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The Raven That Refused To Sing: la tercera impronta solista de Steven Wilson

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Steven Wilson The Raven That Refused to Thing

El 25 de febrero de 2013 el polifacético músico inglés publicó su tercer disco solista, consolidando una sólida carrera post Porcupine Tree

Steven Wilson
The Raven That Refused To Sing (and other stories)

Kscope. 2013. Inglaterra

En 2013 no dejaba de impresionar este inglés, especie de Rey Midas que lo que toca lo convierte en oro. Lo habíamos visto en Caracas en 2012 en uno de los más fabulosos conciertos en mucho tiempo, acompañado de una banda que dejó a todos los asistentes atónitos.

El workahólico Steven Wilson tiene varias virtudes, entre ellas la capacidad de componer música dentro de un amplio rango que va del rock progresivo (y sus variantes) a la música electrónica ambiental, además de sus habilidades como productor e ingeniero de audio. Tras el imponente doble disco Grace for Drowning (2011) y sus dos predecesores álbumes en vivo, Wilson acometió otro nuevo capítulo en su carrera como solista, que seguía dejando congelado a Porcupine Tree, su proyecto más conocido.

El disco abre con “Luminol”, un fantástico tema de 12 minutos que fue estrenado durante la gira del disco anterior, en el que despliegan todas sus habilidades, con referencias a King Crimson y Yes.

La base rítmica de Marco Minnemann (batería) y Nick Beggs (bajo) es deslumbrante, así como la guitarra del joven Guthrie Govan.

Una sosegada y preciosista “Drive Home”, continua el disco de forma contrastante a la pieza anterior.

The Holy Drinker”, con la participación especial del legendario Alan Parsons en la guitarra wah-wah (quien además es el ingeniero de grabación y productor asociado) posee una atmósfera más dramática, con elementos tomados del jazz rock de los 70, con el saxo y la flauta del gran Theo Travis en plan estelar, y el veterano Adam Holzman aportando lo suyo con el órgano y el piano Rhodes.

En todo el disco las armonías vocales son estupendas, como en “The Pin Drop”, el tema más corto. “The Watchmaker”, con voz adicional de Jakko Jakszyk, recuerda en su primera parte a los pasajes acústicos y pastorales de Steve Hackett.

Con la melancólica pieza homónima se cierra un disco que, de nuevo, hacía pensar que Wilson no tenía techo.

Aunque su talento es cada vez más reconocido, milagrosamente todavía conserva un estatus de artista de culto que lo engrandece. Incluso a pesar de que con cada nuevo disco recibe más atención mediática

Juan Carlos Ballesta


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