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Una noche en alfombra voladora con Temples y Quentin Gas

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Temples

Temples + Quentin Gas y Los Zíngaros
Tomavistas Ciudad
Sala La Riviera

(Marzo 14, 2019)

 

Uno de los conciertos más esperados del primer trimestre de 2019 en Madrid era sin duda el del la agrupación inglesa Temples, que con apenas dos discos es ya una banda de sonido sólido. La adición de la agrupación sevillana Quentin Gas y Los Zíngaros fue una decisión muy acertada para cerrar esta temporada de Tomavistas Ciudad, la serie de conciertos en salas que precede al Festival Tomavistas de mayo, que este año tiene un cartel fabuloso.

El vuelo cósmico flamenco de Quentin Gas

Pasadas las 8:30 los sintetizadores de Bronquío anunciaban el comienzo del performance del proyecto liderado por el guitarrita, cantante y compositor Quintín Vargas –con una adecuada camiseta con la frase “Everybody Should Be Flamenco” (Todo el mundo debería ser flamenco)-, al cual hemos podido disfrutar varias veces en directo en el período de un año. Al repertorio de Caravana (2017), que promocionaban cuando los descubrimos en directo en la Sala Berlanga y los Conciertos de Radio3, se ha sumado otro disco, Sinfonía Universal Vol 1, sin duda uno de los mejores publicados en España durante 2018.

El repertorio, por tanto, estuvo basado en esos dos trabajos que escarban en el rico universo flamenco y en el rock psicodélico, aunque con algunas diferencias entre sí. Como ya intuíamos cuando estrenaron el nuevo disco en Sala El Sol, los meses transcurridos han servido para asentar y madurar los temas recientes, a lo cual por supuesto ayudó el sonido y demás condiciones técnicas de La Riviera.

Comenzaron con “Brahaspati”, con el recinto no demasiado lleno. Muchos de los presentes no tenían mucha idea de lo que comenzaba a sonar, pero no pasaron dos minutos para captar su atención, gracias a esa introducción envolvente que se transforma en un magnífico space rock andaluz. La sorpresa entre muchos era evidente. Habían ido a ver a Temples pero descubrían a una increíble banda que tienen muy cerca. Siguieron con otro tema del reciente disco, “Ravi”, intensidad psicodélica y progresiva que nos retrotrae a Imán Califato Independiente a finales de los años 70, época en el que el flamenco rompió paradigmas fusionándose con el rock.

El gran clásico de la aun corta discografía de Quentin Gas es, sin duda, “Desserto Rosso” que en el disco Caravana cuenta con la participación de Niño de Elche. Quintín suelta aquí todos sus genes (hijo de la bailaora Concha Vargas), se retuerce, juega con su guitarra, reparte quejíos, corre por el escenario, brinca…estira la canción y da rienda suelta a la banda para experimentar y crear ambientaciones delirantes como hacía Daevid Allen con Gong en los 70. Diez minutos de delirio flamenco cósmico que derivan en una versión extendida de “IO”, la punta de lanza de Sinfonía Universal, tema conducido por un sintetizador de baja frecuencia y una base rítmica contundente liderada por el baterista Jorge Mesa.

En “Shani”, Quintín repite la frase “mira que me estoy muriendo… mira que yo me muero… mira que me voy a morir”, como si fuera un mantra, al final de la cual se acercó al borde del escenario para cantar sin micrófono. Terminaron con la inefable “Mala puñalá”, transformada en una especie de techno rock flamenco gracias principalmente al sintetizador, que puso a todos a bailar un híbrido de flamenco y rave electrónica. Quintín, ya en trance, terminó cargando la pedalera de su guitarra de nuevo al borde de la tarima, haciendo efectos que recordaban a los que hacía Keith Emerson, estirando al máximo el cable hasta el punto de casi provocar un desastre con él amplificador del cual ni se enteró. Fue un final apoteósico que dejo flipando a todos. Para nosotros, la mejor de todas las presentaciones de Quentin Gas & Los Zíngaros a la que hemos asistido. Quedó claro que ganaron nuevos fans.

Temples: de la psicodelia al glam

Se cumplen cinco años de la publicación de Sun Structures (2014), el álbum debut que puso al cuarteto inglés en el mapa de la psicodelia pop en tiempo record. Tres años después lanzaron Volcano (2017), un fantástico trabajo de perspectivas más amplias. Aun es un abanico de opciones limitado en cantidad pero sustancioso en calidad.

Así, aparecieron frente a nosotros el cantante y guitarrista James Baghaw, el bajista Tom Walmsley y el teclista y guitarrista rítmico Adam Smith, trío que conforma el núcleo actual de la banda tras el retiro del baterista original Samuel Toms, rol del que ahora se encarga Rens Ottink. De inmediato nos soltaron la trepidante “Sun Structures”, que da nombre al disco debut, una pieza de aroma sesentero con elementos progresivos.

Tras el “hola Madrid”, arrancaron con la eufórica “Certainty”, que abre el segundo disco con cierto aroma a The Flaming Lips y Mercury Rev, un parecido que viene dado no solo por la música sino por el timbre vocal de Baghaw, cuyas referencias también alcanzan a Marc Bolan y T.Rex, al que incluso físicamente recuerda en algo. Estéticamente el grupo se encuentra a medio camino entre la era psicodélica de finales de los 60 y los primeros 70 cuando convivieron el rock progresivo, el glam y el hard rock, cada uno de los cuales pincela su imagen y música. Mientras Walmsley se viste en la onda glam, el peinado de Ottink podría recordar a Keith Emerson y el de Smith a John Deacon (Queen).

“Es bueno estar de regreso en Madrid”, fueron las siguientes palabras, a partir de las cuales nos regalaron varios temas estupendos como “Holy Horses”, la más pop “Colours to Life” y la épica “Oh! The Saviour”. Uno de los temas más sesenteros es “The Golden Throne”, que podría recordar a The Zombies en su última etapa con Odessey and Oracle, con un trabajo de teclados fantástico.

Llegó entonces el boogie blues “Keep in the Dark”, en el que, por supuesto, el recuerdo de Marc Bolan es innegable. Es aquí donde se aprecian en su justa dimensión las armonías vocales de Walmsley y Smith, que refuerza la voz de Baghaw. Es uno de los temas más pegadizos, el cual fue seguido por “Love with the Season”, que nos hizo recordar la cristalina voz de Roger Hogdson y las joyas que compuso para Supertramp, a la que solo faltó el Fender Rhodes.

La intensidad subió con “Ankh”, lado B del single de 2013 que encabezó “Colours to Life”, tema con una gran línea de bajo y en el que los gloriosos teclados la acercan a Tame Impala y los Flaming Lips. Otra maravilla fue “Mesmerise” con sus armonías vocales y gran guitarra que en este caso recuerdan en algo a la primera etapa de Yes, enfatizado por el gran crescendo instrumental en la segunda mitad del tema. Luego de la apoteosis nos regalaron la melodiosa “Strange” y luego la bailable y contagiosa “Open Air”, con la que se despidieron por vez primera.

Todavía nos reservaban dos temazos. Primero “Question”, con las palmas y coros característicos que serpentean entre los ramalazos de guitarra, y por último la beatleliana “Shelter Song”, con una guitarra muy harrisoniana.

Si una cosa nos demostró Temples es su capacidad para absorber lo mejor de la psicodelia, el glam, el art rock y progrock, sin ubicarse exactamente en ningún estilo particular. Aun es una banda joven con mucho por construir.

Juan Carlos Ballesta