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Peter Gabriel: el debut del arcángel en solitario

Peter Gabriel

El 25 de febrero de 1977 se producía el debut solista del ex cantante de Genesis, con el cual sorprendía a todos por su cambio de rumbo

Peter Gabriel
Peter Gabriel (Car)

Charisma. 1977. Inglaterra

Siendo yo un adolescente de 16 años, recuerdo una noche donde sólo éramos la radio y yo en una habitación que apenas recibía un poco de luz del pasillo contiguo a ella. Aunque no recuerdo bien quien era el locutor, es probable que haya sido Napoleón Bravo o el recién fallecido Iván Loscher el que anunciaba una canción llamada “Ahí viene la tormenta”.

Ellos eran del tipo de locutor arriesgado que no sólo ponía cosas novedosas sino fuera del estándar radiofónico. Aquella canción tenía una explosión sonora arrolladora que en algún momento era antecedida por un breve arpegio en la guitarra acústica bajo las manos del genial Robert Fripp (King Crimson), y luego hacia la sección media un solo de guitarra eléctrica de esos que deja a uno boquiabierto por ocupar el lugar idóneo y durar lo necesario para ser recordado con especial sentimiento.

Al término, aquel locutor con voz profunda decía… y era Peter Gabriel con “Here Comes The Flood”.




“Cuando la noche muestra / A las señales radiales crecer / Todas las cosas extrañas / Van y vienen y la estrella de mar no tiene donde esconderse / Aun aguardando por la abultada marea oriental / No hay rumbo y no podemos / Ni siquiera escoger un flanco”

Peter Gabriel llegaba a mis oídos con la última canción de su epónimo primer álbum. Una obra que es el resultado de la lógica evolución de un artista excepcional a quien la banda Génesis no le resultaba suficiente para llevar su imaginación a los sonidos terrenales.

Tal vez este primer trabajo no revelaba aún la profundidad que Génesis mantuvo con A Trick Of The Tail (1976) y Wind & Wuthering (1976), dos trabajos excepcionales donde ellos demostraron que podían mantener la grandiosidad sin el arcángel Gabriel.

Pero con “Here Comes The Flood” Gabriel, pese a esgrimir argumentos familiares y diferencias con los miembros del grupo para separarse de la banda, demostraba que era poseedor de un sonido único que poco se vio reflejado en la grandiosidad de aquella banda de progrock de mis días juveniles.

Eso sí, la voz siempre tuvo y ha tenido una cualidad irrefutable que ha logrado integrarse con un sonido que poca semejanza tuvo y tiene con la banda.

Aquello pudo ser el resultado fortuito de un grupo que surgió de la escogencia de Gabriel y su productor Bob Ezrin.




Tony Levin, bajo; Robert Fripp y Steve Hunter, guitarras eléctricas y acústicas; Jimmy Maelen, percusión; Allan Schwartzberg, Jozef Chirowski y Larry Fast (Synergy) en los teclados, sintetizadores y la programación de éstos.

Esa incipiente formación dio a luz Peter Gabriel, 1 ó Car como se le conoce a ese primogénito álbum. Pero no fue “Here Comes The Flood” la que despertó el interés general sino “Solsbury Hill”, un tema donde Gabriel rememora su infancia:

“Subiendo hacia ‘Solsbury Hill’ / Puedo ver las luces de la ciudad / Soplaba el viento, el tiempo se detenía / Un águila surgió de la noche / Era algo para observar / Se acercó, oí una voz / Mis nervios se tensaron / Tuve que escuchar, no tenía otra opción…”

Como buena parte de las letras de Gabriel, reflejan el imaginario de una mente prolija y una música sincrética. Admito que estas líneas las escribo más desde el recuerdo que de la visión de los tracks que lo conforman.

Here Comes The Flood” fue la primera. “Solsbury Hill” era sin duda muy atractiva pero más comercial para mis gustos de entonces. “Moribund The Brugermeister”, que ahora viene a mi memoria, sí era acertada para abrir este primer álbum. Guardaba vestigios de sus memorables caracterizaciones con el Génesis de The Lamb:

“Atrapado en el caos del mercado / No sé qué, no sé por qué, pero algo no iba bien allí / Sus cuerpos se retorcían y giraban en miles de maneras / Los ojos miraban hacia la distancia / Oh! Mira la multitud…”

Gabriel en algún momento flexionaba la voz dándole profundidad y dramatismo a este excelente tema. Su extensa tesitura se evidenciaba en versos como:

“¡Oh! Madre! Se devora mi alma…”, y más adelante cuando dice: “Me enteraré. Me enteraré”.  Un ejemplo del dominio vocal que llegó a ser su huella indeleble.

La bufa “Excuse Me” con su politonales voces y cierto humor “cheek-in-tongue” con rasgos de vaudeville se funde en la nostalgia de “Humdrum” (monotonía) donde también se evidencian rasgos de su pasado inmediato con Génesis en el uso de la flauta traversa justo en el momento que antecede al verso:

“Me parece que la televisión / Viene a hacerme una profunda incisión / En la monotonía”

El momento más agitado del álbum viene en “Slowburn”. En este lento ardor nos dice Gabriel:

“Somos caracterizadores de la Torre de Babel / Desconcertados, desgastados, indispuestos / Sentados a horcajadas del cable / Es difícil balancearse, un poco inestable”.




Al igual que “Modern Love”, “Slowburn” tiene esos rasgos ásperos del rock que Gabriel conjuga con frases sutiles al teclado o la guitarra eléctrica en este caso. Son esos breves matices lo que en mi opinión nos dejaron un grato recuerdo en este álbum.

Waiting For The Big One” es un coqueteo de Gabriel con el blues donde alude a la espera del gran momento. Ese gran momento que lo haría millonario en tiempos donde la frase de “Big One” o EL GRANDE se refería a ese terremoto cuya fuerza desprendería California del resto del continente.

Gabriel nos cuenta:

“Una vez fui crédito de mi tarjeta de crédito / Gasté lo que no tenía, no fue difícil / Sin confiar en el juicio ni el dinero / Algún día me veré como una abeja buscando miel / Pero mientras tanto / Me divertiré / Esperando el gran momento”.

Un coro cuasi celestial nos distrae por segundos de este dramático momento antes de concluir el tema. Y tras los breves surcos silenciosos que preceden a la siguiente  composición, una explosión de metales nos invade en el inicio de “Down The Dolce Vita” cuya lírica y exacerbado dramatismo, amén de la fuerza de la Orquesta Sinfónica de Londres, nos agobia:

“Ellos gritan y entonces nos vamos del puerto / En duda, ellos actúan con locura / Y el mar nos da la bienvenida / Si el infierno llega, seremos presa fácil / Intentando de encontrar la manera / Para hacerlo vivir”.




Si bien el título nos evoca el film de Fellini, Gabriel nos presenta a dos aventureros, Aeron y Gorham, quienes se lanzan al mar. Ellos serían parte de la historia de Mozo, extraño personaje que cambiaba la vida de las personas y que Gabriel usó posteriormente en temas como “On The Air”, “Red Rain” y “Exposure”, pero que en sus presentaciones nunca llegó a solidificar.

Peter Gabriel 1 sigue siendo una joya musical por sus variados temas y un sonido que daba sus primeros pasos con amplitud tonal asumiendo riesgos con tintes de jazz, blues y hard rock, entre otros elementos.

En aquellos tiempos, dada la salida del álbum The Lamb Lies Down On Broadway (1974), uno tal vez tenía la expectativa de un álbum conceptual y más ambicioso pero Gabriel optó por algo diferente.

Optó por contar nueve historias cuyo primer encuentro es la imagen de Gabriel captada por el lente de Peter Christopherson (de Throbbing Gristle, luego Coil). El resto… merece sacarlo del anaquel una vez más y dejarse llevar, no por la nostalgia, sino por la buena música.

Leonardo Bigott


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