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40 años de Telekon: el definitivo álbum de Gary Numan

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Gary Numan Telekon

El 5 de septiembre de 1980 fue publicado el magnífico segundo disco solista del gran exponente inglés del synth pop

Gary Numan
Telekon

Beggars Banquet. 1980. Inglaterra

El inglés Gary Anthony James Webb, mejor conocido como Gary Numan, llegaba a su cuarto disco (el segundo sin Tubeway Army) ostentando un inusitado éxito que lo había llevado al tope de las listas británicas en 1979 con los discos Replicas y The Pleasure Principle, con los que se convirtió en el primer artista de la recién bautizada corriente synth pop que lograba la hazaña.

Nadie lo esperaba, fue un outsider que, sin embargo, inspiró a muchos demostrando, con la prensa en contra y su síndrome Asperger que para entonces nadie conocía, que se podía romper con los moldes y lograr ser exitoso.

Visto a la distancia de 40 años, parecen un exabrupto las despiadadas críticas que recibió en su momento, en especial Telekon. El tiempo se ha encargado de demostrar cuán equivocados y miopes estaban aquellos críticos que no supieron entender la importancia que tenia Numan y en particular este cuarto disco, el más sólido y definitivo documento de su carrera.

Aquel recibimiento hostil probablemente haya influido en cierto cambio de rumbo que Numan le dio a su sonido en Dance (1981) y I, Assassin (1982), interesantes pero menos consistentes.

Mientras ellos lo destruían, músicos protagonistas del synth pop como John Foxx y su sustituto en Ultravox, Mide Ure; Andy McCuskley y Paul Humphreys de O.M.D.; Vince Clarke y Martin Gore de Depeche Mode; entre otros, reconocían su inmenso valor y aporte a una corriente que se haría sumamente popular en los años 80. Años después, Trent Reznor reconoció la gran influencia de Numan en su proceso creativo con Nine Inch Nails.

En medio de la variopinta y muy rica escena post punk, Numan concibió una propuesta que bebía del glam, la herencia electrónica de Kraftwerk con Trans-Europe Express y The Man Machine y la etapa berlinesa de David Bowie con Brian Eno (Low, Heroes y Lodger), de The Human League y Ultravox, con elementos de ciencia ficción y literatura de anticipación.

La puesta en escena de Telekon fue aun más ambiciosa que la del Touring Principle. El Teletour, con el cual anunciaba su retiro por tiempo indefinido de los escenarios, contó con el soporte de varios músicos que experimentaban en la misma línea como Shock y el enigmático Nash the Slash, y un colectivo de burlesque que incluía a Barbie Wilde, Tik and Tok y Carole Caplin. Numan aparecía en escena en una especie de carrito de golf.

Ese tour dio como resultado el interesante álbum Living Ornaments (1981), que documenta también en video la etapa cumbre de Numan con “las máquinas” y sus distopías.

Las 10 piezas de Telekon

Numan abordó la creación de su nuevo disco ampliando la paleta sonora con la inclusión de tres teclados que en ese momento representaban el “state of the art” de la era analógica: Sequential Circuits Prophet-5, ARP Pro Soloist y Roland Jupiter-4.

Con ellos, más los ya conocidos sintetizadores de la familia Moog (Polymoog y Mini Moog) y el Synare Drum, el sonido de Telekon alcanzó cotas insospechadas de densidad.

El primer tema, “This Wreckage”, sienta las bases con una entrada sintetizada adictiva, a la cual se une la batería de Cedric Sharpley, el bajo robótico de Paul Gardiner y las palmas de James Freud y John Webb.

Envuelto en sintetizadores, Numan canta: “Apaga estos ojos / Límpiame la cara / Bórrame» y más adelante: «Y si Dios hubiera muerto / Debemos haber hecho algo mal / Esta fachada oscura termina / Somos independientes de alguien”

El bajo lleva la línea argumental de “The Aircrash Bureau” sobre la que navegan las capas de sintes de Numan y Denis Haines, una delicada rítmica a modo de clave de la que se encarga Russell Bell, palmas de Simple Minds (grupo que para entonces estaba inmerso en el synth pop), la viola de Chris Payne y por supuesto la voz de Numan.

El tema título es adictivo, tanto por el ritmo sincopado y envolvente, como por los sintes y el estupendo piano de Payne. Numan repite “tu eres, tu eres”, “Terminas en el carrete uno, terminas en el carrete uno”

Otro clásico es “Remind me to Smile”, un tema en el que Numan explora la relación con sus fans: “Reconsiderar: ‘fama’ / Necesito nuevas razones / Esta es la detención, no es para nada divertido / Recuérdame sonreír”.

En la pieza participan todos los músicos con los que Numan contó para la grabación: Chrys Payne, Russell Bell (guitarra rítmica) y Denis Haines

Es interesante destacar que la pieza que cierra el lado A en la versión original del LP inglés, “Sleep My Window”, fue sustituida en el LP norteamericano por la magnífica “If I Die, I Die”, que había sido lanzada como single poco antes de Telekon.

Ambas eran merecedoras de estar en el álbum, pero las limitaciones del formato lo impidieron,

Más aún, en tiempos en los que el formato casete aun era importante, otro single de 1980, “We are Glass”, fue incluido junto a las dos anteriores, y obviamente años después en las reediciones en CD.

El lado B lo abre “I’m an Agent”, quizá el tema más triunfal del disco, con capas de sintes abrumadoras y la viola de Payne.

El sueño de un futuro distópico tiene en “I Dream of Wires” y “Remember I Was a Vapour”, dos de los más inspirados e hipnóticos momentos de Numan, influido por los mundos distópicos imaginados por J.G. Ballard y Philip K. Dick.

El melancólico piano de Denis Haines inicia “Please Push No More”, con Numan cantando: “Ahora estoy detrás de un cristal / te hablaré / Las líneas telefónicas ciegas / Has desfigurado mi cara / Apuesto a que te reíste de mi / Ustedes jóvenes brillantes / Y ahora no necesito a nadie / Te echo tanto de menos /Por favor, no empujes más”.

El tema es probablemente uno de los más “románticos” de toda la discografía de Numan.

El disco finaliza con “The Joy Circuit”, con el protagonismo de Russell Bell en el violín y guitarra, como un híbrido sintetizado del Van Der Graaf de The Quiet Zone, The Pleasure Dome y el Ultravox de la era John Foxx.

Telekon ha pasado sobradamente la prueba del tiempo, haciendo olvidar a los insensatos que lo condenaron, logrando que 40 años después de su publicación genere el mismo interés de entonces.

Juan Carlos Ballesta