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Broken China: segundo y último vuelo en solitario de Richard Wright

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Richard Wright Broken China

Publicado el 7 de octubre de 1996, Broken China es un viaje exploratorio conceptualizado a partir de una experiencia personal fundamentada en la depresión.

Richard Wright
Broken China

EMI Records. 1996. Inglaterra

 
Cofundador de la icónica banda londinense Pink Floyd, Rick Wright fue corresponsable de esos amplios espacios por los que Waters, Gilmour y Mason lograban, con magistral eficiencia, invadir nuestras mentes, llevándolas a estados de conciencia inexplorados, fascinación adictiva que sigue siendo atrayente aún en estos tiempos de Whatsapp y Facebook.

Broken China llegaba a nuestro espacio dos años después de la disolución aparente de la eximia banda inglesa con el estupendo álbum The Division Bell (1994), la cual nos sorprendería veinte años más tarde con un espasmódico The Endless River (2014), recordando siempre  aquella legendaria aparición en el memorable Live 8 del Hyde Park de Londres, el 2 de julio de 2005.

En 1978, Wright ya nos había ofrecido su primer álbum en solitario al cual tituló Wet Dream. Para el momento que nos ocupa, el teclista inglés, inspirado en el trance depresivo de Mildred, su entonces esposa, nos atrapaba con esta obra conceptual muy notoriamente apegada al canon musical de Pink Floyd.




La surrealista imagen de un ser humano entrando en una acuosa dimensión, concebida por el genial Storm Thorgerson (Hipgnosis), es nuestro primer contacto con Broken China, obra en la que Rick, a lo largo de casi una hora, nos despliega 16 temas grabados en su estudio Harmonie de Francia y los estudios de Whitfield Street, RAK y The Astoria de Londres, bajo su producción y la de Anthony Moore (Slapp Happy, Henry Cow), con la co-producción de Laurie Latham (Squeeze, The Stranglers).

El disco abre con unas ambientaciones acuosas que son una delicia al oído y un imaginativo viaje a la mente al que Rick ha titulado “Breaking Water”, una experiencia sonora burbujeante que nos cautiva durante los dos primeros minutos y medio para luego diluirse en “Night of a Thousand Furry Toys” (Noche de unos miles de juguetes peludos), una rítmica pieza con los aletargados acordes de Rick, los excelsos Manu Katché y Pino Palladino marcando el ritmo y la telefónica voz de Anthony Moore quien además ha programado y arreglado la parte computarizada de estas piezas.

Rick Wright nos canta: “Ahora lo sientes, un temblor y comienzas / congelado aliento que rasga la  piel / y un sonido que jamás habías escuchado, tú gritando…” El solo de guitarra encaja a la perfección, presumo es Dominic Miller quien comparte las guitarras de esta obra con Steven Bolton y Tim Renwick.

Las campanillas finales, no preciso por qué pero así lo siento, traen a mi mente la imagen de una institución mental.




En “Hidden Fear” apreciamos sutilmente al oboe de Kate St. John y las atmosféricas teclas de Rick quien en esta ocasión nos relata: “Por qué sentimos este adulto dolor / y guardamos estos secretos ajenos / esta soledad no tiene lugar entre nosotros / crece el silencio, sin lugar en la vida…”

Posteriormente Rick nos deja “Runaway” que junto a la segunda del repertorio fueron sencillos remezclados por The Orb (Alex Patterson) y que en esta última nos lleva por un contrastante ritmo sobre el que se apoyan las ambientaciones del teclista.

“Unfair Ground” da continuidad al lado instrumental del álbum.

Sección rítmica y guitarra sobresalen en “Satellite”, enfatizando el elemento espacial que caracteriza buena parte del estilo de Rick.

La hermosa y delicada “Woman of Custom” nos cuenta: “Mujer de hábito y lazos cortados / lo que nunca había cambiado siempre había fallecido / súbitamente ella ha abierto sus ojos / que llenos de lágrimas retornan a la vida”

Presta atención a las yuxtapuestas guitarras acústica y eléctrica que nos dejan un ligero aire folk, con un poquito de abstracción, claro.




Las dos primeras partes están separadas por un breve interludio de un minuto y cuarto con Richard Wright como único protagonista.

Sigue el repertorio con “Black Cloud”, tema impregnado de dramatismo y evocador imaginario de tormentosos pasajes que conectan con «Far From The Harbour Wall«, una de las pocas canciones cantadas por Richard, en la cual hay más libertad instrumental, en especial para el gran Manu Katche en la batería.

Continúa la breve “Drowning”, que traduce “ahogándose” o “ahogo”, y en la cual Wright pareciera tener el deseo de transmitirnos una transición más que una muerte, si acaso la última no es una.

De cualquier modo, vale el elemento especulativo.

En “Reaching for the Rail”, Sinéad O’Connor aporta un interesante matiz con su peculiar estilo de cantar: “Estoy enferma con una fiebre /  me siento como una niña / la dejo en la oscuridad hasta el amanecer / es tan poco original / y me siento peor en las noches / se que no es terminal / pero siento el temor de una muerte cercana y un frío que me hiela…”

“Blue Room in Venice” mantiene esa atmósfera triste y desoladora, motivo principal del disco. “Puedo verte en un oscuro charco / extiendo mi mano para alcanzarte / se que estás ahí / así que por favor mírame / cuánto te extraño, cuánto extraño tu amor / aquí está mi mano”

“Sweet July” es el instrumental que señala un final cercano. La guitarra en plan David Gilmour es la gran protagonista junto a las teclas.




Luego, “Along the Shoreline” donde Rick nos expresa en su lenguaje musical que “la depresión” ha quedado atrás. Compuesta al igual que la anterior, y algunas otras del disco, por Wright y Moore.

Órgano y guitarra acompañan la voz de Richard, quien nos dice: “Puedo tomarlo o dejarlo / no será el desconsuelo / no necesito un universo modelo para colgar tus fotos / en algún lugar te escondes en algún lugar mueres / y entonces este pensamiento sin sentido que odiando más sientes más / y es así como te atrapan…”

Es “Breakthrough”, de nuevo con Sinead O’Connor en la voz, la que ofrece las últimas notas de este excelente álbum publicado el 7 de octubre de 1996.

Como suele decirse… ¡todo tiempo pasado fue mejor! Y en el caso de Richard Wright más aún.

Leonardo Bigott