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Songs of a Lost World: el arrollador retorno a la forma de The Cure

the cure - songs of a lost world

Después de una larga e inexplicable espera por un nuevo disco, Robert Smith nos ha regalado una tardía pero más que bienvenida obra maestra

The Cure
Songs of a Lost World

Fiction / Universal. 2024. Inglaterra

 
Dieciséis años son demasiados para la historia de cualquier banda o músico. Es el doble de lo que le tomó a los Beatles construir toda su carrera, aunque haya sido en otra realidad muy distinta. Es tres años más del tiempo que le tomó justamente al protagonista de esta historia, Robert Smith con The Cure, concebir la médula de su propuesta, nueve discos de estudio entre 1979 y 1992.

Songs of a Lost World es un auténtico milagro, un hecho poco común en la música popular, no exactamente por el retorno discográfico en sí, sino porque se trata de un regreso de altísimo nivel, quizá insospechado dado el nivel estándar de sus últimos ofrecimientos. Es un retorno que se ha producido a fuego lento.

Songs of a Lost World debió haber visto la luz en 2019 cuando Smith reveló en una entrevista que habían grabado 19 canciones en el mismo estudio en el que Queen grabó “Bohemian Rapsody” (Rockfield en Gales). Ese año salieron de gira, tocando principalmente en festivales y nada más se supo del disco nuevo.

En agosto de 2021 se creó una algarabía en internet tras el anuncio del bajista Simon Gallup en que afirmaba que abandonaba The Cure. Las cuentas oficiales de la banda nada dijeron. Gallup borró el mensaje de sus redes y en octubre dijo que aún seguía en The Cure.

Smith por su parte, declaró que habia dos discos grabados pero aún no estaban mezclados, que uno era muy pesimista y lleno de desesperación, y el otro menos opresivo.




En 2022 Smith anunció el nombre del primero de los discos y dijo que sería publicado antes de la gira otoñal, lo cual no pasó, aunque dejó colar varios temas en aquel tour bautizado “Shows of a Lost World”, para el cual regresó a la banda el guitarrista Perry Bamonte. Un nuevo tour con el mismo nombre se produjo en 2023 y el disco brillaba por su ausencia.

La sucesión de anuncios incumplidos prosiguió en 2024, cuando tampoco se editó en las fechas previstas y hubo que esperar hasta el 1 de noviembre, ya con dos singles rodando. Pocos saben a ciencia cierta porqué pasó tanto tiempo.

La fotografía que estamos viendo ahora y la que veremos en 2025 fueron tomadas en 2019, con una formación que incluye a Roger O’Donnell en teclados, Jason Cooper en batería, Reeves Gabrels en guitarras, Simon Gallup en el bajo y Robert Smith en voz, guitarras, teclados, bajo de seis cuerdas, composición de todos los temas, arreglos, producción, mezcla y concepto de portada.

El impacto de Songs of a Lost World fue inmediato y apenas dos meses de 2024 se convirtió en uno los discos claves y mejor recibidos del año. Desde Wish (1992) un disco de The Cure no escalaba tan rápidamente en las listas.

Desde el mismo inicio con “Alone” -escogido como primer single- se intuye que estamos frente a un documento personal de grandes proporciones. El segmento inicial del tema es apabullante, con protagonismo de los teclados -con un sonido que bien pudiera ser un Mellotron.

El aire melancólico nos arropa de entrada, y la entrada de la voz de Smith lo reafirma: “Este es el final de cada canción que cantamos / El fuego se convirtió en cenizas, y las estrellas se oscurecieron con lágrimas / Fríos y asustados, los fantasmas de todo lo que hemos sido / Brindamos con restos amargos, por nuestro vacío /  Y los pájaros cayendo de nuestros cielos / Y las palabras cayendo de nuestras mentes / Y aquí está el amor, por todo el amor / Cayendo de nuestras vidas / Las esperanzas y los sueños se han ido / El final de cada canción

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And Nothing is Forever” comienza con un largo intro dominado por capas otoñales de teclados. Casi a los tres minutos, Smith comienza a cantar y la tristeza se apodera del universo.

La pieza de casi siete minutos es una obra maestra y su título da pistas, pero a la vez confunde. Nada es para siempre. Nada dura por siempre. ¿A quien le habla Smith? ¿Se refiere a una relación afectiva? ¿Es acaso una metáfora sobre su proyecto de vida?

Un piano repetitivo da entrada a “A Fragile Thing”, y rápidamente se une la base rítmica. Un ritmo de batería algo ágil hace pensar que la pieza posee algún resquicio de luz, y ciertamente a medida que avanza el tema se percibe a Smith cantando con menos opresión y los teclados de O’Donnell con timbres más brillantes.

Las guitarras tienen un corto pero sobresaliente protagonismo.

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La canción más corta del disco es “Warsong”, con poco más de cuatro minutos. Está envuelto en una atmósfera densa, opresiva. De nuevo Smith da oxigeno a la instrumentación, en este caso a las guitarras envueltas en distorsión que crean una especie de incendio sonoro.

Pasada la mitad del tema, surge la voz para cantarnos: “Oh, es la miseria la forma en que luchamos / Por fines amargos desgarramos la noche en dos / Quiero tu muerte, tú quieres mi vida / Nos decimos mentiras para ocultar la verdad / Y nos odiamos por todo lo que hacemos / La vergüenza, el orgullo herido, la ira vengativa que arde en lo más profundo / Veneno en nuestra sangre / Y dolor, sueños rotos, esperanzas tristes / Por todo lo que podríamos haber sido, todos incomprendidos


Continua “Drone:Nodrone”, la cual desde el comienzo da protagonismo a un impresionante bajo distorsionado y abrasivo de Gallup sobre el que cabalga la batería de Cooper, teclados y la voz de Smith, con una inusual cadencia animada para sus estándares.

Las guitarras con wah wah se desbordan por momentos, haciendo de este tema uno de los más cercanos al concepto de “wall of sound”




El piano inicia y conduce “I Can Never Say Goodbye”, pero la sección rítmica se encarga de retar a la gentil sonoridad de O’Donnell que amenazaba con presentarnos a un The Cure edulcorado, pero lo que surge es una letra de sombrío romanticismo:

Truenos que se acercan para ahogarnos / Luna de noviembre bajo una fría lluvia negra / Mientras los relámpagos parten el cielo / Susurro su nombre / Tiene que despertar / El amor se está desvaneciendo / Escucha las campanas más allá del mar / Es casi demasiado tarde

En “All I Ever Am” aceleran levemente el tempo y Smith vuelve a lucir nostálgico del pasado. El clásico sonido del bajo ochentero se deja colar, junto a unas guitarras distintivas. Es el The Cure más uptempo que se pueda tener.

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Y entonces emerge la épica “Endsong”, con su ritmo de batería en espiral, con Cooper casi como el genial Budgie en cámara lenta. Las capas de teclados vuelven a desparramarse para crear una atmósfera bucólica, mientras las guitarras navegan con cierta timidez sobre el océano de languidez.

Al minuto dos y medio aumenta la tensión con mas guitarras, y durante seis minutos la pieza nos va envolviendo, hasta que hace aparición la voz de Smith para confesarnos su disconformidad y tristeza en un tono confesional descarnado:

Y estoy afuera en la oscuridad / Mirando fijamente la luna roja como la sangre / Recordando las esperanzas y los sueños que tenía / Y todo lo que tenía que hacer / Y preguntándome qué fue de ese chico / Y del mundo que él llamaba suyo / Estoy afuera en la oscuridad / Preguntándome cómo me hice tan viejo / Todo se ha ido, todo se ha ido / No queda nada de todo lo que amaba / Todo se siente mal / Todo se ha ido, todo se ha ido, todo se ha ido / Sin esperanzas, sin sueños, sin mundo / No, yo, yo no pertenezco / No, yo no pertenezco aquí




Songs of a Lost World es un disco oscuro, sombrío, existencial, pero por razones inexplicables logra por igual conmovernos y contentarnos. Quizá es porque ya no esperábamos ninguna otra obra maestra de The Cure y nos habíamos quedado prendados a sus discos de los 80 a los que acudimos cada vez que necesitamos veneno existencial y sumergirnos en los intrincados vericuetos del alma humana.

Mas de 45 años después de la casi cándida irrupción con Three Imaginary Boys (1979) y de 35 años después del fin de la seguidilla de obras cumbres de la oscuridad post punk y sus tenues ventanas de luz (Seventeen Seconds, 1980; Faith, 1981; Pornography,1982; The Top, 1984; The Head on the Door, 1985; Kiss Me Kiss Me Kiss Me, 1987; Disintegration, 1989), con el mundo envuelto en todo tipo de conflictos, llegan estas canciones para un mundo perdido para aportarnos una buena dosis de melancólica alegría.

Juan Carlos Ballesta


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