King Crimson «Islands»: a 45 años de la exquisitez carmesí

King Crimson «Islands»: a 45 años de la exquisitez carmesí

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King Crimsom

KING CRIMSON

ISLANDS

Island/Atlantic. 1971. Inglaterra

 

La Nebulosa Trífida y otras historias

 

Desde su creación en noviembre de 1968, King Crimson se ha mantenido como la más sólida y vanguardista propuesta musical dentro del progrock. Su más reciente álbum en vivo, Radical Action to Unseat the Hold of Monkey Mind (2016), es la más desafiante provocación a la contemporaneidad del rock.

Hoy, recordamos Islands, su cuarto trabajo discográfico que cumplió 45 años de haber sido lanzado al mercado el pasado 3 de diciembre. Fue, en su momento, un influyente álbum entre esa élite de melómanos proclives al progrock. Si bien King Crimson había tenido que batallar la excelencia de un primer álbum sobradamente exitoso en todos los aspectos como fue In the Court of the Crimson King (1969), incluso comparado con los estándares actuales, Islands representa, en mi opinión, el más oscuro episodio de la banda durante esa prolífica década, entendiendo el término como un elogio. Su enigmático y pesado sonido tras una lírica poéticamente bien delineada por el genio de Peter Sinfield, nos garantizó un King Crimson que se deslindaba agigantadamente de las fórmulas convencionales del rock. Muy atractivo para quienes buscábamos ese mismo camino.

La portada presenta una foto de la Nebulosa Trífida en la constelación de Sagitario. La espacial imagen de esta ‘división en tres lóbulos’ pareciera decirnos sobre la amplitud musical que encierra esta cubierta, aunque la versión de la edición canadiense y estadounidense presentan un dibujo de Peter Sinfield donde destacan, al desplegarlas, tres islas. La espacial visión es subyugante y no deja espacio para más que el título y el nombre de la banda ausentes incluso en las versiones mini LP y otras reediciones.

King Crimson

 

 

King Crimson

 

 

King Crimson

 

 

La divina mezcla de modos y formas del jazz, la música clásica y el rock que por años caracterizó a bandas como ELP, Genesis y Yes, tenía en King Crimson un sonido más propio del callejón de atrás. Las primeras notas del contrabajo de Harry Miller y la flauta de Mel Collins en “Formentera Lady” son una clara evidencia. El primero empleando el arco y el segundo revoloteando el aire antes de encontrarnos con la oblicua voz de Boz Burrell, mientras Keith Tippett frasea con toda libertad sobre el piano y le escuchamos mientras Boz articula versos como “casas heladas en caliza vigilan el pálido horizonte costero”. La marcada rítmica de Ian Wallace y el saxo, también de Collins, tienen una crudeza espectacular donde se cuelan fantasmales imágenes que nos hechizan con el bien logrado efecto de canto de sirena en la voz de la soprano Paulina Lucas. Es el preámbulo al cuento del marinero, “Sailor’s Tale”, donde los platillos de Wallace y el bajo de Burrell van marcando el ritmo sobre el cual Collins dibuja frases con un saxo en total libertad expresiva.

El Rey Carmesí (Robert Fripp) es prudente en su intervención y siempre lo ha dicho “soy el mínimo común denominador en King Crimson” aunque acá despliega sus habilidades con igual libertad como guitarrista y también como ejecutante del mellotrón, instrumento muy usado también por Genesis y Moody Blues y cuyo sonido en parte definió una era.

Fripp inicia el tercer tema basando la armonía en la composición “Why Don’t You Just Drop In” del seminal álbum The Brondesbury Tapes de Giles, Giles and Fripp del año 1967, trío que rápidamente se convertiría en King Crimson con la adición de Greg Lake e Ian McDonald y el poeta Peter Sinfield. Titulada “The Letters”, esta canción inicia con una dulce y cuasi misteriosa guitarra eléctrica al tiempo que Boz dibuja una primera escena plasmada en esta estrofa:

“Con pluma y cuchillo de plata

Ella talló una pluma venenosa

Escribió a la esposa de su amante:

“La simiente de tu marido ha

alimentado mi carne”

Tras una segunda estrofa, la banda estalla en un caos sonoro que en poco tiempo retorna a una relativa calma sobre la cual Collins, Fripp y Wallace intercambian ideas bajo un lenguaje improvisado, ingrediente esencial de la música de King Crimson. En una tercera estrofa Wallace destaca por su histrionismo.

Una de mis favoritas en este legendario álbum es “Ladies of the Road”. El contraste entre el saxo de Mel Collins y las voces es como ir y venir del cielo al purgatorio. Esas damas del camino se revelan en los versos

“Clavadista traductor chino

negro cabello y negro liguero,

dijo: satisfáceme sin rendirte

quiero sentir tu Fender”.

Resulta aún más gratificante al oído experimental, el quinto tema de este álbum titulado “Prelude: Song of the Gulls” o “Preludio: Canción de las gaviotas”, un hermoso instrumental con una sección de cuerdas y el oboe de Robin Miller. Entre pizzicatos y puntuadas frases esta pieza es como una especie de oasis dentro del repertorio porque desgrana la influencia clásica en la agrupación y además por poseer un cierto carácter cinemático, es decir como si se tratara de una banda sonora. Esta composición deriva de “Suite No.1” también del seminal álbum antes mencionado..

El final de este icónico álbum es el tema título. Desde que King Crimson inició su carrera discográfica cada álbum ha tenido un tema a gran escala o sobre los diez minutos. En el primero fue el trío de “Moonchild”, “The Dream” y “The Illusion”. En In The Wake Of Poseidon la suite de “The Devil’s Triangle” y en Lizard y Island el tema título. En un hermoso comienzo que evoca las dramáticas piezas de Peter Hammil, “Island” inicia con la voz de Boz y el piano de Tippett a los que se les une la flauta baja de Collins creando una atmósfera de nostalgia. La corneta de Mark Charing acentúa esa nostalgia mientras oímos:

“Bajo el viento se volvió la ola

Paz infinita

Islas unidas

Bajo el mar del cielo”

La entrada del mellotrón contrasta con la corneta de Charig que nos va llevando hasta desvanecerse. La banda ha incluido en la última sección una serie de sonidos diversos que semejan una obra de arte sonoro y donde podemos escuchar conversaciones y la voz de Fripp dictando pautas.

Islands es un soberbio trabajo musical que si bien no posee la grandiosidad de los tres primeros, es un trabajo que brilla con luz propia situado en el punto medio de la primera etapa de King Crimson. Fripp y compañía abrieron aún más las puertas para otras posibilidades de experimentación sonora que disfrutaríamos en las tres ediciones siguientes Larks’ Tongues in Aspic de 1973 y Starless And Bible Black y Red de 1974, trío que de algún modo representa la cúspide de esa fuerza creadora y liberadora que conocemos como King Crimson y que no es más que el alter ego de Robert Fripp, un pequeño dictador que ha sabido delegar con excelencia sus ideas.

Leonardo Bigott