Van the Man, el legendario músico norirlandés, se presentó por segundo año consecutivo en el ciclo veraniego madrileño y sigue impresionando a los 80 años
Van Morrison
Noches del Botánico
Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid
(Junio 30, 2026)
Suele decirse que los repertorios de los conciertos de Van Morrison pueden decepcionar a parte del público ya que rara vez se entrega a un desfile de grandes éxitos y su selección responde a su propio criterio, con una autenticidad que prescinde de sonrisas fáciles o gestos de complicidad.
Pero a sus 80 años, Van Morrison sigue cautivando con su música, con su pasión por los géneros que han construido su impresionante carrera y su libertad interpretativa.
Con un concierto cargado de blues, jazz, rythmn & blues y folk y una banda excepcional, Van Morrison enamoró sin locuacidad, pero lo hizo con una música que se instaló poco a poco en quienes estábamos allí, sostenida por su talento, el sentimiento que la acompaña y una trayectoria extraordinaria.
Como es habitual, su concierto comenzó unos minutos antes de la hora anunciada, a las 20:27 h. Aún con 38ºC a esa hora, Van Morrison apareció en escena tocando la armónica, vestido con traje, sombrero Panamá y gafas de sol de espejo, para sumergirnos en el blues con “Deep Blue Sea”, uno de los 20 temas que componen Somebody Tried to Sell Me a Bridge –el álbum que recorre los géneros que forjaron sus raíces musicales–, una versión propia del tema de John Lee Hooker realizada junto con Elvin Bishop.
Poco después tomó el saxo para introducir “Kidney Stew Blues”, otro blues vibrante y estupendamente bien ejecutado.
Con “Madame Butterfly Blues” iba quedando clara la simbiosis perfecta entre el músico y los integrantes de una banda de nivel extraordinario. A la calidez de su armónica se fueron sumando los brillantes solos de Richie Buckley al saxo. Matt Holland a la trompeta, Dave Keary a la guitarra, David Hayes al bajo, Robert Ruggiero a la batería y John McCullough a los teclados, junto a las maravillosas voces de las coristas Sumudu Jayatilaka y Jolene O’Hara.
Cada intervención encontró su espacio de forma natural y fueron memorables los solos de guitarra, teclado y batería, así como la magnética interpretación de las coristas.
El calor era aplastante y el público se abanicaba con lo que tenía a mano mientras sonaba “Snatch it Back and Hold it”, la versión del clásico de la Junior Wells’ Chicago Blues Band que Van Morrison acompañó con un inspirado solo de armónica.

Todo indicaba que se sentía especialmente a gusto en las Noches del Botánico, espacio al que –según la organización– pidió regresar este año tras su actuación de 2025.
Al concluir la nostálgica “Down to Joy”, una luminosa pieza cargada de espiritualidad de la banda sonora de la película Belfast (Kennth Brannagh, 2021), expresó que estaba feliz de estar allí, tanto que al terminar el delicado soul “Back to writing love songs” sorprendió al público con un sencillo “gracias” en español.
Las pantallas laterales nos permitieron seguir de cerca sus expresiones y los brillantes solos de los músicos.
Con “The Only Love I Ever Need Is Yours”, una balada sobre el amor y la incomunicación, el público aplaudió efusivamente tras el magnífico solo de guitarra española de Dave Keary. El ambiente cambió por completo con “Play The Honky Tonks”, una versión del clásico de título similar de 1952 popularizado por la cantante de rythmn & blues, Marie Adams. Los inspirados solos de saxo y trompeta mantuvieron a la audiencia entregada al ritmo de principio a fin y cerraron la canción con una ovación estruendosa del público.
Un delicado solo de flauta travesera coronó la atmósfera serena de la pieza “When The Rains Came”. Tampoco podía faltar el homenaje a Ray Charles, una de las grandes influencias de Van Morrison, con “If It Wasn’t for Ray” interpretada con el agradable e inconfundible sonido característico del órgano Hammond.
Uno de los momentos culminantes del concierto llegó con “I Believe to My Soul”, un tema rebosante de sentimiento en el que brilló el diálogo entre la trompeta y los dos saxos, con Van Morrison al segundo saxo. La respuesta del público fue inmediata, con una gran ovación acompañada de gritos entusiastas.

Comenzó en seguida “Night Time is the Right Time”. “Veo que les gusta el blues, ahora Ray Charles”, comentó el músico antes de abordar esta pieza, construida sobre el brillante intercambio entre su voz y las espléndidas intervenciones de las coristas, que arrancaron calurosos aplausos a lo largo de la interpretación.
Al finalizar la canción bromeó con el público con una sonrisa y un “That’s all folks” (“Esto es todo amigos”) a lo que el público respondió con un rotundo “¡Noooo!”.
“Real Real Gone” desató una de las ovaciones más intensas del concierto. El público acompañó la interpretación con palmas contagiado por su energía, mientras los solos de saxo y trompeta elevaban aún más la temperatura.
En este momento Van Morrison presentó a la banda y continuó cantando “Ain’t Gonna Moan No More”, tema que puso a vibrar a todos convirtiéndose en otro de los grandes momentos de la noche.
Con “Enlightenment” llegó un momento más reposado, una hermosa canción de tintes pop y soul, que volvió a poner de relieve la excelencia de los músicos. Cada solo fue un auténtico placer, con mención especial de los pasajes de armónica de Morrison, cuya compenetración con el instrumento sigue siendo tan natural como inconfundible.
La armónica volvió a marcar el camino con los primeros compases de “Goin’ Down Geneva”, un blues que la banda enlazó con “Brand New Cadillac”, dos canciones conectadas por la figura del músico británico Vince Taylor.
Van Morrison compuso “Goin’ Down Geneva” inspirado en las sensaciones de su tour europeo en 1998 y en la letra evoca a Taylor en la etapa en que vivió en la ciudad suiza. El empalme entre el blues reminiscente y el desbordante rock & roll de “Brand New Cadillac” fue uno de los momentos culminantes del concierto, con inspirados solos de la guitarra y el piano que contagiaron al público, que respondió entregado al tirmo de la música.
“Early in the Mornin”, el blues de Sonny Williamson I de 1937 que Van Morrison grabó junto a BB King en B. B. King & Friends: 80 (2005) se convirtió en uno de los momentos clímax del concierto.

Y con el listón ya muy alto, llegó una interpretación extraordinaria con elegantes destellos de jazz de “Moondance”, que desembocó en “Gloria”, el inolvidable tema del álbum debut The Angy Young Them de su banda Them de 1964, y convirtió el lugar en una fiesta de gente coreando “Gloria”, bailando y palmeando. Cada músico tuvo su momento de protagonismo, con solos ejecutados con precisión, improvisación y dominio absoluto de los tiempos.
La trompeta, el órgano Hammond, la batería y cada uno de los instrumentos fueron construyendo un final apoteósico que hizo pensar que la noche no debía terminar. Incluso con Van Morrison ya fuera del escenario, la atmósfera permaneció cargada de emoción y una energía difícil de abandonar.
Siempre han acompañado a Van Morrison las historias sobre su carácter reservado, su escasa comunicación con el público y su aparente distancia sobre el escenario. Sin embargo, quizá la clave esté en mirar esa actitud desde otra perspectiva: todo aquello que no expresa con palabras lo transmite con una intensidad extraordinaria a través de su música.
Sus fraseos cargados de pasajes nostálgicos y llenos de emoción, o sus momentos musicales desbordantes de ritmo y energía son su verdadera forma de comunicación. Y lo hace desde el talento de un músico excepcional, desde la pasión profunda por los géneros que han construido su trayectoria y con el respaldo de una banda extraordinaria, formada por intérpretes de un enorme nivel que se integran con naturalidad en su universo musical.
En Noches del Botánico, Van Morrison demostró que no necesita grandes gestos ni discursos para conquistar al público: le basta con su música.
Van the Man cautivó sin duda en los Jardines del Botánico.
Mariella Rosso



