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30 años de Goo: el gran salto de Sonic Youth

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sonic youth goo

El 26 de junio de 1990 se publicó el sexto disco del cuarteto de Nueva Yor, primero de la fructífera etapa con Geffen Records y más exitoso hasta entonces

Sonic Youth
Goo

Geffen Records. 1990. EE UU

Si ha habido un grupo de rock en Norteamérica irreverente, desenfadado e innovador durante los últimos 40 años ese es Sonic Youth.

Su irrupción ocurrió a principios de los años 80 en medio de la no-wave neoyorquina, un movimiento alejado de los convencionalismos del rock que pretendía servir de contrapeso a la estética melódica del new wave.

La libertad para experimentar con las posibilidades del ruido y el feedback, llevó a Sonic Youth a convertirse en el estandarte de una generación muy cercana al escepticismo del post-punk.

Desde Velvet Underground no había surgido en Nueva York una banda que pudiera imbricar con tanto éxito el ruido dentro de las estructuras del rock and roll, lo cual llevó a que sus discos independientes de los años 80 se convirtieron en paradigma de la llamada contra cultura indie.

El disco debut Confusion is Sex (1983) fue la primera piedra que los guitarristas Thurston Moore y Lee Ranaldo, junto con la bajista Kim Gordon, colocaron en su trayectoria. Para entonces tenían fresca su colaboración con el compositor de vanguardia Glenn Branca, una influencia notable en sus primeros discos.

En 1985 firman con el sello Blast First y editan Bad Moon Rising, primer intento de fundir disonancia con melodía. La aceptación de la crítica especializada los ayudó a firmar con el sello SST, hogar de otras bandas incendiarias del post punk y el hardcore como Husker Dü y Black Flag.

De ese acuerdo y ya con Steve Shelley como baterista, surgieron Evol (1986) y Sister (1987), con los cuales su estatus creció de forma significativa. El disco The Whitey Album (1988) del proyecto paralelo Ciccone Youth, una sátira del pop comercial de Madonna, fue un excelente preámbulo para el doble disco Daydream Nation (1988) auténtico tour-de-force del grupo. Sin embargo, su nueva disquera Enigma se declaró en bancarrota al poco tiempo.

Esa situación llevó al grupo a firmar un favorable contrato con la multinacional Geffen Records, cuyo primer resultado fue el brutal Goo (1990) un disco que marcó al movimiento grunge, incluyendo a Nirvana y Mudhoney.

Goo fue un salto cuántico tanto en exposición en radio y MTV, como en distribución mundial, permaneciendo como uno de los más importantes del rock alternativo y la piedra angular de la discografía del cuarteto.

El disco abordó temas relativos al empoderamiento de la mujer y la cultura pop, algo que queda patente desde el contacto con el arte de portada, una ilustración de Raymond Pettibon, con diseño de arte de Kevin Reagan. Las ilustraciones se combinan internamente con las fotos de Michael Lavine, logrando un estupendo balance adaptado al formato CD, ya en pleno dominio del mercado.

La ingeniería fue encomendada de nuevo a Nick Sansano, aunque la mezcla final correspondió a Ron Saint Germain, por lo que Sansano pasó años sin comunicarse con el grupo alegando que sintió desplazado para la mezcla, como sí había hecho en Daydream Nation.

La producción fue de Don Flemming, con asesorías de J Mascis.

Los 11 bombazos guitarreros de Goo

El comienzo con “Dirty Boots”, no podía ser mejor. Con el distintivo golpeteo de la maraca en el redoblante, Shelley junto al robusto bajo de Gordon, sirven de base para la potencia guitarrera de Thurston y Ranaldo.

El video de Tamra Davies muestra a un chico y una chica que se encuentran durante un show de Sonic Youth y terminan en el escenario besándose.

La primera de las tres fundamentales composiciones de Kim Gordon para Goo es “Tunic (A Song for Karen)”, tema de extraña melancolía guitarrera, dedicada a inspirada por Karen Carpenter, la talentosa cantante y baterista de The Carpenters, fallecida prematuramente a los 32 años como consecuencia de una anorexia nerviosa.

Gordon rescata su importancia como una de las mujeres más influyentes en el avance del rol femenino dentro de la música.

Mary Christ”, es un tema de espíritu punk, con las voces entrecruzadas y unas guitarras neuróticas.

Uno de los momentazos de Goo es “Kool Thing”, segundo tema de Gordon, inspirado por el rapero LL Cool J, con la participación de Chuck D de Public Enemy. Es un tema que atrapa, tanto por la vocalización entre sensual, displicente y macarra, como por las guitarras huracanadas que nos envuelven, arremolinan y escupen repentinamente.

La pieza más larga es “Mote”, composición de Ranaldo que él mismo canta. A lo largo de los 8 minutos los latigazos de guitarras y atronadoras atmósferas de ruido blanco construidas con capas de feedbacks de guitarras, dominan el tema.

En contraste, sigue “My Friend Goo”, uno de los tres temas cortos, presentado casi como un ensayo grabado con un micrófono de ambiente. El “lo-fi” en su máxima expresión.

Da paso a otro de los puntos álgidos, “Disappearer”, el más controlado de todos los temas del disco, a pesar del frenetismo final.

Los dos minutos ocho segundos de “Mildred Pierce” engañan durante casi todo el tiempo hasta que faltando 30 segundos se desata una furia incontenible, la cual desemboca en la intensa “Cinderella’s Big Score”, tercer tema que corona a Gordon como gran compositora.

El minuto de “Scooter + Jinx”, una especie de interludio de feedbacks guitarreros, que cuenta con un divertido vídeo, es el preámbulo del épico final con “Titanium Expose”, un desatado testimonio del poderío de Moore y Ranaldo tanto para el ruido como para la melodía.

Goo, con su salvaje estética garagera, se convirtió en piedra angular de Sonic Youth

Dos años después aparecería Dirty (1992), disco que consolida al cuarteto como padre del rock alternativo, lo cual reafirma con Experimental Jet Set, Trash and No Star (1994) el disco más vendedor hasta esa fecha, aunque no el mas completo.

Años después, producen uno de sus más elocuentes trabajos, Murray Street (2002), que grabaron durante los atentados de 11 de septiembre, en esa misma zona cero.

Mientras la pareja Moore y Gordon de mantuvo estable, todo funcionó dentro del grupo Pero, cuando la relación de pareja se resquebrajó y anunciaron que el matrimonio de 27 años se acababa, fue imposible seguir trabajando como Sonic Youth. De eso hace ya 9 años.

Juan Carlos Ballesta