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25 años del emotivo “Grace”, el único documento en vida de Jeff Buckley

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Jeff Buckley

Jeff Buckley
Grace
Columbia. 1994. EE UU

Una de las más absurdas tragedias ocurridas en el universo pop es la muerte del joven cantautor Jeffrey Scott Buckley en 1997, ahogado en el rio Wolf en Memphis, cerca de la confluencia con el Misisipi cuando tenía 30 años.

Jeff se encontraba en la ciudad grabando las canciones que serían parte de su segundo disco (los demos fueron publicados en 1998 con el nombre de Sketches For My Sweetheart The Drunk), pero el 29 de mayo, mientras esperaba a sus músicos, relajadamente se lanzó vestido y con botas a una zona del río de aguas muy tranquilas, mientras el roadie Keith Foti cuidaba del amplificador y la guitarra en la orilla. Tras el paso de uno de los característicos botes fluviales, de repente desapareció bajo las ondas de agua creadas por los motores. Fue encontrado muerto el 4 de junio.

La consternación fue total. Jeff era hijo del fenomenal cantautor Tim Buckley, muerto por sobredosis en 1975, a quien solo conoció a sus ocho años, y dado el desenlace fatal quedó en su vida como una figura por descubrir.

Durante sus primeros años fue conocido como Scott «Scottie» Moorhead, tomando el apellido de su padrastro, pero a raíz de la muerte de su padre biológico decidió seguir con su apellido de nacimiento.

El camino a “Grace”

Fue su padrastro quien lo introdujo en el rock, acercándolo tempranamente a Led Zeppelin (Physical Graffiti fue el primer disco que compró por sus medios), Jimi Hendrix, Queen, The Who, Pink Floyd, Kiss y otros. A los cinco años dio sus primeros pasos con la guitarra y a los doce decidió dedicarse a la música seriamente, cuando había crecido en él un interés por el rock progresivo de Yes, Genesis y Rush y por el jazz fusión.

A los 19 años se muda a Hollywood para estudiar música y por seis años trabaja en un hotel tocando versiones. En 1990 se muda a Nueva York y nuevas y diversas influencias se unen a su paleta: la música devocional quawwali Nusrat Fateh Ali Khan, el hardcore de Bad Brains y el blues de Robert Johnson.

Vuelve a Los Angeles para grabar un demo con el productor de su padre, Herb Cohen. Graban cuatro canciones para un EP: «Eternal Life«, «Unforgiven» (luego titulada «Last Goodbye«), «Strawberry Street» (una versión diferente aparece en  Grace Legacy Edition), y la punk «Radio«.

Viaja de nuevo a Nueva York en 1991 a participar en el concierto tributo “Greetings from Tim Buckley” y toca junto a Gary Lucas la canción “I Never Asked to Be Your Mountain”, que su padre escribió sobre él y su madre, además de otras tres, levantando muchos comentarios positivos.

Junto a Lucas comienza a componer las canciones del debut, mientras, establecido en Manhattan de dedica a tocar en bares y locales como Sin-é, interpretando canciones de un amplio rango de autores, entre ellos Led Zeppelin, Nusrat Fateh Ali Khan, Bob Dylan, Édith Piaf, Elton John, The Smiths, Bad Brains, Leonard Cohen, Robert Johnson, Siouxsie Sioux, Nina Simone…

En el verano de 1992 firma con Columbia un contrato por tres discos y un millón de dólares. Comenzando 1993 graba solo con su Telecaster una serie de composiciones que permanecieron en la sombra.

La consolidación de Grace

A mitad de 1993, junto al bajista Mick Grøndahl y el baterista Matt Johnson, Jeff comienza a ensayar por varias semanas para entrar a grabar con el trío en septiembre de aquel año en Bearsville Studios en Woodstock, Nueva York, bajo la producción de Andy Wallace.

Gary Lucas fue invitado a tocar guitarra en los temas “Grace” y “Mojo Pin”, así como el jazzista de la zona Karl Berger, encargado de los arreglos de cuerdas. Luego Buckley perfeccionó las vocales en su estudio casero y sumó algunas texturas e instrumentos adicionales como órgano, armonio y dulcimer. Mientras el proceso del disco continuaba su curso, fue publicado el EP Live at Sin-é.

El 23 de agosto de 1994 finalmente vio la luz Grace, compuesto por diez canciones, entre ellas siete composiciones propias y tres maravillosas versiones. La estilizada “Mojo Pin” abre el álbum y pone el listón alto, permitiendo a Jeff demostrar sus habilidades vocales cubriendo cuatro octavas, mientras Lucas adorna el tema con efectos de guitarra y Johnson pasa de la sensibilidad jazzística a la rockera.

Inicia “Grace” con una guitarra que podría recordar a Steve Howe (Yes) y que se repite varias veces a lo largo del tema, aunque la estructura en su conjunto es de orientación pop. Cuerdas, teclados y efectos fe guitarra son estupendos, pero son las voces las que dominan.

En “Last Goodbye”, surge el gusto por el Led Zeppelin más sosegado y en él destacan los arreglos de cuerdas de Berger. La atmósfera cambia totalmente con la melancólica “Lilac Wine”, tema compuesto por James Shelton pero cuya versión más memorable es la de Nina Simone. Esta le llega muy cerca.

El lado A lo cierra la emotiva “So Real”, un tema con una dinámica ascendente en la que rítmica, voz y guitarras construyen una sólida estructura. Participa el guitarrista y amigo Michael Tighe (Those Bastard Souls).

Uno de los puntos álgidos del disco sin duda alguna lo representa “Hallelujah”, versión maravillosa, altamente emotiva, del tema original de Leonard Cohen pero inspirado en la revisión hecha por John Cale. Casi siete minutos de auténtica gloria.

La segunda canción más larga es “Lover, You Should’ve Come Over”, de cierto aroma a las canciones de su padre y al folk rock eléctrico de los años 70, a lo que contribuye el órgano de Loris Holland. Tras ella, Buckley nos regaló una exquisita y delicada versión de “Corpus Christi Carol”, del compositor inglés Benjamin Britten.

En contraposición, “Eternal Life” es la más rockera y potente del disco, quizá con algo de influencia de Pearl Jam, para entonces a la cabeza de la generación grunge. El colofón de Grace ocurre con “Dream Brother”, un tema compuesto por Buckley, Johnson y Grøndahl que se pasea elegantemente entre el rock alternativo y las atmósferas lánguidas de Talk Talk.

Inicialmente el disco no vendió bien, pero poco a poco fue calando y la opinión calificada de Jimmy Page y Robert Plant de Led Zeppelin catalogándolo como esencial, David Bowie eligiéndolo como uno de los 10 discos que se llevaría a una isla desierta, Bob Dylan catalogando a Jeff como uno de los grandes cantautores de los 90 y el actor Brad Pitt alabándolo como un trabajo de gran honestidad, ayudaron a que muchos se interesaran y su popularidad creciera.

Es difícil 25 años después separar cualquier opinión de este trabajo del trágico destino de su autor. Sin embargo, en aquellos primeros momentos este trabajo ya nos había cautivado. La muerte de Jeff Buckley logró un apego aún mayor, que aumenta con los años.

Juan Carlos Ballesta