabajar mucho más. Pero en general, el disco sí fue bastante laborioso. También todo depende de cómo trabaja cada quien.

Hay personas o productores que trabajan diferente. A mí me gusta trabajar con todas las técnicas de grabación, no soy cerrado en ningún sentido. Me gusta descubrir. Hay cosas que fueron retadoras como “African Boy, Belén, Ondé.

Es una cosa curiosa esto de la repetición porque en la medida en que hay reiteraciones, líneas que se repiten, se crea la ilusión de que las cosas cambian, pero no.

¿Por qué se llama Dice que vive?

Yo tenía una lista de nombres graciosos para el disco, pero este título es el que más me atrapó. Y el nombre viene de la canción “An Ilussion, porque la letra dice: “Yo no tengo pie de concreto ni barba de militar, soy una ilusión que flota libre en el tiempo, un corazón que late, dice y vive”.

Y luego el coro repite: “que late y dice que vive”. Entonces, dice que vive hace un juego de palabras con mi nombre que me parecía muy irónico, que es “Rafael Greco, dice que vive” -con la coma entre el sujeto y el verbo-.

Y es una gran ironía por muchas razones. Es un poco como no sé si estoy vivo o muerto, digamos que vivo. De algún modo, como el disco tiene muchas cosas personales, pues era como dar una fe de vida.

Y eso da pie para pensar en muchas cosas, el hecho de que tardé tanto en hacer este disco, ¿no? Bueno, es como decir: estoy vivo y estoy aquí (risas).

De eso se trata.

Rafael Greco
Foto: Leo Álvarez