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Deadwing: gran salto de Porcupine Tree

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Porcupine Tree

A finales de marzo de 2005 fue publicado el octavo disco de la banda liderada por Steven Wilson, con un nuevo sello que ayudó a su exposición mundial

Porcupine Tree
Deadwing

Lava/Atlantic. 2005. Inglaterra

Dentro del rock progresivo surgido a finales del siglo 20, hubo pocas bandas que presentaron algo distinto a lo realizado en los años 70. Entre ese selecto grupo de agrupaciones con sonido distintivo, uno de los más atractivos nombres es el de Porcupine Tree.

Concebido a fines de los años 80 como el proyecto unipersonal del inquieto guitarrista británico Steven Wilson, no fue hasta el disco The Sky Moves Sideways (1995) cuando adquirió el formato de agrupación estable.

Con Richard Barbieri (sintetizadores), Colin Edwin (bajo) y Chris Maitland (batería), Porcupine Tree produjo un fenomenal disco influenciado a partes iguales por Pink Floyd, The Orb y Gong, el cual representó un punto de inflexión de grandes proporciones que incluso arrastró consigo al pequeño sello independiente Delerium Records.

Con cada nuevo disco el grupo fue ampliando su paleta sonora, dejándose seducir por arreglos vocales y de cuerdas heredados de The Beatles. Signify (1997), Stupid Dream (1999) y Lightbulb Sun (2000) conforman un período de gran creatividad, que aportó una buena dosis de canciones al repertorio en directo.




Con una creciente legión de fans, el salto de Porcupine Tree no se hizo esperar, por lo cual algunos sellos de mayor calado posaron su atención en la banda. Primero fue Snapper y luego Lava Records, una subsidiaria de Atlantic/Warner impulsó a la banda con determinación y mayor presupuesto.

Quizás por esta razón el grupo comenzó a permear el mercado norteamericano con el disco In Abstentia (2002), sumando a su propuesta guitarras de corte más “heavy”. Para entonces, se produjo el primer y único cambio significativo en la formación con la salida de Maitland y la entrada de Gavin Harrison, otro versátil baterista.

Tres años después P.T. regresó con Deadwing, un álbum en línea directa con In Absentia, pero con algunas significativas diferencias que incluyen la participación de Adrian Belew (King Crimson).

La primera pieza, “Deadwing” (con solo de Belew), es una de las que mejor define este disco, con densos riffs de guitarras que son arropados por las inigualables texturas creadas por Barbieri y una contundente base rítmica.

Sobre toda la instrumentación navega la voz de Wilson, unas veces áspera y otras, como es habitual, muy melódica.

Las guitarras y la base rítmica de espíritu hardrockero dominan “Shallow”, la que sin embargo intercala respiraderos melódicos como válvulas de escape. Es un tema dicotómico, con el cual, por supuesto, ganaron nuevo público.




El momento más sublime del disco lo encarna “Lazarus”, una sutil y exquisita pieza que desde la primera escucha penetra con gran libertad en nuestro espíritu. Es el tipo de temas con los cuales Wilson demuestra su sensibilidad más pop.

Halo” es otro de los puntos álgidos del álbum, dominado por pasajes de vocalización algo críptica intercalados con los más melódicos. Todo ello sobre una contundente base rítmica en la que domina el bajo y la participación de Belew.

La suite “Arriving Somewhere But Not Here” es una cósmica excursión hacia los confines más atractivos del rock progresivo y el space rock, reconfirmando la desbordante vitalidad de Wilson, Barbieri, Edwin y Harrison.

Es el tema central del disco, el cual en directo realzaba aún más su poder  Es uno de los tres temas con coros de Mikael Åkerfeldt (Opeth), siendo los otros «Lazarus» y «Deadwing»




Mellotron Scratch”, “Start of Something Beautiful” y “Glass Arm Shattering” poseen el sello característico de Porcupine Tree, con ambientes a medio camino entre la psicodelia pop, el progrock y la hipnótica languidez de Pink Floyd, mientras “Open Car” irrumpe como un geiser incontrolable.

Deadwing representó hace 15 años el reconocimiento masivo para Steven Wilson, que se había tardado en llegar. Dos discos más siguieron en la discografía de Porcupine Tree, antes que Wilson decidiera continuar su prolífica y celebrada carrera con su propio nombre.

Juan Carlos Ballesta


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