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20 años de Lightbulb Sun: el lado más luminoso de Porcupine Tree

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lightbulb sun

El 22 de mayo de 2000 se publicó el sexto disco de la banda liderada por Steven Wilson, que junto al anterior, conforma la etapa melódica media

Porcupine Tree
Lightbulb Sun

 Snapper. 2000. Inglaterra

 
Han pasado poco más de tres décadas desde que se formó la increible banda inglesa Porcupine Tree. El geniecillo Steve Wilson la creó como un proyecto solista que fue cobrando forma a partir de Sky Moves Sideways en 1995 con Richard Barbieri en las teclas, Colin Edwin en el bajo y Chris Maitland en la batería.

Estos increíbles músicos se mantuvieron hasta la salida de Chris en 2002. siendo este su último trabajo con la banda. Su reemplazo fue un extraordinario baterista de nombre Gavin Harrison, resultando en un sobresaliente músico que en el tiempo logró poner pie en ese peligroso territorio llamado King Crimson y que comenzó con los discos In Absentia (2002)
Deadwing (2005)

La historia de Porcupine Tree inició con un sonido evocador de Pink Floyd. Es decir, una música llena de espacios que fue decantando hasta lograr un lenguaje rock bajo una postproducción envidiable que los fue llevando a las alturas, siempre con Wilson como la punta de lanza.

Su historia estilística está enmarcada según los sellos discográficos para los cuales habían grabado. Así, están “Los años Delirium”, “Los años Snapper”, “Los años Lava”…

El disco que festejamos con beneplácito pertenece al período con el sello Snapper (1998 – 2001), que dejó los dos discos centrales, Stupid Dream (1999) y Lightbulb Sun.

Lightbulb Sun es el sexto disco en estudio. Inicialmente, la banda nos atrae con acentos más melodiosos que en la segunda parte. Tal vez un ensayo, sin el total abandono de sus raíces, en el cual Porcupine Tree nos ofrece diez interesantes composiciones que inician con el tema título, una hermosa pieza que comienza con la guitarra acústica y Wilson cantando: “El sol es un bombillo, una vela es un dulce, ahora las cortinas están cerradas en mi pequeño retiro, y sólo tomaré medicinas si las tomo con un dulce, un líquido rosado enfermizo que me pone a dormir”.

Wilson pareciera adentrarnos a un viaje inducido por golosinas prohibidas. El discreto piano pronto se diluye en el abrupto cambio hacia un sonido más pesado, característica que ha estado orbitando en menor o mayor grado en Wilson en éste y otros proyectos como No-Man, Blackfield y como solista. Un excelente solo de guitarra es parte del atractivo de este tema.

Dos breves piezas continúan el set. “How Is Your Life Today” y “Four Chords That Made a Million”. “Las cartas apiladas en el pasillo, correo basura y recibos de los catálogos, los vecinos han adivinado porque  he cancelado la leche y no escuchan tu voz, ¿cómo es tu vida hoy?, una fría boca me besó las mejillas, mientras el taxi esperaba…”

El piano, como único acompañante, sirve de apoyo al hermoso juego vocal que recuerda a Crosby, Stills & Nash en “Wind on The Water”.

La segunda canción tiene un atractivo especial en la percusión y el texto en parte nos dice: “Seis de una media docena, guitarras negras y blues plástico, se ocultan tras un muro de nada, nada dicho y nada nuevo… cuatro acordes que hicieron un millón…” Acá hay uno de esos pasajes espaciales que son parte del seductor lenguaje de PT.

“Me han dejado atrás, como a todos los otros, algunos caen por ti, no hace mucha diferencia si lo hacen”, nos dice Wilson en una de sus estrofas en “Shesmovedon”  (ellasiguió).

La parte instrumental inicia con la seca batería marcando el ritmo. Una vez más el juego de voces vuelve a ser el atractivo de esta sencilla pero atractiva pieza dados sus cambios y la forma de combinar los sonidos que en algunos casos van sin retorno.

El solo de una sencilla guitarra distorsionada se va desarrollando sin pretensiones virtuosas. Es la palabra colocada en el punto correcto.

Luego, usando un lenguaje más “folky”, con la guitarra acústica, Wilson nos alerta en “Last Chance to Evacuate Planet Earth Before It Is Recycled” que es la “Última oportunidad para evacuar el planeta Tierra antes de ser reciclado.

La composición es el punto medio del disco “Si duermes conmigo puedes soñar y adormecerte, los minutos se convierten en horas… podemos trepar uno o dos árboles y ver caer el sol sobre nuestro pueblo adormecido…”

La diversidad de texturas en esta pieza la hace una de mis favoritas. Un incidental fragmento hablado también le añade un toque especial a este hermoso mid-tempo trance.

En el sexto track, PT retorna con un intro acústico en “The Rest Will Flow” (El resto fluirá) y que en parte dice, “Pretendía estar flotando fuertemente, pero me estaba hundiendo en aguas calmas… Ojos cerrados, todo el resto fluirá…

La hermosa sección de cuerdas de The Minerva String Quartet es uno de los momentos más memorables del disco donde Barbieri se hace sentir al órgano. Las voces espaciadas retornan en este gran tema.

Continúa el set con el bajo de Edwin abriendo la canción “Hatesong” combinando armónicos que luego acompañan Maitland y Wilson. “Esta es una canción de odio especialmente para ti, pensé escribirla mientras podía, espero que al escucharla querrás demandar”, poco a poco la canción se va tornando más pesada.

Wilson despliega buena parte del vocabulario guitarrístico de su estilo. Los cortes, con esos trazos psicodélicos, son espléndidos.

Luego, Steve abre “Where We Would Be”, nuevamente con la acústica para decirnos “Dónde estaremos cuando llegue el futuro. Presta atención al solo de guitarra.

La extensa “Russia On Ice” y “Feel So Low” culminan el excelente set. La primera, a lo largo de sus trece minutos nos relata: “Piensas que mereces esto, dijiste que era estúpido, todos mis pensamientos son como el carbón pero Rusia en el hielo está quemando un hoyo… no puedo dejar de beber, no puedo dejar de ser yo, ¿si llamo vendrás y me salvarás?”

El piano eléctrico inicia esta increible pieza que no deja de evocar a los 70. Maitland, matizando con los platillos, va entrando poco a poco y Wilson, una vez más con su voz, dramatiza esta extensa pieza donde las voces vuelven a entretejerse. La guitarra eléctrica es inicialmente apacible.

“Una gota en el océano, un significativo movimiento…”  nos dice Wilson. Edwin, vuelve al primer plano con el bajo y Wilson va tomando terreno con diversas texturas. A lo largo de esta pieza como en el resto del disco, apreciamos varios instrumentos: banjo, arpa, sintetizadores, dulcimer, sampleos de campana y melotrón, entre otros.

Ello representa mucho del concepto de nuestro festejado álbum y refleja también el gran interés de Steven Wilson por una sonoridad ecléctica.

“Mira cuanto puedo durar, puedes pretender que no existo para ti y puedo ahora reír, pero odié cada minuto, esperaba tu e-mail y cada día que olvidaste llamar, me hiciste sentir tan bajo, tan bajo…”,  Wilson nos llena de tristeza en este sencillo tema que pone el punto final de este gran trabajo discográfico que guarda entre sus gratos momentos la presencia de Stuart Gordon, violinista que muchos recordamos por acompañar al célebre Peter Hammill.

Hasta 2018, Wilson descartaba la posibilidad de un retorno de PT así que mientras los oscuros caminos del proyecto no se aclaran, disfrutemos este viaje de 20 años al pasado.

Leonardo Bigott