La agrupación italiana liderada por el vocalista Simone Rossetti se atrevió a recrear el surreal relato de Peter Gabriel que dio vida al último de sus discos con Genesis en 1974.
The Watch
The Lamb Lies Down on Broadway 50th Anniversary Tour
Concierto en La Sala de Movistar Arena, Madrid
(Noviembre 8, 2025)
No es descabellado afirmar que la mayor parte -o quizá el 100%- de los presentes en esta ineludible cita para cualquier fanático de Genesis durante la era con Peter Gabriel nunca pudo ver en directo el montaje de The Lamb Lies Down on Broadway en aquella gira comenzada el 20 de noviembre de 1974 en Chicago y finalizada seis meses después, el 22 de mayo de 1975, en Bezansón, Francia.
De ello han pasado más de 50 años y la adoración por aquel período sigue intacta en dos generaciones que vivieron la década de oro de Genesis y el rock progresivo, y en otras sucesivas que han sentido interés en esa etapa única. Aunque había seguidores de reciente cuño, la mayoría presente en La Sala pasaba de los 50 años, y quizá por ello el lugar ideal hubiera sido un teatro con butacas.
A pesar de eso, el público disfrutó a plenitud de un concierto realmente notable, gracias a la calidad de los cinco músicos que conforman a esta banda afincada en Milan, Italia, que no solo se dedica a recrear a Genesis sin que tiene una discografía con música propia.
Son ellos actualmente: Simone Rossetti (voz principal, flauta), Valerio De Vittorio (órgano, piano, sintetizadores, Mellotron, guitarra acústica, coros), Mattia Rossetti (bajo, guitarras de 12 cuerdas (eléctrica y acústica, pedal Moog Taurus, coros), Andrea Giustiniani (guitarra eléctrica, guitarra de 12 cuerdas acústica) y Francesco Vaccarezza (batería, coros).
El concierto fue dividido en dos sets, alineados con cada disco de The Lamb. El show no tiene las características teatrales de, por ejemplo, la banda canadiense The Musical Box (leer crónica aquí), que recrea absolutamente cada detalle de los conciertos originales (vestuario, puesta en escena, iluminación, monólogos de Gabriel, instrumentos, etc).
En cambio, The Watch proyecta ilustraciones y collages alusivos -en versión libre pero muy adecuadas- en buena parte de los temas, además de interpretar con bastante fidelidad las composiciones tal como fueron concebidas.


Evidentemente, la voz de Rossetti se lleva las palmas, con un parecido a Gabriel notable en todo, inflexiones y timbre, además del mérito de cantar las letras completas sin ningún tipo de ayuda y tocar la flauta en ciertos momentos. Rosetti articula los pasajes dramáticos de Gabriel, sin recurrir a imitación caricaturesca, sino a recreación respetuosa.
Además, Rossetti incorpora breves fragmentos narrativos entre canciones para introducir al público en la historia del álbum, la travesía del personaje Rael por una versión simbólica de Nueva York (Broadway), y para ayudar a seguir la trama.
No es tarea fácil interpretar The Lamb Lies Down on Broadway, un doble álbum conceptual con cierta estructura de ópera rock, con gran variedad de texturas, atmósferas cambiantes, partes instrumentales extensas y letras simbólicas. Reproducirlo al completo requiere precisión en los pasajes instrumentales complejos, fidelidad sonora para trasladar la ambientación original, energía y stamina para mantener el espectáculo durante la duración de dos discos y desarrollo narrativo para que el público entienda la trama (no sólo los que ya conocen el álbum, que eran la mayoría).
Instrumentalmente es muy destacable el trabajo de Mattia Rossetti en el rol de Mike Rutherford, intercambiando bajo con la clásica doble mástil, así como Andrea Giustiniani en el rol de Steve Hackett, con un sonido muy parecido al original. El caso de Valerio De Vittorio es destacable, puesto que pudo abarcar el brillante trabajo de Tony Banks en solos de sintetizador, Mellotron y órgano, sino que también reprodujo los pasajes experimentales (enosifications) cortesía originalmente de Brian Eno.
Mención aparte merece el baterista Francesco Vaccarezza, quien fue el que pareció tener más libertad al no necesariamente calcar cada redoble de Phil Collins, así como tampoco asumir una sonoridad en los cueros de redoblante y tambores como la que distingue a Collins.
En “The Musical Box” (tocada en el encore) tuvo plena libertad en los pasajes instrumentales, con un estilo cercano al prog metal. No criticable del todo que esto haya sido así, aunque el sonido distintivo de Collins es parte consustancial de Genesis y reemplazarlo puede no ser la mejor idea.

No obstante esta observación, Vaccarezza demostró ser un fantástico baterista -además de segunda voz- lo que se puso de manifiesto especialmente en los pasajes rítmicamente más complejos del disco, varios de ellos en la segunda parte, que contiene mayor cantidad de segmentos instrumentales.
El concierto comenzó puntual, con el tema título abriendo fuegos con imágenes icónicas de NY de la época, incluida la vista de Manhattan que para el momento de lanzamiento del disco estrenaba las Twin Towers del World Trade Center.
Y así se fueron sucediendo en el mismo orden original todos los temas. “Fly on a Windshield”, “Broadway Melody of 1974”, “Cuckoo Coccon” -la primera con la que el público se atrevió a cantar-, la siempre intensa “In The Cage”, “The Grand Parade of Lifeless Packaging”, “Back in N.Y.C.”, la sensible “Hairless Heart”, la pegadiza “Counting Out Time”, la clásica balada atemporal “Carpet Crawlers” -cantada a plenitud por todos, incluidas algunas lágrimas- y la maravillosa “The Chamber of 32 Doors”.
Tras un breve intermedio la banda regresó para interpretar el segundo disco de The Lamb, que disfrutado en vivo permite establecer algunas diferencias notables con la primera parte.

“Lilywhite Lilith” abre fuegos con notable uso del Mellotron y una base rítmica sólida, dando paso a “The Waiting Room”, cuyos primeros tres minutos representan uno de los segmentos más experimentales del disco, recordando al Pink Floyd de Ummagumma. Los dos minutos finales permiten lucirse a toda la banda, en especial a De Vittorio en el sintetizador.
La pieza desemboca en el exquisito piano que introduce “Anyway” y Simone regresa al escenario para deleitarnos, siguiendo con “Here Comes The Supernatural Anaesthetist”, en el que Giustiniani ejerce magistralmente de Hackett en el largo segmento instrumental.
Y entonces surge uno de los momentos más gloriosos: “The Lamia”, quizá uno de los temas de The Lamb que establece vínculos con Selling England By The Pound (1973) y que es seguido por la melancolía instrumental de “Silent Sorrow In Empty Boats” que pudiera recordar los momentos más pastorales de Yes
“The Colony of Slippermen” comienza con otra de las incursiones experimentales que algunos fans tildaron de innecesarias, pero que en mi opinión aportan un componente surreal necesario para la alucinada historia. Al segundo minuto la pieza toma su forma definitiva y se convierte en uno de los momentos centrales de la obra, con la voz desdoblándose entre lo siniestro y lo angustioso. Magistral la interpretación de Simone y la banda en pleno.
La pieza se desvanece para dar paso a “Ravine”, un momento instrumental fantasmal que da paso a la nostálgica “The Light Dies Down on Broadway”, la cual se funde con “Riding the Scree”, momentazo para De Vittorio en el sintetizador.
El tramo final con “In the Rapids” e “It” fue sencillamente perfecto, de nuevo con sintetizador y guitarra estableciendo un diálogo memorable.

Si The Watch hubiera terminado aquí el concierto y no hubiera ofrecido un encore, hubiera sido suficiente. The Lamb es un disco intenso que requiere de todos nuestros sentidos, además de contener narraciones de la historia en algunas partes. Todos quedamos agradecidos y emocionados.
Pero, claro, la necesidad siempre imperiosa de escuchar más Genesis de los 70 pudo con el público y la banda. Así que el bonus fue un extra de emociones ya que “I Know What I Like (In Your Wardrobe)” fue coreado de principio a fin y el cierre épico con “The Musical Box” terminó de lanzarnos al abismo de haber vivido toda nuestra vida amando al Genesis con Peter Gabriel, desaparecido hace 50 años, y que por tanto nunca vimos.
Gracias a The Watch por la gesta de recrear con altura y emoción esta magna obra del siglo 20.
Juan Carlos Ballesta



