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Beaucoup Fish: el shamanismo electrónico de Underworld

Underworld Beaucoup Fish

El 1 de marzo de 1999 el proyecto británico de techno publicó el fantástico quinto álbum, último con Darren Emerson

Underworld
Beaucoup Fish

Junior Boy’s Own/ V2. Inglaterra. 1999

 
Durante los años 90, house, techno, dance, jungle, drum´n bass, ambient, big beat y una larga lista de emparentadas corrientes musicales dentro del gran fenómeno que globalizó a la música electrónica, invadieron las discotiendas, páginas de revistas, pistas de baile, raves y espacios de todo tipo.

Si hubo una agrupación que supo moverse libidinosa e inteligentemente entre muchos de esos géneros electrónicos, esa es Underworld.

Formada en 1988 por el vocalista Karl Hyde y el guitarrista Rick Smith, Underworld se convertiría, años después de su formación, en uno de los capítulos cruciales de la música de los 90, mezclando la vieja y la nueva escuela de la electrónica.

Luego de dos anodinos discos, Underneath the Radar (1988) y Change the Weather (1989), Hyde y Smith deciden reclutar al joven DJ Darren Emerson, editando dos singles bajo el nombre de Lemon Interrupt.

Sin embargo, al poco tiempo regresan a la denominación Underworld para editar el magnífico Dubnobasswithmyheadman (1993), el cual se convirtió en el punto de inflexión en la carrera del trio.

Un disco que trató directamente el techno como elemento central de su propuesta, dejando a un lado la indefinida mezcla de pop y dance que aún arrastraban los dos fundadores desde los primeros ochenta cuando se movían a la sombra de Depeche Mode, Soft Cell, The Human League y Heaven 17.




Aquel disco catapultó al grupo hacia escenarios de Europa y Japón, hasta finalmente lograr ser editado en Estados Unidos, dos años después. El año 1995 sirvió para que su nuevo single “Born Slippy” se convirtiera en un nuevo himno generacional y un ícono para la vasta comunidad discotequera europea, gracias a la inclusión en el controversial film escocés “Trainspotting” del lado B, “Born Slippy .NUXX

Underworld edita en 1996 el monumental Second Toughest in the Infants, reafirmando su innato talento para concebir música de decidido corte trance. La mezcla por momentos desenfrenada de ritmos electrónicos repetitivos, galopando sobre arropantes colchones sonoros y la voz tratada de Hyde, hacen de este disco una verdadera joya de la electrónica, cuyo éxito se extendió durante los siguientes dos años.

Mientras, sus miembros decidían dedicarle más tiempo a Tomato, su propia compañia publicitaria responsable de atractivos comerciales para Nike, Adidas, Sony y Pepsi, intensificando también sus trabajos de remezclas para Björk, Depeche Mode y Letffield, entre otros.

El 1 de marzo de 1999, el trio editó un nuevo trabajo, Beaucoup Fish (1999), otro excelente tratado de como convertir una pista de baile en un templo sagrado.

El disco dio para cinco singles, lo que demostraba el amplio impacto que el grupo tenía a aquel lustro final del siglo 20.

El primero de ellos fue “Moaner”, que originalmente apareció en el soundtrack de “Batman & Robin” (1997), lanzado en Alemanía y Japón el 21 de julio de 1997. La versión del álbum -ubicada como último tema- es más extensa.




Quince días antes de la publicación de Beaucoup Fish fue publicado “Push Upstairs”, un infalible techno -cercano a la estética big beat popular en el momento- en cualquier pista de baile de la época y por muchos años.

La pieza se desarrolla sobre un ritmo trepidante, con un piano y un riff de guitarra sampleado, y la voz procesada de Hyde.

Más adelante, la pieza tiene su complemento en “Push Downstairs”, un tema downtempo con cierto aire dub y la voz sosegada, casi distante de Hyde

Con el disco ya en la calle e impactando las listas, se publicó el single “Jumbo”, siete minutos de melódico electro pop, con la voz prístina de Hyde. El tema fue remezclado por varios artistas con resultados que de alguna manera recuerdan el frenetismo de “Born Slippy”.

El siguiente single, publicado el 16 de agosto de 1999, fue “Shudder/King of a Snake”, un sudoroso techno que transcurre guíado por un incansable ritmo -una transpolación de “I Feel Love” de Donna Summer y Giorgio Moroder- , sobre el cual van y vienen las voces -reales y sampleadas- y un sintetizador cíclico.

Es uno de los temas que seguramente influyó en discos como XTRMNTR (2000) de Primal Scream.




El quinto y último single fue “Bruce Lee”, una pieza de aroma funky cuyo ritmo se mantiene constante, permitiendo una variedad de sonidos de sintetizadores y una vocalización no muy lejana a la de Mark E. Smith (The Fall) aunque menos áspera.

El tema se acerca en estética a lo que hacían en simultáneo proyectos como Death in Vegas.

Otros cinco fantásticos temas forman parte también del disco, comenzando por el abridor “Cups”, casi doce minutos de sofisticado tech-house, con la voz filtrada con un efecto casi “vocoder”, una línea de bajo sintetizado y sonidos que flotan sobre la rítmica.

A partir del minuto 8 se acentúa el bajo, el ritmo se transforma en un big beat y surge un teclado que lo abarca casi todo

Winjer” es un fenomenal minimal techno algo acelerado, con una voz fantasmal y robótica, que sirve de preámbulo para la exquisita balada “Skym”, cuyo desarrollo recuerda mucho a las ensoñadoras piezas de This Mortal Coil.




Kittens” son siete minutos y medio de frenético trance, cuya audición dispara inmediatamente las luces discotequeras en nuestra mente. Otra cosa es la pieza directamente en una pista de baile, que invita a enloquecer y sudar durante los primeros cuatro minutos y medio, flotar durante minuto y medio, para luego rematar el frenesí.

Y también está “Something Like a Mama”, un tema synth pop no tan lejano a Depeche Mode, elegante y de locura contenida.

Sorpresivamente Emerson los abandona a comienzos de 2000, aunque quedaba de ésta formación irrepetible un increíble documento en directo, Everything, Everything, editado en CD y en DVD, dejando al descubierto a una agrupación con plena vocación nocturna y shamanística.

Underworld, otra vez como dúo, con altos y bajos, ha seguido provocando en el siglo 21 que nuestras neuronas realicen inusitadas coreografías, mucho más complejas que las de nuestro cuerpo en el dancefloor

Juan Carlos Ballesta


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