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Lizard: el reptiliano y hechizante tercer disco de King Crimson

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Lizard King Crimson

El 11 de diciembre de 1970 el indómito Rey Carmesí publicó su tercera obra discográfica, otro testimonio de la grandeza creativa de una banda siempre en ascenso.

King Crimson
Lizard

Island Records. 1970. Inglaterra

 
El año 1970 fue un año de esplendor en el rock. Fueron 365 días de agitación que se nos desplegaron con tal intensidad que hay quienes piensan que todo se gestó allí. Lo que vino después de esa esplendorosa década también tuvo sus atractivos, pero ya nada fue igual.

Una muestra puedes encontrarla en los textos que anteceden a éste, dedicados a muchos sorprendentes álbumes lanzados aquel decisivo año.

La década de los 70 que apenas comenzaba es recordada, entre otras cosas, por la ruptura de The Beatles, la invasión de Camboya por Estados Unidos y aquella lapidaria frase “Houston we got a problem”, entre otras cosas.

Y claro está, fue el año del reptiloide álbum de ese “intimidante territorio”, como dijera el retirado baterista Bill Bruford, llamado King Crimson, una banda en constante mutación que no ha cesado de sorprendernos en cada una de sus encarnaciones.

Y como Robert Fripp, su líder, nos ha acostumbrado, “King Crimson cesa de existir cuando no hay músicos que puedan interpretarla y vuelve a existir cuando hay músicos que puedan hacerlo”.




Me dirán que todas las bandas son así, pero no puedo decirte menos que estás del lado equivocado de la historia porque al igual que The Mothers of Invention de Zappa, los ingredientes de KC son de una receta que está llena de intrincados elementos armónicos, melódicos y rítmicos, que aún torturándonos la audición, nos enamora.

Tony Levin, en uno de los conciertos de KC diría “!quieren un poco de insania!”, y sin vacilar se escuchó el “yesss” de la gran audiencia. No cualquier grupo con una dilatada base de fanáticos logra eso.

Lizard es el punto medio entre In The Wake of Poseidon y Islands. Producido por Robert Fripp y el letrista Pete Sinfield para Island Records, esta estupenda y magna obra encontró a los “Crimsons” en los Wessex Sound Studios de Londres, grabando

Casi 43 minutos de una excitante y variada muestra de cinco temas.

En ellos, nuestros endiosados héroes nos ofrecían una atractiva selección cargada de vanguardismo, jazz fusion y progrock lleno de una compleja musicalidad registrada por Robin Thompson, el hombre tras los controles.

La curiosa portada que envuelve a nuestro celebrado álbum fue comisionada por Pete Sinfield a Gini Barris. En ella hay una serie de curiosidades que estimulan nuestro imaginario, creando una emotiva tensión que nos detiene por un prolongado momento antes de escuchar las primeras notas.

Para este momento King Crimson estaba conformado por Mel Collins en flauta y saxo; el bajista y cantante Gordon Haskell (fallecido en 2020), quien ya había participado en el tema “Cadence and Cascade” de In The Wake of Poseidon como vocalista, tomando el puesto de Greg Lake quien se iría para formar ELP; Andy McCulloch (Peter Banks, The Crazy World of Arthur Brown) en la batería, sustituyendo a Michael Giles; el afamado letrista Pete Sinfield; y el autoproclamado “mínimo común denominador” pero indiscutible Rey Carmesí, Robert Fripp, además de un sexteto de músicos invitados que te iré presentando a lo largo del camino.

Lizard inicia con “Cirkus (Including “Entry of the Chameleons”) ocupando los primeros seis minutos y medio.

La dramática acentuación en los arpegios de Fripp y la contrastante dulzura del saxo de Collins son dos de los elementos que destacan en esta pieza. El pianista acústico y eléctrico Keith Tippett (†), el mismo de “Cat Food”, con sus líneas avant-garde y la emotiva voz de Haskell por la que se cuela la guitarra de Fripp, quien además está detrás del emblemático mellotron, son parte de lo que apreciamos.

La lírica, por demás sumamente compleja, describe elementos circenses. El hermoso solo de saxo con el mellotron es cautivador.

“Limpié mis pies de lodo, seguí la cebra sin cabalgar hasta el circo nos canta Haskell antes de darle espacio a un raro tema llamado “Indoor Games”, en el cual Gordon dice: “Los fuegos artificiales de la parte interior divierten a los cocineros, desempolvando plantas de ajo plásticas, ríen en la sequía….

Los vientos de Collins y Robin Miller hacen buena parte de este dislocado tema con un crudo Fripp que decora esta pieza en la que Sinfield se ubica tras el EMS VCS 3, uno de los sintetizadores simbólicos de esa era.




Fripp es osado en su modo de tocar la guitarra, improvisando un poco aquí y allá, combinando acústica y eléctrica. La risa que marca el final es por demás contagiosa.  McCulloch es genial en el redoble. Esta es una buena muestra de ese “dangerous territory.”

“Happy Family”, con un Tippett y un Collins robándose el show, nos hipnotiza de inmediato. El trombón de Nick Evans se une a esta gran descarga de peculiar sonoridad. Sinfield, aunque letrista, está a la altura de la gran complejidad que contiene esta obra maestra que sorprende y mantiene su frescor.

Este disco, sin reservas, deja a aquella obra de “el hombre esquizoide” como un indestructible debut pero ésta la supera musicalmente.

“Familia feliz, una palmada, cuatro pasaron y ninguno regresó, hermano Judas, cenizas y saco, tragó afrodisíaco”

Tras la desatada insania King Crimson, que en 1969 nos contaba que “hablaba con el viento” y al año siguiente nos derretía con “cadencia y cascada”, nos endulza ahora con “Lady of the Dancing Water” donde Collins con la flauta y Haskell con su voz nos hechizan.

Nick Evans añade un interesante matiz con su trombón. “Césped en tu cabello, estirado como león bajo el sol, laboriosamente humedeció tu boca con tu lengua, vertiendo mi vino en tus enjaulados ojos…”, canta delicadamente Gordon, muy en contraste con la mala experiencia que luego dijo haber tenido en su paso por King Crimson

Los veintitrés y medio minutos que ocupan el lado B del LP corresponden al tema titulo. “Lizard es una suite conformada por cuatro partes con la penúltima dividida en tres y que inicia con el teclado y la angelical voz de Jon Anderson de Yes en “Prince Rupert Awakes”.

Anderson armoniza las voces y Fripp encaja a la perfección una guitarra en reversa. Jon nos canta en parte: “Adiós a las campanas del maestro del templo…”

La segunda parte, “Bolero – The Peacocks Tale, es la oportunidad de escuchar un poco de free jazz. En esta pieza cabe una inspiración impresionista que se aprecia en parte de la estructura. En ella hay pasajes de extremada belleza con el mellotron y los vientos.

Al minuto once un halo de misterio trae de vuelta a la voz de Haskell en “The Battle of Glass Tears”, segmento construido en tres partes: “Dawn Song”, “Last Skirmish” y “Prince Ruperts Lament.”

El trombón de Evans es telúrico. Igualmente piano y vientos. La participación del bajo de Haskell es discreta y exacta sobre todo al final. En 1991 Tony Levin agregó otro bajo. La desolada guitarra nos va llevando hacia el final de esta magnifica obra. El último minuto intenta ubicarnos en una suerte de circo.  “Big Top”.

En un momento en el que el futuro de King Crimson parecía incierto por los numerables y repentinos cambios en su formación, Lizard llegaba para impresionar y atrapar sin remedio

¡Vayamos entonces a diciembre de 1970 para esta revivir esta experiencia reptiliana única!

Leonardo Bigott



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