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The Beast Inside: la psicodelia garajera de Inspiral Carpets

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Inspiral Carpets The Beast Inside

El 22 de abril de 1991 la emblemática agrupación de Manchester publicó su segundo álbum, una mezcla de psicodelia, dance y garage rock

Inspiral Carpets
The Beast Inside

Mute. 1991. Inglaterra

El año 1991 estuvo pletórico de grandes discos. Mientras en Estados Unidos dominaba el grunge, en Gran Bretaña se vivía otra cosa muy distinta.

Por un lado aparecía el embrión del trip hop con Blue Lines de Massive Attack, surgía la sampledelia con The Orb, Orbital y Primal Scream, y el shoegaze arrojaba grandes discos de My Bloody Valentine, Slowdive y Ride, entre otros.

Sin embargo, lo que acaparaba mayor centimetraje en la prensa musical, en radios y locales era el Sonido Manchester, una influencia que se extendía por todo Reino Unido y que alcanzaba su cenit con los discos de Happy Mondays, The Stone Roses, The Charlatans e Inspiral Carpets.

Todo esto a las puertas de la gran explosión del llamado “britpop” con Blur, Suede, Oasis (Noel Gallagher era el técnico de guitarra de Inspiral Carpets), Pulp, Radiohead y demás bandas.




Si hubo una banda realmente prolífica de aquella generación de Manchester que bebió a partes iguales de la psicodelia de los 60, el post punk y la escena acid house de finales de los 80, esa fue Inspiral Carpets.

La formación de Clint Boom (órgano y coros), Tom Hingley (voz principal), Graham Lambert (guitarra), Martyn Walsh (bajo) y el fallecido Craig Hill (batería) grabó cuatro discos en cuatro años y publicó una gran cantidad de singles y EPs en un corto período que había comenzado en 1988 con Planecrash EP.

En medio de la onda expansiva del maravilloso álbum debut, Life (1990), el quinteto se encerró a comienzos de 1991 en los estudios Ridge Farm de Surrey para grabar las 10 canciones que conformarían The Beast Inside, y algunas más para los lados B de los dos singles que se editaron.

El poderoso bajo de Walsh en plan JJ Burnell de The Stranglers da inicio a “Caravan”, el primer single extraído del disco, que exhala todo el espíritu baggy y bailón de aquella escena.

Rápidamente hace su aparición el otro single del disco, “Please Be Cruel”, en este caso de tempo más sosegado. El órgano distintivo de Boom lleva la batuta, mientras Hingley canta una melodía de cierto aire nostálgico.

En “Born Yesterday” vuelve el bajo a ser importante, con una dinámica batería y colchón de teclados que envuelve por completo la primera mitad del tema.

En la segunda mitad, la pieza gana en misterio, con el ritmo matizado.

Recordando la atmósfera de “This Is How It Feels”, el grupo nos regala “Sleep Well Tonight”, quizá el mejor tema del disco.

La mezcla de melancolía y romanticismo que envuelven el tema podría recordar a ciertos grupos de los 60, entre ellos The Zombies y The Left Banke, o incluso también el lado más gentil de Velvet Underground.

El espíritu garagero hace su aparición en “Grip”, otro tema reflejo del Manchester que hacía vida en el famoso y ecléctico club The Hacienda.

El lado A lo cerraba “The Beast Inside”, el cual se desarrolla sobre un ritmo midtempo. Lucen especialmente las armonías vocales de toda la banda




El lado B lo inicia “Niagara”, tema de lento desarrollo. Son siete minutos durante los que el grupo muestra su faceta más envolvente, contrastando con “Mermaid”, canción de aroma psicodélico.

Inspiral Carpets, rompiendo moldes, se atrevía con “Further Away”, una pieza de mas de 13 minutos con un órgano endemoniado y una muy interesante vocalización que va alternando entre la forma de cantar habitual y los susurros.

Luego del quinto minuto la pieza gana en intensidad, para en el minuto 8 entrar en una especie de improvisación controlada.

El último tema, “Dreams Are All We Have”, es un gentil instrumental que si bien tiene poco que ver con el resto del contenido, funciona como catalizador de la energía desplegada en los anteriores 50 minutos.

The Beast Inside no obtuvo la atención que aspiraba el grupo, cuyo primer disco había puesto el listón muy alto. Sin embargo, al analizar en perspectiva toda la obra de aquel período, es fácil concluir que fue el eslabón adecuado hacia los magníficos Revenge of the Goldfish (1992) y la obra cumbre, Devil Hopping (1994)

Juan Carlos Ballesta



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