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Rush: Una Despedida Real, 40 años más tarde

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Rush

Rush
A Farewell To Kings
Anthem/Mercury. 1977. Canada

 

La historia del trío canadiense de rock que conforman el bajista, cantante y teclista Geddy Lee, el guitarrista Alex Lifeson y el baterista Neil Peart, es una de las más estables del estridente género. Sólo un par de cambios en casi cincuenta años: La salida de Jeff Jones quien ocupaba el centro de atención que hoy ostenta Geedy Lee, y la del baterista John Rutsey con la consecuente entrada de Neil Peart hacia 1974, cuando graban su homónimo primer disco. Aparte de éstos, Rush ha permanecido estoicamente como un sólido trío que se ha paseado por diversos subgéneros del rock siendo este álbum el primer paso hacia un sonido menos vertical y más profundo en una especie de aparente abandono de una música pesada influida por el blues, lo que solía ser la orden del día a finales de la década de los 60 y principios de los 70 para una buena parte de bandas alrededor del mundo.
Emergentes de Toronto, Ontario, las influencias de Rush hacia finales de los 70 yacían en bandas como King Crimson, Van Der Graaf Generator y Yes, lo cual se tradujo en composiciones de una mayor densidad bajo una dinámica mucho más arriesgada colmada de texturas y colores que tuvieron en A Farewell to Kings –Una despedida para reyes– su primer intento.

El álbum, editado el 1º de septiembre de 1977, comienza con el tema título e inicia con un intro de guitarra clásica de Lifeson, claro signo de cambio, al que se le suman el teclado de Lee y la percusión de Peart en el más puro lenguaje prog hasta casi unos diez segundos pasado el minuto, y es entonces cuando el trío se nos viene encima como lava volcánica. El bajo de Lee, poco más del minuto tres, nos recuerda a Chris Squire (†), un bajo corpulento, metálico y dinámico. He allí una de las influencias para entonces. También destaca el breve solo de Lifeson. En su aguda y ocasional tormentosa voz, Lee nos dice en sus versos: “Cuando pasan las páginas de la historia, cuando haya pasado mucho tiempo de estos días, ¿Nos leerán con tristeza? Alex cierra el tema nuevamente con la guitarra clásica. Sencilla en su planteamiento musical, “A Farewell to Kings” es atractiva y ciertamente prog con su intro y outro de guitarra clásica pero me atrevo a decir que ya en “The Fountain of Lanneth” del álbum Caress of Steel (1975) y el tema título en 2112 (1976) se vislumbraba un coqueteo con trabajos a gran escala. ¡Veinte minutos! El Close to the Edge (Yes – 1972) a la Rush.

El segundo tema es el primero de dos composiciones de esta producción discográfica que ligeramente rebasa los 10 minutos. “Xanadu”, cuyo inicio es una ambientación con el teclado, la guitarra y la percusión reminiscente, una vez más, a «Close to the Edge». La pieza se va desarrollando hasta alcanzar un sonido y volumen más claros en un extenso y hermoso pasaje instrumental de unos cinco minutos. La poesía de Peart nos relata en la voz de Lee: “Buscar el sagrado río Alph, caminar las cuevas de hielo, quebrantar mi ayuno en rocío de miel, y beber la leche del paraíso”. Lee nos lleva a idealizar ese lugar de idílica magnificencia y gran belleza. A mitad del tema Lee se hace de los teclados y junto a Peart desarrollan brevemente frases características de esa prolija década. A partir del minuto siete el trío acelera el tempo. Resulta atractivo como decanta nuevamente en la frase que le precede. Wakeman es otra notoria influencia. Lifeson nos ofrece un solo hacia el final de la pieza que culmina entre una cierta dulzura y una grandilocuencia que evoca a Tchaikovsky.

Los tres siguientes temas suman unos diez minutos. Esta tríada inicia con uno de los temas más hermosos en el repertorio de la banda “Closer to the Heart”: “Y los hombres que ostentan las cimas, deben ser quienes inicien, a moldear una nueva realidad, más cerca al corazón. Los hermosos arpegios y el efectivo solo de Lifeson y las campanadas de Peart resaltan aquí. El trío mantiene el temperamento medio en “Cinderella man” –hombre cenicienta– en la que Lee asume el rol letrista: “Ojos bien abiertos, corazón indefenso, inocencia inmaculada, hombre Cenicienta, haciendo lo que puede, ellos no logran entender, lo que significa”. Otra breve pieza de dos minutos y medio cierra la tríada. Es la hermosa “Madrigal” que con elementos que evocan los primeros años de Genesis, nos transporta al medioevo con sus seculares versos: “Cuando los dragones crecen demasiado poderosos, para matar con una pluma o espada, crezco harto de la guerra, y la tormenta hacia la cual camino, cuando todo en torno es una locura, y no hay puerto seguro a la vista, añoro dar la vuelta camino a casa, para estar un rato contigo”. Más allá del nombre y la draconiana imagen que nos asocia con tiempos medievales, renacentistas y barrocos, no existe musicalmente un elemento que nos ate a esa forma musical conocida bajo el mismo nombre.

El álbum concluye con “Cygnus X-1 Book I: The Voyage”, obra que a manera de suite se nos presenta en cuatro movimientos. La primera parte, “Prologue”, es una suerte de experimentación sonora cósmica que nos transporta al espacio exterior. Lee complementa con el recio y corpulento bajo, Peart le sigue y finalmente Lifeson. “En la constelación de Cygnus acecha una fuerza misteriosa e invisible, el Hoyo Negro de Cygnus X-1”. Y continua en la siguiente estrofa con: “Seis estrellas de La Cruz del Norte, de luto por la pérdida de su hermana, en un último destello de gloria, nunca más para agraciar la noche…”. Hacia el final Rush descarga toda su energía: “Sonido y furia, ahoga mi corazón, cada nervio está destruido”. La guitarra de Lifeson emerge tras el último verso de Lee.

Este primer intentó fue seguido por Hemispheres (1978) y Permanent waves (1980) pero, desde mi punto de vista, fue con Moving Pictures en 1981 que la banda alcanzaría su máximo esplendor y madurez musical en su intento por un sonido más progresivo.

A Farewell to Kings es mucho más que un grato recuerdo. Es también un referente importante en la discografía del grupo y una obra relevante dentro del género durante una época dorada que ya comenzaba a sucumbir ante el socialmente irreverente y musicalmente simple y directo punk rock.

Leonardo Bigott