Inicio Ahi estuvimos Matt Elliott: hipnótica celebración de los 20 años de Drinking Songs

Matt Elliott: hipnótica celebración de los 20 años de Drinking Songs

Matt Elliott
Foto: Juan Carlos Ballesta

El músico de Bristol afincado en Francia interpretó al completo en el FIAS de Madrid el emblemático Drinking Songs, publicado en 2005

Matt Elliott
Concierto en Teatros del Canal, Madrid
Festival Internacional de Arte Sacro, FIAS 2024

(Marzo 1, 2024)

A mediados de los años 90 la ciudad de Bristol era un auténtico hervidero. Si bien fue el trip hop lo que más impacto tuvo, en paralelo ebullía una escena independiente cuya estética era una mezcla de shoegaze, noisy, electrónica, post rock, dream pop y drone.

Todas las agrupaciones surgidas en esos años y que vivieron su esplendor durante el último lustro del siglo 20 poseían vínculos entre si. Flying Saucer Attack, Movietone, Amp, Crescent y Third Eye Foundation, puntas de lanza de ese alud sonoro, conformaron un movimiento de especial identidad.

Nada hacía pensar que Matt Elliott, el cerebro detrás de Third Eye Foundation, iba a dar un giro de 180 grados a su forma de hacer música, con un resultado en las antípodas de lo realizado poco tiempo antes.

Tras cinco discos de auténtico “wall of sound” de guitarras, bases rítmicas electrónicas y voces lánguidas arropadas por la densidad instrumental, Elliott decidió enterrar el proyecto y recomenzar su carrera como cantautor.

The Mess We Made (2003) fue el inicio de la nueva vida de Elliott. Ante la sorpresa de todos los seguidores de Third Eye Foundation, el disco presentaba a Matt cerca de Tindersticks o Leonard Cohen.




Drinking Songs (2005) consolidó su discurso, gracias a un puñado de canciones de aroma nocturno, introspectivo y bucólico. A 20 años de su grabación, ha sido un notable acierto la invitación a presentar el disco en la edición 2024 del FIAS.

Elliott se presentó acompañado de las francesas (hace años que Elliott vive en Francia), Anne-Elisabeth DeCologne en el contrabajo y Anna Fleur en piano y teclado, presencias que resultan esenciales para complementar el trabajo que realiza el autor con guitarra acústica, saxo, voz y una serie de pedales de efectos magistralmente manejados para crear densidad y cuerpo, especialmente doblando su voz.

Matt Elliott
Foto: Juan Carlos Ballesta
Matt Elliott
Foto: Juan Carlos Ballesta

Con la melancólica “C.F. Bundy” dio inicio el concierto. Un tema de tempo lento, casi somnoliento, que nos introdujo en el particular universo de este Drinking Songs, o lo que es lo mismo, canciones para ahogar las penas y tribulaciones mientras bebemos

Elliott comenzó con la guitarra acústica, pero pronto se montó el saxo, dejando ya las primera señales de como desarrollaría las canciones, creando loops como base. El saxo de alguna manera sustituyó la sonoridad del acordeón de la grabación original.

El tiempo que pasado desde que Elliott grabó aquellas canciones le ha otorgado la licencia de hacer algunos cambios en la manera de afrontarlos en directo. No es lo mismo “Trying to Explain” en el disco que ahora.

Si bien conserva la métrica de vals, las transformaciones provienen principalmente por el extensivo uso del saxo y la forma de tratar las voces, un trabajo meticuloso en el que suma una pista en loop tras otra y que quizá solo tenga paralelismos con Peter Hammill en estudio.

La música de Elliott tiene referentes (quizá los que surgen con mayor decisión son Leonard Cohen, Scott Walker, Tindersticks, Roy Harper y Peter Hammill), pero en ningún caso éstos son dominantes. Su propuesta posee una personalidad deslumbrante.

Matt saludó y agradeció brevemente, antes de darle paso a “What’s Wrong”, quizá una de las más cercanas a Leonard Cohen. Notable la confección que Matt hizo para lograr sonar como si estuviera acompañado de varios coristas al unísono.




The Kursk” se desarrolló los primeros minutos casi como un réquiem, sigiloso y triste. El lento arpegio de la guitarra acústica funcionó como hilo conductor, y sobre ello fue sumando voces y más voces, creando un denso manto vocal sobre el que siempre se mantuvo cantando de manera hipnótica y conmovedora.

Avanzado el tema (que en total se extendió por 15 minutos), hubo un quiebre en el tempo cuando comienza a rasgar con energía la guitarra, acompañado de una gran línea del contrabajo y una sorprendente densidad vocal se apropió de la sala al tiempo que Elliott soleaba con el saxo. Magistral.

La canción está dedicada a todos los que se han perdido en el mar.

Continuaron con “What the Fuck Am I Doing on This Battlefield?”, una canción folk sobrecogedora, con un piano muy sensible.

Matt Elliott
Foto: Juan Carlos Ballesta

La siguiente pieza, “A Waste of Blood”, originalmente dedicada a todas las víctimas de la política exterior de Estados Unidos, esta vez la dedicó a los niños muriendo en Gaza.

El tema posee una inquietante belleza dada por una melodía realmente triste y una letra que dice: “Y los cráteres quedan de la última vez que viniste /  Y aparentemente nuestro único crimen fue el lugar equivocado, el momento equivocado / Y es por eso que morimos / Las decisiones fueron tomadas por algunos ingratos corporativos / Poner un precio a todas nuestras vidas, sucede todo el tiempo / Y es por eso que morimos / Y es por eso que morimos / Y es por eso que morimos / Y es por eso que morimos / Y es por eso que morimos / Y es por eso que morimos / Por eso morimos




La falsa despedida ocurrió con el extenso tema “The Guilty Party”, que en el tramo final fue unido con “Also Ran”, el único tema no perteneciente a Drinking Songs, en este caso parte del álbum debut.

La pieza se desarrolla inicialmente como una balada folk ideal para ahogar las penas, y poco a poco va ganando en intensidad, especialmente por el uso del saxo y una cada vez mayor densidad de loops. Sentados en las butacas, cerrando los ojos, el viaje fue brutal. Cuando creíamos finalizado el tema, surgió “Also Ran” con su melancólica alegría, si es que esos dos estados de ánimo alguna vez pueden cruzarse. Luego de envolvernos nos liberó repentinamente.

La sala repleta -caso que sorprende gratamente- no ocultó su euforia, por lo que el trío regresó a escena. Lo que nos esperaba era un terremoto. “The Maid We Messed” empezó con guitarra acústica, pero en realidad era un espejismo porque se convirtió en un drum ‘n’ bass mutante de amplias dimensiones, con el contrabajo en plan estelar. Elliott se intercambiaba guitarra y saxo, mientras el loop nos conducía hacia un trance, muy en la onda de Spring Heel Jack.

En el tramo final Elliott se dedicó a manipular los efectos para redondear una inolvidable interpretación de la pieza final -y outsider- de Drinking Songs, la única con referencias a su etapa con Third Eye Foundation.

Terminada la presentación, Elliott salió enseguida para departir, tomarse fotos y vender discos, demostrando una gran cercanía y don de gente.

Juan Carlos Ballesta


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